Arte

Publicado el viernes, 29 de julio del 2022 a las 04:15
Ciudad de México.- Antes de que Francisco Haghenbeck falleciera publicó su última novela: Sangre Helada, un relato de terror en el que los nazis se encontraban con el terror prehispánico. Pero en medio de ello, se encontraba trabajando en Morir Matando, libro que ha sido publicado de forma póstuma por la editorial Océano, y en el que el autor mexicano –reconocido por sus historias de fantasía, principalmente–, mira el abismo del terror real de su país: la violencia.
Para el autor, este historia es una que está “llena de referencias y situaciones de nuestra realidad política y cotidiana. Siempre he dicho que me siento incapaz de comprender mi hoy, que me siento más a gusto en el pasado. Pero la realidad me alcanzó y debía hablar sobre ella, sobre este país que naie entiende, pero del que todos opinan”, según apunta en la nota al final de la novela.
Así, Morir Matando cuenta la historia de un sicario que se enfrenta a una crisis de moral cuando se encuentra a una niña, a quien debe llevar a la frontera para mantenerla a salvo. La dupla recuerda, claro, a The Mandalorian, con Djin Djarin y Grogu el “baby Yoda”, también a Michal O’Sullivan y su hijo, protagonistas del cómic Camino a la Perdición, de Max Allan Collins y Richard Piers Rayner –que tendría una adaptación fílmica en 2000, dirigida por Sam Mendes–, pero sobre todo es un homenaje al mangaka Kazuo Koike, autor de El Lobo Solitario y su Cachorro, uno de los mangas más influyentes de la historia, y el cual le dio el motivo para narrar la historia de violencia, sangre, balas y acción que ahora llega a las librerías.

Para Pablo Martínez, editor en jefe de Océano, “esta es una novela un poco atípica con respecto a otros libros de Haghenbeck, porque es un thriller realista que puede tener momentos un poco rayanos en lo absurdo, pero que se inspira mucho en la realidad de México, aunque eso no haya sido lo más común en su narrativa. Él se acercaba a otros géneros y podía hacer, por ejemplo, novela negra pero que no se inspirara en el México actual sino con tinte histórico o elementos de terror o de otros géneros de la imaginación, porque tenía novelas en los que podía hablar de dioses o demonios que andaban en nuestro territorio.
“ Por eso cuando llegaba hablar de nuestra realidad lo hacía de forma más bien metafórica, utilizando estos seres de la imaginación u otras épocas históricas. Él mismo en la nota final de esta novela habla de esa dificultad y del tiempo que le llevó terminarla, porque no se sentía tan a sus anchas en esta realidad”, comentó a Zócalo en entrevista.
Ante el terror
Al igual que en las historias ya mencionadas, la figura de un hombre perdido en el mundo de la adultez y las batallas diarias se contraponen con la visión fresca de la infancia, Martínez señala que la visión de la inocencia ante el dolor y la violencia es el verdadero tema de Morir Matando.
Para el editor “una de las preguntas clave que aparecen en el juntar un sicario y a una niña es la de la inocencia de los niños. Lo que parece plantear Haghenbeck es una dicotomía que no tiene solución, porque dice que si los niños están ya en medio de la violencia, entonces qué hacemos. ¿Podemos tratar de protegerlos totalmente de la situación y dejarlos indefensos y fuera de su realidad o, por el contrario, les damos elementos para que se defiendan y acabamos con su inocencia de la peor manera posible? Entonces creo que ese tema de la inocencia perdida en una sociedad corrupta es el tema más fuerte de la novela”, señaló.
Autor de novelas como Dioses Menores, El Diablo me Obligó –adaptada por Netflix en la serie Diablero–, Matemáticas para las Hadas o la trilogía Trago Amargo, Un Puñado de Balas y El Caso Tequila, Haghenbeck siempre destacó por esa búsqueda de la imaginción dentro del desastre.
La posibilidad de hablar de este mundo sin mencionarlo directamente, de contar de forma periférica lo que observaba de frente. Es por eso que este “es un libro amargo con una visión bastante oscura del país, y aunque Haghenbeck siempre quiso tener unos rasgos de esperanza creo que una realidad tan difícil se intrincaba en la escritura de la novela que terminó con una visión bastante oscura porque lo que hizo fue retratar ciertos círculos a donde ha llegado la corrupción: políticos corruptos, policías corruptos, periodistas corruptos, y hasta un novelista que escribe novelas sobre la violencia y que por ello termina desentendido de la realidad”, concluyó Martínez.
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