Arte

Publicado el lunes, 28 de noviembre del 2022 a las 03:33
Ciudad de México.- Este año el Festival de Letras Europeas de la FIL es un verdadero monumento a la mezcla de identidades: la autora que representa a España, Cara Obligado, nació en Buenos Aires, pero en 1976 se exilió en Madrid, donde reside desde entonces; Olga Grjasnowa representa a Azerbaiyán, pero vive en Alemania desde 1996, y el autor que representa a Francia, donde vive actualmente, Mohamed Mbougar Sarr, nació en Senegal en 1990.
Este es el caso de Ioana Gruia, poeta y narradora que representa a Rumania este año, el país en el que nació en un barrio gitano de Bucarest.
Ioana sin embargo vive en España desde hace muchos años, donde llegó siendo una joven estudiante a la Universidad de Granada.
Desde entonces estudia a las mujeres a su alrededor, a las mujeres de su infancia rumana y su propia transformación a través de los años, los amores, los jardines y en general las experiencias que atraviesan los cuerpos feminizados, la materia de la que están compuestos sus libros.
“ Me interesa construir literariamente figuraciones poéticas femeninas y personajes femeninos complejos, ambivalentes que apuesten por la razón pero que conocen el fracaso, hablar de la alegría y el rechazo”, explica la autora.
“ Me encanta mirar a la gente, fijarme en los gestos de las personas, en la expresión corporal, porque el cuerpo no miente y en cómo hemos cambiado con el tiempo. La crispación de los labios, la forma de agarrar una taza, cómo se revela la frustración. Ese momento terrible en el que nos damos cuenta de que hay cosas sin remedio”.
Así escribió su libro de relatos Las Mujeres de Hopper, publicado en España apenas este año, inspirado en la obra del pintor estadounidense Edward Hopper, en el que relata historias de mujeres que descubren aspectos desconocidos en sus propias vidas.
“ Estas mujeres están siempre esperando que les suceda algo extraordinario, pero a la vez son mujeres envueltas en un halo de soledad, poderosas y frágiles. Me interesa ese vínculo entre la fragilidad y la lucidez, creo que los seres humanos somos frágiles y vulnerables, esta vulnerabilidad puede resultar en una forma de cuidarnos los unos a los otros”, explica la autora.
En ese, como en buena parte de sus libros como Carrusel (2016), El Sol en la Fruta (Renacimiento, 2011, premio Andalucía Joven de Poesía) y las novelas El Expediente Albertina (Espasa/Castalia, 2016, premio Tiflos) y La Vendedora de Tiempo (Espuela de Plata, 2013), los personajes reivindican su propia personalidad y deciden de una forma u otra no renunciar al deseo, no conformarse con la pasividad.
En el libro de poemas La Luz que Enciende el Cuerpo, publicado en 2021, por ejemplo, la autora quería reivindicar un deseo y una pasión intensa, una sentimentalidad arrebatada con el equilibrio de la razón.
“ Son los temas que a mí me habitan: el amor, la infancia, la maternidad ahora, pero en ese libro añado algo que es importante para mí, quería reflexionar sobre las relaciones entre el amor y la inteligencia, entre el amor y la lucidez. Esa asociación a la gente le provoca una reacción visceral inmediata pero creo que sobre todo para las mujeres el amor y la lucidez son muy importantes, es importante verlas juntas”.
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