Saltillo

Publicado el martes, 9 de mayo del 2023 a las 03:57
Saltillo, Coah.- Mayra Vargas tuvo cinco hijos, a todos entregó su amor, pero para el más pequeño, Eren Gerard, tuvo que convertirse en una madre extraordinaria, un ángel que estuvo a su lado en un viacrucis de dos años, que incluyó la búsqueda de donante de hígado, 11 cirugías, entre ellas dos trasplantes y una en la cabeza, un contagio de Covid-19 y un mes aislada en el hospital junto al bebé.
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Está uno con todo el equipo y no tiene, no ves a nadie, solamente por videollamada, pero pues sí era muy difícil porque estás aislado completamente, pero pues yo decía que sí valía la pena, todo siempre valió la pena. Llega el momento en que te asomabas desde el onceavo piso y te asomabas hasta abajo y veías que la gente estaba allí, pero tú no tenías a nadie, sólo veías a una enfermera y al bebé”.
En abril de 2021, cuando su hijo tenía 5 meses, le diagnosticaron cirrosis hepática y le dieron tres meses de vida, por lo que se dio a la tarea de reunir un millón de pesos para costear el trasplante de hígado.
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Sentí que el mundo se me cayó encima porque nos dijeron que si en tres meses no recibía él el trasplante iba a morir”.
La cantidad era imposible de reunir, pero pudieron afiliarlo al Seguro Social, se hizo estudios para donar ella misma el órgano que necesitaba su bebé, pero no era compatible. Así vio cómo el cuerpecito de su hijo se tornó amarillo, se inflamó de su estómago e incluso sangraba.
Vive viacrucis
La cruzada por la salud de su pequeño duró dos largos años, en los que contra toda esperanza, la señora Mayra se mantuvo estoica pese a los golpes de la desgracia, paciente, aunque era una carrera contrarreloj y valiente pese al riesgo de perder a su tesoro.
El momento más duro fue cuando el primer trasplante no funcionó y con la emergencia se tenía que conseguir un nuevo donante en cuestión de horas.
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Yo llegué a pensar y a decir que a lo mejor el amor que yo le tenía era egoísta, porque yo lo quería tener conmigo, pero él estaba sufriendo, entonces dije, pues si ya no es la voluntad de Dios que él esté aquí, pues yo ahora sí con todo el dolor de mi corazón se lo entrego a Dios”.
Confió en Dios
Ella pasó tres meses con su hijo viviendo en la Clínica 25 del IMSS en Monterrey, allí extrañó a sus otros hijos de 14, 11, 9 y 7 años, sufrió en soledad y confió en Dios. Al final el niño se convirtió en un milagro.
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Ahora digo que todo el sufrimiento, todas las desveladas, el cansancio y cada que estuvimos nosotros ahí, todo valió la pena”.
Sin duda Gerard es un niño bendecido, porque a su lado siempre tuvo este ángel, que Dios puso a su lado, a quien hoy tras ganar la batalla puede llamar mamá.
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