Arte

Publicado el lunes, 23 de septiembre del 2024 a las 04:05
Saltillo, Coah.- La literatura de Hiram Ruvalcaba está llena de marcas de realidad escondidas entre los pliegues de la ficción. Él mismo lo dice así cuando apunta que “la literatura que me interesa es esa que se cuestiona la violencia, pero que más que nada ahonda en el yo” y cita, por ejemplo, al japonés Kobo Abe, y sus novelas sobre la posguerra en Japón. En su caso, su nuevo libro Todo Pueblo es Cicatriz (Peguin Random House, 2023) explora las secuelas que esa oscuridad dejó en el poblado de Zapotlán El Grande, de donde es originario.
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Esos libros que ahondan en la violencia del narcotráfico, en la violencia social, me parece que son libro sintómaticos de nuestro país. A mí no me asusta la literatura de la narcoviolencia, tampoco me entusiasma, pero me parecen textos importantes como un registro de lo que está pasando.
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Pero me parece que en esta novela, la postura que yo tengo, y también en toda mi obra, es que la violencia no es la del narco ni el crimen organizado, sino que es la violencia sistemática que permea en todas las relaciones humanas, a veces las más inocentes y a veces en las más cotidianas: la que hay en el trato con tus vecinos, con tus familiares o la que hay con tus amigos. Todas nuestras relaciones están afectadas por una situación de violencia, y por eso digo que esas son las cicatrices”, comentó Ruvalcaba en entrevista con Zócalo.
El libro que se presentó ayer en la Feria Internacional del Libro de Coahuila, es la crónica de un episodio que se repite. No porque sea el mismo, sino porque las situaciones son parecidas: la primera de ellas ocurre en 1996, cuando Sagrario es baleada frente a su casa, y despierta al pequeño Hiram de 8 años; cuatro años después, en el 2000, Rocío también es asesinada. Por otra parte, en 2005, un asesinato más confirma un triángulo sangriento que riega las áridas tierras de Jalisco, cuando sus regiones aún son pueblos, casi ciudades nacientes, cimentadas en muerte.
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Creo que es importante reflexionar para encontrar esos espacios violentos que habitamos. Preguntarnos qué ha hecho la violencia con nosotros, con nuestra manera de comprender el mundo, con nuestra manera de actuar o dejar de actuar con esos hechos violentos a nuestro al rededor. Eso a mí me preocupa mucho. Porque tengo muchos años viviendo en México y creo que hay una insensibilización general sobre estos hechos. También me ha pasado que he hecho oídos sordos y ojos ciegos ante situaciones que me rebasan e impiden hacer las cosas de una manera correcta porque no sé qué hacer”, explica y ejemplifica con un hecho común: cuando un padre o una madre golpea a su hijo en la calle. “Pero llega la idea de que cada quien cría a su hijo como quiere. Por eso creo que es importante problematizar qué ha hecho la violencia con nosotros”, concluyó el también autor de Padres sin Hijos.
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