Nacional
Por JC Mena Suárez
Hace 3 semanas
Hace semanas, un dron autónomo en un ejercicio militar de Oriente Medio eliminó su objetivo sin intervención humana directa. El hecho pasó casi desapercibido. Mientras tanto, en Saltillo, Coahuila -epicentro del nearshoring automotor-, empresas locales ya integran la Inteligencia Artificial (IA) para elevar la eficiencia global de los equipos y reducir scrap (residuos industriales) en 12% en promedio (CIAC 2025).
Celebramos la eficiencia, pero nadie formula la pregunta incómoda: si la IA decide mejor que un supervisor cuándo parar una máquina para evitar un accidente, ¿por qué no podría decidir mejor que un soldado cuándo disparar?
La lógica es la misma: minimizar error humano, maximizar efectividad. En Coahuila, donde la manufactura aporta 30% del PIB estatal (Inegi 2025), esta brecha de productividad impulsa inversiones millonarias.
Pero trasladar esa lógica al uso letal de la IA es una trampa mortal. Cuando una máquina decide matar, ¿quién responde ante un tribunal? El programador, el comandante, la empresa… o nadie.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) documentó en 2024 al menos 30 sistemas de armas con autonomía significativa. En la Segunda Guerra Mundial la decisión de matar era 100% humana; hoy, esa cadena se acorta cada año.
El riesgo que nadie ve es la normalización de la deshumanización. La oportunidad real está en una norma internacional vinculante que exija siempre control significativo humano, como propone la Campaña para Detener los Robots Asesinos.
Empresas de Coahuila podrían liderar: invertir en IA explicable y auditorías independientes, posicionándose como referente de tecnología responsable.
El próximo trimestre será decisivo. Si la ONU no avanza en regulaciones para 2027, la carrera armamentística autónoma será imparable. La vida es sueño, pero la muerte delegada a una máquina ya no lo es.
Pienso que el verdadero liderazgo no consiste en delegar decisiones críticas a algoritmos, sino en preservar la última prerrogativa humana: decidir cuándo y por qué quitar una vida. Llamo a Coahuila: ética por encima de eficiencia. Porque cuando la máquina decida matar o intervenir en un proceso productivo que involucra cientos o miles de trabajos, no habrá vuelta atrás.
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