Saltillo

Publicado el lunes, 30 de marzo del 2026 a las 04:40
Saltillo, Coah.- ¡No sirves para nada!, ¡tonta!, ¡estás menso!, ¡cuatro ojos!, ¡negro!, ¡rarita!, ¡nadie te quiere!… Algunas de estas palabras son las que a diario escuchan o leen niños, niñas y adolescentes, víctimas de bullying.
El también conocido como acoso escolar, es un problema que no surge en un día, más bien, es un comportamiento que se repite y va escalando.
El cómo comienza suele ser incierto. Puede iniciar con un comentario hiriente, seguir con provocaciones, mensajes de texto, empujones, o incluso llegar hasta los golpes, dejando marcas visibles y sembrando miedo e impotencia.
Las secuelas que deja el acoso no son contabilizadas, pero las cifras de casos son alarmantes. La organización Bullying sin Fronteras precisa que en México 7 de cada 10 niños y adolescentes sufren acoso o ciberacoso a diario, y se estima que el bullying es el responsable de 200 mil muertes al año en el mundo entre estos grupos de la población.
En Coahuila, las únicas cifras que se tienen sobre esta problemática son las que documenta la Secretaría de Educación en el Informe Anual sobre el Acoso Escolar.
De 2023 a 2025 recabó al menos 161 casos de bullying en escuelas de educación básica, con situaciones ocurridas entre alumnos de secundaria, primaria y hasta preescolar.
“Ya no quiero ir a la escuela”, es una de la primeras frases que suelen decir las víctimas de bullying, los padres lo pueden considerar como una excusa, pero a veces, estas palabras y un cambio de actitud tienen un trasfondo más doloroso.
Diana Isabel López Rodríguez, especialista en Psicología Infantil y docente de la Facultad de Psicología en la Universidad Autónoma de Coahuila, explicó que una de las principales características del acoso es que es un acto repetitivo y persistente que va más allá de una broma o comentario aleatorio.
“El acoso escolar tiene que ver con diferentes formas, por ejemplo, agredir a un compañero, porque no necesariamente tiene que ser una cuestión de violencia física, el acoso escolar puede ser etiquetarlo, nombrarlo de alguna forma que perjudica su bienestar.
“Son cuestiones de segregarlo, de que no pertenezca al grupo, cuestiones que tienen que ver con la situación física o de exposición, por ejemplo, en fotografías, hacerse memes y pasarlos en los grupos de WhatsApp. Esas cosas que para muchas personas siguen siendo un asunto de niños, hay que tomarlo con mucha seriedad porque esto tiene repercusiones a lo largo de la vida, y normalizarlo hace que nosotros seamos parte de los círculos de la violencia”, señaló la docente, quien también es encargada el área del Psicología Infantil en la facultad.
La estadística revela que en 2023 se documentaron 45 casos de bullying en el estado; en 2024 se registró un aumento de 64%, finalizando con 74 quejas; mientras que, en 2025, la cifra se redujo en 43% con respecto al año anterior, con sólo 42 denuncias, entre las que se encuentran 5 casos de ciberbullying, uno identificado en primaria y 4 en nivel secundaria.
Con respecto a los municipios con una mayor incidencia de casos en los últimos tres años, es en la Región Sureste donde se concentra 78% de las casos, con 127 quejas, de las cuales, 124 corresponden a Saltillo.
En el resto de las regiones, los casos de acoso escolar recibidos a través de la Sedu entre 2023 a 2025, son 14 en Región Laguna, 9 en Región Centro, 6 en la Carbonífera, 3 en la Norte y 2 casos en la Región Desierto.
Va más allá del entorno escolar
La sicóloga Diana Isabel López Rodríguez explicó que el acoso es una dinámica que no se limita al ámbito escolar, ya que puede trascender a otros grupos donde los niños, niñas y adolescentes interactúan, aunado a la intervención de los medios electrónicos que manejan y a los que están expuestos hoy en día.
A esto se le conoce como el ciberbullying, que puede ser a través de mensajes hirientes en redes sociales, la creación de los llamados “memes” o “stickers”, o hasta la difusión de material fotográfico original o manipulado con la ayuda de la Inteligencia Artificial.
“Las cuestiones tecnológicas terminan exhibiendo de manera masiva, y además tiene más implicaciones”.
• Cambios bruscos de ánimo, parecen tristes o enojados todo el tiempo.
• Aislamiento.
• No quieren asistir a la escuela.
• Pierden interés en sus actividades cotidianas.
• Tienen marcas visibles de agresiones y no quieren hablar de eso.
• No comentan cómo les fue en la escuela.
• Tienen dificultad para conciliar el sueño.
• Bajo rendimiento escolar.
• Baja autoestima.
La cadena del acoso no sólo involucra a la víctima y al “bully”, también cuenta con un tercer elemento: los espectadores.
La docente de la Facultad de Psicología expresó que no existe un patrón específico en el cual encasillar a quien comete el acoso escolar y quien lo recibe, ya que están implicados muchos factores.
“Generalizar nos lleva siempre a equivocarnos. Pienso que tendríamos que revisar caso por caso. Puede haber algunos niños que sí repiten conductas, evidentemente aprendidas en casa, o bien, que han recibido ellos por parte de otros compañeros. No siempre es una situación de casa, sin embargo, puede haber un ejercicio de acoso escolar, incluso en un niño que en su familia no presenta una dificultad, sino que es algo que se dio, incluso de oportunidad, de un ejercicio de poder sobre el otro, y pues que ahí se desarrolle”, externó Diana López.
Añadió que algunas características en común de los que cometen este tipo de violencia es que tienen baja tolerancia a la frustración, no saben perder, o su instinto de competencia puede llegar a un nivel dañino.
Otras características, es que tienen problemas para externar sus emociones y buscan imponer una forma de liderazgo
Con respecto a los espectadores, señaló que estos suelen estar del lado del bully, lo alientan e incluso lo graban y comparten para evitar estar en medio del conflicto.
“Muchas veces lo que dicen, ‘mejor lo apoyo, mejor veo’, porque no quieren ser el que sigue”, añadió la especialista. “Por eso tenemos que trabajar en las escuelas de manera integral y, que se pueda atender como toda la problemática, porque, por ejemplo, si piensas en una secundaria, donde dicen que se ven a la salida, no nada más son los dos que se van a dar golpes, son los dos y toda la bolita que se pone alrededor, y los que echan porras, es decir, hay una situación en la violencia donde también los espectadores tienen una parte importante, y por eso deben estar incluidos en los protocolos de atención”, enfatizó López Rodríguez.
Además de que los padres hablen con sus hijos y que desde las aulas también se trabaje sobre lo que es bullying, cómo se ejerce y las secuelas que deja, la mejor forma de prevenirlo es escuchar.
“Yo escucho muchas veces eso, ‘es que son cosas de niños’, y digo, no, la violencia nunca pueden ser cosas de niños, porque los adultos tenemos la responsabilidad no sólo de mediar, sino de ayudar a resolver los conflictos de manera efectiva dentro de las situaciones de convivencia de los niños”, manifestó la sicóloga Diana Isabel López Rodríguez.
“Yo me cuestiono siempre si ellos (las víctimas) ya lo han hablado, y quién no los ha escuchado. O sea, se ha hablado en su escuela y se ha dicho que no pasa nada. Se ha hablado en casa y se dice que no pasa nada. Entonces, los niños sienten que el nivel de sufrimiento es muy alto y a nadie le gusta sufrir”, agregó la especialista.
A la par de esto, dijo que los niños, las niñas y los adolescentes deben tener la seguridad de que cuentan con una red de apoyo que los va a escuchar y validar.
“Enseñarles cómo va la escalerita para poderlo señalar (el bullying), primero se lo comento a mi profesor, si mi profesor no me cree o mi profesor no se ha dado cuenta, pues lo hablamos en la próxima vez con el director. “Siempre puede ser escuchado, platícale al sicólogo que está en el USAER, platícale a tu tía, platícale a la abuelita, es decir, tenemos que hablar con los niños para que sepan que pueden ser escuchados. A mí me preocupa mucho que los niños sí hablen y que los adultos lo minimicemos”, alertó la especialista sicología infantil.
Reflexionó que el bullying también debe ser una co-responsabilidad entre los adultos, pues además de buscar ayuda de especialistas, también deben informarse sobre los protocolos de atención.
Aunado a esto, señaló que es necesario inculcar entre los niños, niñas y adolescentes valores como el respeto, la solidaridad, la tolerancia. “Hay que enseñarles en la convivencia cómo podemos resolver los desacuerdos, cuál es la manera, que todas las personas podemos tener derecho de tener desacuerdos”.
Con respecto a quien recibe las agresiones, manifestó que pueden surgir indicadores como la disminución de autoestima, llanto que no tiene explicación, que los niños o jóvenes estén ensimismados o aislados, también con actitudes de miedo al grado de desarrollar una fobia de ir a la escuela, o de evitar realizar actividades que antes amaban o simplemente estar en situaciones de socialización.
“Algunos somatizan, se enferman, les duele el estómago, tienen diarrea, pasa la hora de entrada y ya no tienen nada. Por qué, porque tienen miedo de ir a la escuela por las cosas que ocurren, o empiezan a tener bajas en el rendimiento escolar, problemas, por ejemplo, para socializar con sus pares”, detalló
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