Saltillo

Publicado el sábado, 4 de abril del 2026 a las 04:05
Saltillo, Coah.- El cielo lloró en punto de las 3 de la tarde en la Parroquia del Ojo de Agua.
Estaba por iniciar la edición número 50 del tradicional Viacrucis, y la tristeza se hizo presente en una lluvia con sol, alguien estaba pagando sus deudas, como dice la gente, o alguien sigue pagando los pecados de la humanidad.
El pueblo volvió a votar por Barrabás, un ladrón confesó, y lo liberaron; el pueblo volvió gritar “crucifícalo”, y mataron a un inocente; y el pueblo vio de nuevo cómo Pilato, la autoridad, se lavó las manos.
Este año la representación recordó a los mártires que perecieron en la Guerra Cristera que se vivió en México en 1926, y mientras Jesús recibía los azotes a manos del ejército romano, las fuerzas armadas de Plutarco Elías Calles fusilaban a Anacleto González, al padre Miguel Agustín Pro y José Sánchez del Río, por proclamar Viva Cristo Rey.
El Viacrucis viviente sigue tan vigente como hace más de 2 mil años: las acciones de unos cuantos repercuten en muchos otros; guerras, injusticias, bombardeos, perseguidos; Tierra Santa secuestrada y el pueblo de Israel continúa pidiendo sangre inocente; todos son culpables y nadie se hace responsable, y se siguen cometiendo más muertes en nombre de Dios que del diablo.
El joven David Fuentes fue el encargado de dar vida a Jesucristo y de padecer su sufrimiento. Caminó con entereza por la calle Libertad, dio vuelta en Niños Héroes, bajó por Hidalgo, giró por Félix U. Gómez y subió por la empinada calle que llega al mirador… todo con una cruz de 90 kilos sobre sus hombros. Más de 10 mil personas acompañaron a Jesús a lo largo de las 14 estaciones, y sus rostros reflejaban dolor y tristeza, aunque otros lo veían pasar desde la comodidad de sus hogares.
“En el ‘77 se empezó la primera edición y hoy se cumplen 50 ediciones; además, en México estamos en el centenario de la resistencia cristera y tuvimos representación de algunos mártires cristeros para homenajearlos, porque ellos también vivieron su propio viacrucis, su propia persecución”, comentó el párroco Ignacio Flores.
“Desafortunadamente, desde el tiempo de Abraham, ha sido siempre una tierra difícil, pero ahí nació nuestro señor Jesucristo y nosotros seguimos honrando desde acá”, dijo sobre los conflictos que se viven en Jerusalén.
Los niños no entendían por qué lastimaban a Jesús de esa manera, las madres voltearon con sus hijos a darles la bendición, algunos hombres derramaron en silencio sus lágrimas, al igual que jóvenes y adultos mayores.
Finalmente, Jesús fue crucificado al lado de Dimas y Gestas; reprochó al cielo nublado por qué su Padre lo había abandonado, lloró de dolor, pidió agua, y después de un fuerte grito, expiró. La tristeza se apoderó del mundo. Justo como hoy.
La tristeza se apoderó del mundo. Justo como hoy.
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