Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Jesse aclara su pausa de Jesse & Joy y respalda a su hermana tras anuncio de gira en solitario Meta desactiva millones de cuentas de estafadores con ayuda de Singapur México ya suma 130.9 millones de habitantes y envejece, revela el Inegi Continental anuncia la incorporación de más de 650 nuevas medidas de llantas Ceci Flores exige a la FGR atender a madres buscadoras

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

El Partido Republicano ya no existe

Por Columnista Invitado

Hace 4 meses

POR: LEÓN KRAUZE

 

 

El Partido Republicano estadunidense como lo conocíamos no existe más.

Lo ocurrido en la primaria republicana del sábado en Luisiana lo confirma con claridad: hoy ya no hay espacio para el pensamiento independiente dentro del partido. Lo que existe, en los hechos, es una exigencia de lealtad absoluta a Donald Trump.

El senador Bill Cassidy, con dos periodos en el cargo, una campaña con 14 millones de dólares y un historial consistentemente conservador, terminó en tercer lugar con apenas 24.8% de los votos, desplazado por dos candidatos cuyo principal activo político fue su cercanía con Trump. ¿El pecado de Cassidy? Votó a favor de condenar a Trump tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Cinco años después, Trump cobró la factura respaldando a la congresista Julia Letlow, que ganó repitiendo que el apoyo de Trump era “el más poderoso del mundo”.

Cassidy intentó debatir y contrastar. Nada importó. La única pregunta relevante para los votantes fue otra: ¿estás con Trump o contra él? Esa lógica binaria ha terminado por devorarlo todo entre los republicanos. El movimiento conservador entero ha dejado de ser un espacio de competencia ideológica para convertirse en una estructura de lealtad personal.

Ese control no se ejerce desde los márgenes del poder, sino desde el centro mismo del Estado. Trump no es sólo el líder de su partido: es el Presidente en funciones de Estados Unidos. El poder del Ejecutivo se suma así a la presión partidista, reduciendo todavía más el margen para la disidencia. Es la lealtad a la mitología trumpista entera, incluida la patraña del fraude del 2020, o el abismo.

En ese sentido, lo que ocurre en el Partido Republicano recuerda, en espejo, lo que sucedió en México con la izquierda bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. También aquí un movimiento amplio, diverso y en principio ideológico terminó orbitando alrededor de una sola figura. También en Morena la lealtad personal sustituyó al debate. También ahí el líder adquirió un carácter mesiánico, capaz de definir (hasta el día de hoy, por si quedara duda) quién pertenece y quién queda fuera.

La transformación del Partido Republicano resulta aún más llamativa si se observa su historia. Fundado en 1854 como una coalición contra la esclavitud. Fue el partido de Abraham Lincoln. Durante más de siglo y medio, ese legado ha definido su identidad. Hoy, ese pasado parece irrelevante. Un partido que alguna vez se definió por una causa moral hoy parece definirse por la lealtad personal a un hombre inmoral.

Pero el partido de Trump está jugando con fuego. La disciplina interna, por férrea que sea, no necesariamente se traduce en éxito electoral en la arena más amplia. El Partido Republicano podrá estar tomado por una sola figura, pero el electorado estadunidense es mucho más diverso y, de acuerdo con múltiples encuestas, muestra un cansancio creciente frente a Trump: más de 60% de desaprobación. Es decir, el Partido Republicano está apostando su futuro a una figura que divide profundamente al electorado.

Se trata de una apuesta arriesgada, quizá incluso suicida. ¿Puede mantenerse el andamiaje de un partido alrededor de una figura popular hacia adentro, pero repudiada hacia fuera? La pregunta es central para el futuro del partido republicano. Y para otros movimientos mesiánicos en el mundo, sin duda.

 

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 17 horas

La pareja presidencial

Hace 17 horas

Paz narca

Hace 17 horas

Del modelo porfirista a los acuerdos comerciales internacionales