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La Jornada
Publicado el martes, 4 de agosto del 2026 a las 19:41
Ciudad de México.– Ante la masiva irrupción de la inteligencia artificial (IA) en las aulas —donde actualmente 8 de cada 10 universitarios la emplean para generar textos y el 80% reconoce que transformará su ejercicio profesional—, los tradicionales exámenes de memoria han quedado formalmente obsoletos. Las instituciones de educación superior enfrentan el reto ineludible de rediseñar sus métodos de evaluación para medir el razonamiento humano y no la simple retención de datos.
Así lo sostuvo Alexandro López González, coordinador de Ingeniería en Inteligencia Artificial de la Universidad Iberoamericana (Ibero), quien enfatizó que las herramientas tecnológicas actuales pueden resolver con precisión quirúrgica la mayoría de las pruebas estandarizadas convencionales.
El especialista precisó que el verdadero desafío para las universidades no radica en la persecución o detección del uso de la IA por parte del alumnado, sino en transitar hacia modelos que prioricen competencias complejas que ninguna respuesta automatizada puede replicar.
” “Ya no tiene sentido evaluar únicamente qué tanto recuerda una persona; hoy necesitamos evaluar cómo piensa, cómo argumenta y cómo resuelve problemas”, sentenció López González.
Esta reflexión cobra relevancia tras casos recientes como el de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuya aplicación de exámenes de admisión en línea arrojó puntuaciones atípicas que obligaron a la institución a reestructurar procesos hacia evaluaciones de carácter presencial.
Para superar este rezagado paradigma, el académico propuso incorporar metodologías integrales que incluyan:
– Defensas orales y presentaciones.
– Ensayos analíticos y argumentativos.
– Ejercicios prácticos donde el estudiantado desglose el proceso metodológico seguido para llegar a una conclusión, en lugar de limitarse a elegir una opción en un formato de opción múltiple.
Paradójicamente, la misma tecnología que trastoca los métodos de enseñanza puede fungir como un instrumento de apoyo docente. El experto apuntó que los algoritmos de IA pueden auxiliar en la revisión y análisis de respuestas escritas u orales mediante rúbricas previamente establecidas, automatizando cargas operativas sin desplazar el juicio crítico del profesor.
Por su parte, Luis Medina Gual, director de Innovación Educativa de la Ibero, ha señalado previamente que este fenómeno obliga a la academia a replantear el significado profundo del aprendizaje en una era donde las máquinas producen respuestas elaboradas en cuestión de segundos.
En sintonía con este diagnóstico, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) advierte que, si bien la IA expande las oportunidades de aprendizaje, su despliegue acelerado ocurre con frecuencia sin los marcos normativos indispensables para proteger a docentes y educandos, planteando dilemas éticos fundamentales sobre su uso en admisiones, calificación de trabajos y tutorías automatizadas.
Ante este panorama, la academia urge a formar profesionistas no solo técnicamente competentes en el desarrollo de modelos computacionales, sino provistos de un sólido sentido ético y una visión orientada al bienestar social.
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