Saltillo
Por
Paola Casas
Publicado el sábado, 22 de agosto del 2026 a las 03:20
Saltillo, Coahuila.- Más de 18 horas transcurrieron desde que Edwin Rodrigo Monsiváis González, de 23 años, ingirió 21 pastillas de alprazolam en un intento de suicidio, hasta que su familia logró trasladarlo por sus propios medios para buscar atención hospitalaria en Saltillo.
Su hermana, Nadia Monsiváis González, denunció las dificultades que enfrentaron desde la noche del jueves, cuando la expareja del joven les alertó sobre un mensaje que Edwin había enviado alrededor de las 20:00 horas, en el que manifestó sentirse mal y anticipó que tomaría su medicamento para la ansiedad.
La familia vio el mensaje cerca de las 21:50 horas y, al llegar al domicilio minutos después, encontró al joven inconsciente, sin responder a movimientos ni sonidos. Nadia intentó comunicarse al 911 a las 22:15 horas y, tras varios intentos y llamadas a otras líneas, una ambulancia de la Cruz Roja arribó aproximadamente a las 22:50.
De acuerdo con su testimonio, los paramédicos detectaron síntomas de intoxicación y señalaron que podían trasladarlo, pero no al Hospital General, pues les habrían informado que “no había camas disponibles”. Como alternativas, asegura, les plantearon llevarlo a un hospital privado, mantenerlo bajo vigilancia en casa o trasladarlo por sus propios medios al Centro Estatal de Salud Mental (Cesame).
“Nos dijeron que podían moverlo, pero que al General no porque no había camas disponibles”, relató Nadia, quien afirmó que una hospitalización privada podría representar un gasto de entre 30 y 40 mil pesos.
Sin automóvil y ante la condición del joven, la familia comenzó durante la madrugada a buscar ambulancias particulares. Algunas no respondieron, otra habría rechazado trasladar a este tipo de pacientes y una más ofreció el servicio por 3 mil pesos, cantidad que Nadia no podía cubrir, pues únicamente contaba con mil 800 pesos.
Así, permaneció durante toda la noche vigilando la respiración y signos vitales de su hermano. Edwin presentó breves periodos de reacción durante la mañana y primeras horas de la tarde, pero volvía a quedar inconsciente.
Fue hasta alrededor de las 15:00 horas cuando, con ayuda de otra de sus hermanas y un vehículo particular, comenzaron a trasladarlo. Llegaron cerca de las 16:30 horas al Cesame, donde, según Nadia, les indicaron que primero debía ser valorado en el Hospital General debido a la intoxicación.
Una médica les entregó una carta para solicitar su ingreso por urgencias y la familia volvió a movilizarlo por sus propios medios hasta el Hospital General, donde finalmente buscaban que permaneciera bajo observación médica.
Nadia aclaró que su denuncia no pretende responsabilizar a los paramédicos que acudieron inicialmente, sino evidenciar las dificultades que puede enfrentar una familia sin vehículo, seguridad social o recursos económicos cuando una crisis de salud mental se convierte también en una emergencia médica.
“Una emergencia de salud mental también es una emergencia médica”, expresó.
La familia pidió a las autoridades de salud aclarar qué protocolo debe seguirse ante una intoxicación por medicamentos con pérdida del conocimiento y, principalmente, quién debe garantizar el traslado de un paciente cuando sus familiares no tienen los medios para movilizarlo de forma segura.
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