Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Llegarían a un arreglo enfermero y exintegrante de Los Sebastianes El otoño del Oligarca Detienen a mujer por corrupción de menores Novato “EL VALOR DE LO COTIDIANO”

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

El otoño del Oligarca

Por Columnista Invitado

Hace 59 segundos

POR: JORGE VOLPI

 

El castigo no ha podido ser más severo. Las encuestas ya anticipaban que la popularidad de Trump se hallaba en mínimos, pero no la magnitud de la indignación: la oposición no sólo conquistó la Cámara de Representantes –con una cifra histórica–, sino también el Senado, llevándose en el camino estados que no habían elegido un demócrata en décadas –Texas, Kansas, Ohio, Carolina del Sur y acaso Mississippi– y gobiernos estatales que hace poco parecían irreductiblemente republicanos. Todos los sectores poblacionales, basados como les fascina clasificar a los estadunidenses en criterios de edad, sexo, etnia y nivel educativo, se volcaron en contra de Trump. Y, aunque este insiste en que, de haber figurado en las boletas, habría vencido, lo cierto es que hemos presenciado un claro referéndum sobre su actuación.

La mayor causa del descontento, como habría dicho Clinton, ha sido la economía, con los precios de los combustibles y la inflación en aumento. Entre el alud de promesas rotas por Trump, la de no embarcar al país en otra guerra, y, peor aún, en una cuyos objetivos nunca fueron claros y que sólo ha logrado encarecer la vida cotidiana de millones, ha resultado definitiva. Intentando ya salvar su pellejo, hasta el vicepresidente JD Vance señaló a Irán como causa principal de la debacle. No deja de resultar paradójico que justo los ayatolás estén detrás de la derrota de su mayor enemigo.

La catástrofe republicana, sin embargo, no se circunscribe sólo a las consecuencias de la guerra. Ha sido tal el cúmulo de medidas autoritarias o erráticas (o ambas cosas) cometidas por Trump en estos dos años, que logró articular una inmensa coalición en su contra. Los latinos, que en buena medida le confirieron el beneficio de la duda al votarlo para su segundo mandato, se retractaron en masa ante la brutalidad de sus políticas migratorias. Otros creyeron ver en su atrabiliaria imposición de aranceles una causa más de la crisis económica. Sus violentos ataques a la diversidad se vieron contrarrestados con la elección del primer senador abiertamente gay, de una senadora y una gobernadora indígenas americanas o de dos gobernadores de origen mexicano, el grupo más atacado por él en campaña. Y, sin duda, su erosión de las instituciones democráticas, su ataque a las universidades y a los medios y sus reiterados insultos a sus críticos colmaron la paciencia de más de un joven: el sector que más se volcó en su contra.

La derrota republicana, que implica una descalificación mayoritaria de Trump, por desgracia no implica el final de sus días. En un sistema presidencialista como el estadunidense, el poder del Ejecutivo es mayúsculo: tendrá que sortear numerosas trabas, sobre todo en política interior, pero dispondrá de enormes márgenes en la exterior.

A partir de ahora, buscará echarle la culpa de cada fallo al Legislativo que lo cerca, en tanto buscará reivindicarse con una agenda internacional igualmente peligrosa, en la que Cuba, en primera instancia, y México, en segunda, pueden convertirse en sus primeras víctimas. No debemos olvidar que hoy Trump es, sobre todo, una bestia herida, y que, luego de unos días de calma, hará cuanto esté en sus manos para conseguir lo único que le importa a un inmenso ego: un lugar en la historia, sea lo que fuere ello.

La victoria demócrata es el preludio a una era de incertidumbre redoblada: pese a su amplitud, Estados Unidos –y, en buena medida, el mundo entero– se encuentra prácticamente partido por la mitad. Nos esperan dos largos años en los que Trump no cejará en sus provocaciones, sus desmanes y su ambición autoritaria: ahora sabe que ya nada tiene que perder.

Estará más vigilado que nunca, pero su capacidad para burlar los controles democráticos e instaurar el caos –après moi, le déluge!–, sacrificando cualquier cosa en aras de su orgullo, deben mantenernos más alerta que nunca: con un Partido Republicano en crisis, donde algunos buscarán distanciarse de él mientras otros se mantienen leales, y la perspectiva de ser recordado como un líder infame, el otoño de Trump nos depara un sinfín de sobresaltos.

 

Notas Relacionadas

Colectivos trans protestan en Segob y exigen diálogo con autoridades

Hace 2 horas

INE entrega denuncia ante la FGR por irregularidades de Taddei

Hace 2 horas

Anuncian trasvase de presa El Cuchillo a Tamaulipas

Hace 6 horas

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 23 horas

Un INE neutral

Hace 23 horas

El accidente como lección

Hace 23 horas

La bolsa desinfla a la IA