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Grupo Zócalo
Publicado el martes, 26 de mayo del 2026 a las 12:38
Saltillo, Coah.-Estamos en un entorno global que transita de los desequilibrios postpandemia hacia una normalización más ordenada —aunque con presiones todavía visibles en inflación, tasas y valuaciones—. Ante tal panorama, Adolfo del Cueto pone sobre la mesa una lectura práctica: entender qué fuerzas están marcando el ciclo y cómo convertirlas en decisiones financieras con método, disciplina y transparencia.
Esta figura destaca que el momento exige dos cosas a la vez: visión macro (para no perderse en el ruido) y ejecución sin sesgos (para que la estrategia se traduzca en resultados consistentes y medibles).
Un tablero global que se enfría… sin romperse
La lectura de base es que la economía mundial mantiene una desaceleración gradual y controlada, en línea con la fase de normalización que siguió al repunte excepcional de 2021. En ese marco, el crecimiento global proyectado se mueve en un rango moderado, con avances más contenidos en varios de los principales motores internacionales.
Para México, este contexto importa por una razón evidente: la transmisión desde Estados Unidos —vía comercio, cadenas productivas, inversión y apetito por riesgo— suele ser más determinante que cualquier “titular” aislado. Por eso, la brújula que propone del Cueto no arranca en predicciones grandilocuentes, sino en identificar tres vectores: crecimiento estadounidense, persistencia inflacionaria y velocidad real de la normalización monetaria.
Estados Unidos: resiliencia con riesgo moderado
En el escenario base, el desempeño de Estados Unidos se mantiene resiliente, destacando frente al enfriamiento global.
La probabilidad de recesión para 2026 se ubica alrededor de 30%, con un crecimiento del PIB cercano a 2.3%, por encima del potencial estimado de 1.8%. Esto será debido a:
Del Cueto subraya el matiz: hablar de resiliencia no significa “piloto automático”. Significa que el ciclo puede sostenerse, pero con sensibilidad a sorpresas de inflación, ajustes de tasas más lentos de lo esperado y tensiones fiscales que, de prolongarse, elevan riesgos estructurales.
El punto de fricción del ciclo sigue siendo la inflación: se considera poco probable que alcance el 2% objetivo en 2026, con una trayectoria que podría mantenerse elevada en la primera mitad del año y cerrar cerca de 2.9%; a mitad de 2026 se estima alrededor de 3.3%. Este comportamiento responde a presiones de carácter estructural, con un componente adicional asociado a efectos arancelarios que se han materializado de forma gradual.
En tasas, la expectativa es de normalización gradual. Tras recortes en 2025 que llevaron la tasa de referencia a 3.75%, se plantea una pausa prolongada hasta mediados de 2026. Para entonces, podría retomarse el ciclo de recortes en función de inflación y mercado laboral.
Para México, este binomio importa por su efecto en:
Sin sobrecargar de números, el mensaje operativo de del Cueto es claro: en un entorno de tasas que bajan más lento de lo que muchos descuentan, los portafolios necesitan más construcción y menos improvisación.
En divisas, la expectativa para 2026 apunta a un dólar estable pero ligeramente depreciado, dentro de un rango acotado. Esta particularidad abre una ventana favorable para monedas latinoamericanas con economías resilientes y cuentas fiscales ordenadas.
En commodities, el petróleo enfrenta un panorama de presión bajista por sobreoferta global prevista. Mostrará un ajuste menos abrupto que el observado previamente, pero suficiente para mantener un tono poco alentador para el hidrocarburo. Este escenario tiende a contener presiones inflacionarias, aunque plantea retos fiscales y externos para economías productoras.
En contraste, el oro mantiene una narrativa de activo refugio con tendencia alcista: se plantea que el precio supere los 5,000 USD por onza y podría acercarse a rangos de 5,400–5,600 USD. Esto vendrá impulsado por compras de bancos centrales, demanda institucional vía ETFs, incertidumbre geopolítica y un contexto de recortes de tasas con rendimientos reales a la baja e inflación resistente.
Del Cueto lo aterriza así: cuando el oro conserva fortaleza mientras el dólar se mueve con sesgo de estabilidad/depreciación moderada, el mercado está diciendo “diversifica, gestiona el riesgo y no te enamores de un solo escenario”.
Más allá del diagnóstico, el sello de Adolfo del Cueto Aramburu está en el cómo: impulsar decisiones financieras alineadas con el cliente, sin incentivos ocultos por colocar productos. La tesis es que la independencia por sí sola no basta; la diferencia real es una asesoría libre de conflicto de interés, con un modelo de honorarios donde el cliente paga por el servicio y la recomendación no depende de comisiones.
En ese mismo enfoque se sostiene la selección objetiva: no crear productos propios para “empujar” al cliente hacia un inventario interno, sino analizar el universo disponible y diseñar portafolios desde cero, con base en objetivos, restricciones y horizonte real de cada caso.
A esto se suma un elemento que del Cueto considera crucial en la economía actual: la confianza verificable. Antes de ser cliente, la persona necesita entender el modelo sin letras pequeñas; después, la confianza se gana con transparencia, comunicación constante y decisiones justificadas.
Del Cueto también enfatiza que la asesoría moderna no se puede separar de la infraestructura digital. En la industria financiera, herramientas como inteligencia artificial, nube, APIs, automatización (RPA), analítica avanzada, blockchain (en casos de uso específicos) y capas robustas de ciberseguridad están redefiniendo operación, servicio y control de riesgos.
En gestión patrimonial y ejecución, el foco está en:
La idea central: en un ciclo donde la inflación tarda en ceder y las tasas se mueven con cautela, el riesgo no se “declara”; se mide, se monitorea y se gestiona.
En la conversación actual sobre construcción de portafolios, del Cueto destaca el rol de las inversiones alternativas —private equity, venture capital, real estate, private debt, hedge funds, entre otras— por su potencial para diversificar y mitigar volatilidad, considerando su posible menor correlación con el mercado accionario.
Al mismo tiempo, pone el acento en lo que muchos omiten: son activos complejos, con iliquidez y riesgos elevados, menor transparencia y mayores mínimos de inversión. Por eso, la selección del gestor, el due diligence y la planeación de asignación a varios años son parte del trabajo esencial.
En real estate, por ejemplo, se reconoce un entorno de indefinición por costos financieros altos, presión en ingresos operativos netos, cambios en demanda y efectos en valuaciones; de ahí la relevancia de la selección y de estructuras con reporteo y transparencia auditada.
Con esta lectura, Adolfo del Cueto Aramburu resume su postura para México en la economía actual:
En un momento en el que la economía se normaliza, pero el costo del error sigue alto, su mensaje es directo: las proyecciones sirven cuando se convierten en procesos —claros, transparentes y medibles— que protegen patrimonio y abren oportunidades sin perder control.
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