Internacional

Publicado el lunes, 19 de marzo del 2012 a las 21:18
Ciudad de México.- Las explosiones solares serán más frecuentes en los próximos años debido a que el astro atraviesa por un ciclo de muy alta actividad, y en caso de que la radiación electromagnética y el plasma que emite bombardearan la Tierra, las comunicaciones, circuitos eléctricos y satélites podrían resultar con daños severos.
Las manchas negras que se observan en el Sol indican la etapa de la actividad solar. Es decir, que cuando hay más puntos, el Sol tiene más erupciones, más explosiones y lanza al espacio grandes cantidades de gas caliente y radiación, que cuando llegan a la Tierra pueden causar algunos deterioros.
“En cada máxima solar hay daños, y debido al sobrecalentamiento de la parte superior de la atmósfera terrestre, ésta se expande y los satélites friccionan y bajan. De haber una máxima fuerte, se perderán algunos satélites”, dijo a Excélsior Sami K. Solanki, director del Instituto Max Planck para la investigación solar de Alemania.
La actividad de este astro aumenta cada 11 años y se espera que llegue a su máxima este año y el próximo. Sin embargo, según Solanki, es imposible predecir cuándo ocurrirán las llamaradas y cuándo serán las siguientes eyecciones de masa coronal, que emiten rayos x y ultra violeta.
Lo primero en llegar a la Tierra son las llamaradas en forma de luz, y aunque éstas no representan un gran peligro, también envían partículas con energía alta que permanece en la atmósfera de los polos y deteriora la salud de los pasajeros de avión que sobrevuelan “El gas caliente tiene un impacto más grande que la luz de la llamarada. Estos gases están compuestos de partículas con cargas, que con mucha energía pueden provocar cambios al llegar a la Tierra como en su campo magnético y el gas atmosférico” señaló Solanki.
Daños millonarios
Estas tormentas magnéticas ya han provocado daños severos a la Tierra, como el apagón que dejó sin luz a seis millones de personas en 1989 en Québec, Canadá y la que en 2003 quemó los transformadores de una central eléctrica en Sudáfrica.
Esa serie de tormentas, ocurridas entre octubre y noviembre de 2003, afectaron a 47 satélites, y los daños incluyeron la pérdida total de satélites científicos, valorados en 640 millones de dólares.
La tormenta más grande que se ha registrado ocurrió en 1859, y provocó daños al sistema de telégrafos en todo el mundo.
Según la Universidad de Barcelona, si esta tormenta, conocida como Carrington, se repitiera en el presente, las pérdidas en los sistemas de telecomunicaciones por satélite rondarían los 22 mil 860 millones de euros (casi 30 mil millones de dólares).
La parte bonita
De acuerdo con Sami K. Solanki, este año se producirá un incremento de la temperatura en la parte alta de la atmósfera terrestre, por lo que ésta se calentará mucho más.
“Una de las cosas que suceden es la aurora boreal, es decir, se excitan los átomos en la atmósfera para que brillen los diferentes colores de la aurora, esa es la parte bonita”.
Sin embargo, dijo: “también hay cosas menos bonitas, como que las partículas calientes alcancen a los satélites arriba de la atmósfera, por lo que pueden interferir con su funcionamiento”, sentenció.
El investigador aseguró que a pesar de que ahora los satélites están hechos para poder sobrevivir a estos fenómenos, que generalmente suceden por periodos cortos, podría haber muchos problemas con la comunicación por la pérdida de señales de radio que usan la parte más alta de la atmósfera para rebotar sus emisiones a la Tierra.
Asimismo, estos gases al extender la atmósfera, aceleran a los satélites y podrían caer más rápido a la Tierra, como le sucedió a la antigua estación espacial MIR, que descendió hace unos años a pesar de que tendría que estar en órbita por La actividad solar no es muy inusual en este momento, indicó Solanki; sin embargo , dijo que la máxima alcanzada en los últimos años había sido muy fuerte.
“No se puede predecir la actividad solar de los próximos años bien, se puede decir que la actividad será intermedia, no muy fuerte, pero no podemos predecir cuándo serán las llamaradas, cuándo será la siguiente eyección”, explicó.
México, poco vulnerable
Por su parte, Alejandro Lara, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, aseguró que México es menos vulnerable a los daños que podría ocasionar la actividad solar, ya que es más difícil la entrada de las partículas en los países cercanos al ecuador, mientras que en los polos entra más fácilmente por la configuración del campo magnético.
Según Lara, estos fenómenos no afectan de manera directa a las personas en la Tierra, ya que tenemos dos escudos, que son el campo magnético y la atmósfera.
El investigador explicó que las tormentas solares son de dos tipos, una que se llama ráfaga que emite partículas y luz (energía electromagnética muy fuerte). Estas partículas las detiene el campo magnético y los protones se quedan en la atmósfera como los rayos X y UV, que nunca llegan a nivel del piso.
El otro tipo es la eyección de masa coronal, que es una nube de gas con campo magnético que sale disparado hacia el medio interplanetario y puede colisionar con el campo magnético de la Tierra.
“Lo que puede producir (una eyección de masa coronal) es una tormenta geomagnética, que cambia drásticamente el campo magnético. A pesar de que no le pasa nada a la vida, un cambio tan fuerte puede inducir corrientes eléctricas en conductores grandes y quemar transformadores y todo lo que esté conectado a esa corriente”,dijo Lara.
El investigador de la UNAM afirmó que ése sería el daño más grande que podríamos sentir a nivel del suelo.
Y sobre la posibilidad de afectaciones a los humanos, recordó que los esquimales no han sufrido deformaciones físicas por los cambios en el campo electromagnético de la Tierra.
la zona.
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