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Coahuila

¿‘Amenaza’ sureña en las elecciones de Saltillo? No por ahora

Por Luis Carlos Plata

Hace 2 semanas

¿Hay tantos coreanos en Saltillo como se ven en el espacio público (y por espacio público me refiero al HEB San Patricio y un kilómetro a la redonda), o por ser tan notorios en nuestro contexto (acostumbrados a ver gente con el gorro de la sudadera encima de la cachucha y pijama) podemos llegar a caer en un sesgo de confirmación que reafirme nuestros prejuicios?

¿Hay tantos mexicanos sureños en Saltillo como se ven en el espacio público (ahí sí, en el centro de la ciudad y por los tres puntos cardinales exceptuando al norte, basado su origen en el fenotipo característico) y existe una “amenaza” real –llamémosle así– de que cambien el paradigma político de la localidad?

Lo primero es un asunto de óptica. De acuerdo con el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Corea del Sur, en México ni son tantos ni residen significativamente en la Región Sureste de Coahuila. El colectivo más amplio cercano radica en Pesquería, Nuevo León.

Lo segundo, en cambio, puede verificarse al yuxtaponer el último padrón electoral del INE con los de años atrás. Quien esto escribe hizo un ejercicio al respecto, con uno de 2023 específicamente. Y no, no hay variaciones abruptas en la cifra.

Sí existe un aumento de residentes originarios del sur del país, aunque no drástico, y puede cotejarse con la lista nominal que registra la entidad de origen, por tanto un cambio de domicilio. Ocurre más en el distrito 7 que en el 4, hablando de los federales, y salvo el colectivo de Chiapas, el cual se ha incrementado en casi 3 mil personas, diseminadas entre las secciones electorales que corresponden a los distritos 15 y 16 locales, el resto de estados del sur del país no muestran una emigración antinatural.

Por lo menos no se refleja estadísticamente. Hay, eso sí, muchos zacatecanos viviendo al sur del Municipio, y otros tantos neoleoneses al norte del mismo. Ambos de tiempo atrás. La cercanía geográfica de sus estados condiciona el traslado.

Sin embargo la percepción es diferente tierra adentro. En Saltillo permea la idea de migración masiva y descontrolada de sureños que llegaron a trabajar y asentarse. Primero individualmente y después en grupos. No sólo como trabajadores desvinculados del medio, sino diásporas y capital social.

“La legión extranjera”, como se autodenominan algunos, es el colectivo más activo y visible dentro del territorio. Lo es por su idiosincrasia distinta; de guetos y vivienda multifamiliar en la zona urbana, con los vicios y problemas que genera la interacción.

Y se cree, asimismo, que son impermeables a los esfuerzos locales por integrarles a la cultura del Sureste de Coahuila; en números, la Región más priísta del país. Un corredor político ajeno al centralismo guinda que desde 2018 permea en gran parte del territorio nacional, con especial acentuación en el altiplano y sureste.

Se proyecta entonces que al establecerse (aunque no se integren al medio) paulatinamente cambiarán el panorama político al alterar el orden democrático haciendo valer su derecho al voto.

Esto último, por lo demás, es cuestionable, ya que predomina una tendencia a la baja participación ciudadana ahí donde se han empadronado. Ramos Arizpe y Ciudad Acuña, cuya población se compone ampliamente de sureños, ocupan los primeros lugares en abstencionismo en elecciones estatales, para dimensionar.

 Cortita y al pie

El paradigma de los desafíos migratorios no es regional sino mundial. Existe una diáspora de millones de venezolanos esparcida por Latinoamérica, y ahí se ha propagado el pensamiento de que “pueden hacer los trabajos que los nativos no hacen”.

Acá en Saltillo sucede algo semejante con los sureños. No obstante hay un argumento envenenado en la ecuación: se habla de inclusión, sí, pero inmediatamente se les coloca en un lugar dentro de la comunidad: como subalternos. Se ignora su experiencia y cultura; su humanidad desaparece y se les observa como sujetos de sobrevivencia. “Mano de obra”. “Perros de paja”, como les define John Gray, el filósofo inglés, en su obra homónima (2002).

 La última y nos vamos

Si bien el nearshoring (y la necesidad artificial de importar trabajadores) ha dado tregua, y Estados Unidos ha frenado las caravanas con dirección al norte, en sus estados de origen, gobernados mayoritariamente por Morena, no existen incentivos de ningún tipo para evitar la sangría. A sus gobiernos no importan los vicios y conflictos que genera para sus habitantes ese fenómeno allende las fronteras. Del problema simplemente que se ocupen otros.

Y no por ello se debe dejar a la deriva el asunto, más complejo de lo que se cree a simple vista.

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