Piedras Negras
Por
Grupo Zócalo
Publicado el jueves, 2 de abril del 2026 a las 04:08
Piedras Negras, Coahuila.- En el marco del Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, no debería limitarse a una fecha simbólica ni a campañas pasajeras teñidas de buenas intenciones, afirmó el doctor Jesús Martín Cepeda Dovala.
Es, o debería ser, un punto de confrontación, con nuestras ideas sobre la normalidad, con nuestras estructuras sociales y con nuestra capacidad (o incapacidad) de convivir con lo distinto sin intentar corregirlo.
El autismo no es una enfermedad que deba “arreglarse”, sino una forma distinta de percibir, procesar y habitar el mundo. Sin embargo, la sociedad insiste en medirlo bajo parámetros diseñados para la mayoría, como si todo aquello que se salga del molde fuera un error de fabricación.
Aquí está el primer problema, confundimos diferencia con deficiencia. Y esa confusión no es inocente, es estructural, precisó el catedrático Cepeda.
Vivimos en una cultura que premia la rapidez, la interacción constante, la lectura social inmediata y la adaptación casi automática a normas implícitas.
Bajo ese esquema las personas dentro del espectro autista no sólo enfrentan sus propios retos, sino un entorno diseñado sin considerarlas. No es el individuo el que falla en adaptarse; es el sistema el que fracasa en incluir.
La verdadera concientización no consiste en saber que existe el autismo; porque eso es lo mínimo.
La conciencia real implica incomodarse, cuestionar hábitos, rediseñar espacios, replantear la educación, flexibilizar la comunicación y, sobre todo, “abandonar la idea de que hay una sola manera ‘correcta’ de ser humano”, enfatizó Cepeda.
Hay también una dimensión ética que no se puede ignorar… ¿qué tan dispuestos estamos a aceptar a alguien que no encaja en nuestras expectativas sociales?.
Porque la inclusión no se demuestra en discursos, sino en la práctica cotidiana; en la escuela que adapta su enseñanza; en el trabajo que valora capacidades distintas, en la familia que entiende sin imponer, en la sociedad que deja de exigir máscaras.
Filosóficamente, el autismo nos obliga a revisar una pregunta incómoda y perturbadora… ¿qué entendemos por normalidad?. Si la normalidad es simplemente lo más frecuente, entonces no es un estándar moral ni un ideal humano, es solo estadística.
Y construir una sociedad sobre una estadística es, en el fondo, excluir deliberadamente a quienes no entran en ella.
Aceptar el autismo es, en última instancia, “aceptar la diversidad en su forma más honesta, no la diversidad superficial que se celebra en campañas, sino la que exige cambios reales, ajustes incómodos y renuncias a ciertas comodidades sociales”, expresó Cepeda.
El 2 de abril no debería ser un recordatorio de “ellos”, sino un espejo de “nosotros”. De cómo reaccionamos ante lo diferente. De cuánto estamos dispuestos a cambiar. De si preferimos una sociedad homogénea y limitada, o una compleja, diversa y mas humana.
Porque al final, la inclusión no se mide por cuánto toleramos, sino por cuánto transformamos. Y ahí es donde empieza el verdadero trabajo.
“ La diferencia no incomoda por lo que es, sino por lo que revela de nosotros: Una sociedad que aún no aprende a convivir sin imponer”, concluyó Cepeda.
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