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Bait, las cifras infladas y el riesgo de regular con espejismos

Por Darío Celis

Hace 2 semanas

Recientemente se firmó un convenio de colaboración entre la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones y la Comisión Nacional Antimonopolio, que presiden Norma Solano Rodríguez y Andrea Marván Saltiel, respectivamente; y llega justo en un momento en el que el mercado de telecomunicaciones se mueve y vive una recomposición acelerada, en el que las cifras que hoy se utilizan para medir competencia, participación y poder de mercado están lejos de ser neutras, siendo el caso de Bait el más ejemplificador.

Durante 2024 y buena parte de 2025, Walmart de México reportó a inversionistas que su operador móvil virtual, Bait, que encabeza Gabriel Cejudo, había superado los 19 millones, 21 millones e incluso 26 millones de “usuarios activos”, dependiendo del trimestre y del informe corporativo.

Bajo el criterio oficial, que sólo considera activas las líneas que cursaron tráfico en los últimos 90 días, Bait pasó a tener alrededor de 8.3 millones de líneas activas. Más de 11 millones de SIM quedaron fuera del conteo.

No desaparecieron los clientes, simplemente se dejó de contar como “usuarios” a chips que no se usan. La diferencia no es menor: es casi tres veces menos de lo que la empresa comunica a inversionistas.

La cadena propiedad de Sam Walton utiliza una ventana de 180 días para definir actividad, lo que permite contabilizar líneas que se activaron una sola vez, que permanecen guardadas o que el usuario abandonó. Es una métrica válida para fines corporativos, pero profundamente problemática cuando se filtra al debate regulatorio. Porque en telecomunicaciones, inflar el número de líneas no equivale a ampliar la competencia real.

Aquí aparece el efecto colateral más delicado: la preponderancia de Telcel. Las medidas asimétricas que pesan sobre el operador dominante se basan, entre otros factores, en su participación de mercado medida en líneas activas. Si el mercado se “engorda” artificialmente con SIM inactivas, la participación del operador que dirige Daniel Hajj se reduce en el papel, aunque no cambie el uso efectivo de los servicios ni el poder económico detrás de la red.

En los datos oficiales, Telcel mantiene más de 83 millones de líneas activas, frente a unos 23 millones de AT&T, que capitanea Mónica Aspe; 21 millones de Movistar, que dirige Camilo Aya; y los 8.3 millones de Bait. Ahí la preponderancia no queda en duda. Pero si se aceptan cifras infladas, el regulador corre el riesgo de relajar obligaciones donde aún existe poder sustancial, basándose en una competencia que no se refleja en tráfico, ingresos ni capacidad de inversión.

Bait está convirtiéndose en un actor relevante, sin duda. Ha sacudido precios, ha crecido como ningún otro operador móvil virtual y ha aprovechado el músculo comercial de Walmart y el apoyo que ha encontrado en la estatal Altán Redes. Pero, sin duda, una cosa es competir y otra redefinir el mercado con chips dormidos, que regalan en cada compra de sus clientes.

El nuevo acuerdo entre autoridades puede mejorar la coordinación, pero si no parte de datos homogéneos y rigurosos, corre el riesgo de regular con espejismos. En telecomunicaciones, contar líneas sin uso no fortalece la competencia; sólo confunde al regulador y afecta a toda la industria.

 

RECIÉN CONCLUYÓ la Convención Bancaria, y como parte de ella la Asociación de Bancos de México sostuvo encuentros con autoridades de Estados Unidos, que ya son parte de la nueva normalidad, que sobrevino después del colapso de CIBanco, Intercam y Vector. La asociación que encabeza Emilio Romano no dio a conocer el contenido de las reuniones, y ese silencio no disipa dudas, las amplifica. Y es que la cooperación antilavado cuando se maneja con discreción extrema, la frontera entre coordinación y desconfianza se vuelve difusa. Negar advertencias mientras se intensifican los contactos técnicos parece más una estrategia defensiva que una explicación sólida.

 

UNILEVER ANUNCIÓ una inversión en el Estado de México. La empresa, que en México capitanea Mildred Villegas Sojo, pondrá 9 mil 400 millones de pesos que no sólo amplían plantas, también refuerzan el discurso del Plan México y del “Hecho en México” desde una de las multinacionales más visibles. Este anuncio no se trata solamente de una apuesta vacía, sino de una decisión estratégica de largo plazo. Automatización, tecnología y expansión productiva suenan a futuro, y todo eso deberá convertirse en músculo industrial que se traduzca en más valor local y no solo en mejores reportes corporativos.

 

NO HUBO MESA técnica ni funcionarios alrededor, sólo una llamada directa entre el Presidente de Brasil, Lula da Silva; y la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum; para plantear una idea aún sin forma, y es que el Mandatario sudamericano habló por sugerencia de la CEO de Petrobras, Magda Chambriard, pero sin que ella participara en la conversación, lo que deja claro que el impulso fue más exploratorio que institucional. La posible ayuda de Petrobras a Pemex en aguas profundas vuelve a exponer una brecha técnica que México no ha logrado cerrar. Sin detalles, sin acuerdos y sin responsables visibles, la cooperación queda en el terreno del tanteo político.

 

LAS CONVERSACIONES técnicas del T‑MEC arrancaron sin Canadá y con más cautela que certezas. Marcelo Ebrard celebró el inicio del diálogo, aunque eso no significa que exista un avance real, sobre todo cuando Washington sigue coqueteando con la idea de acuerdos bilaterales. El discurso cordial no oculta que la agenda está cargada de intereses asimétricos, especialmente en materia industrial y de cadenas de suministro, no hay que olvidar que el tratado se está revisando mientras se cuestiona su vigencia, y todo parece ser una negociación a contrarreloj.

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