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Calor, sed y cuentas pendientes: lo que el verano más brutal le costará a México

Por JC Mena Suárez

Hace 1 hora

El Servicio Meteorológico Nacional ya confirmó lo que los ganaderos del norte y los agricultores del Bajío llevan semanas temiendo: la temporada 2026 combina ciclones en ambos litorales, ondas de calor sostenidas y una sequía que no cede en el centro-norte del país. No es un pronóstico catastrofista, es el escenario base con el que operan los modelos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y la Conagua este año.

El calor extremo no es sólo incomodidad humana. Es un multiplicador de pérdidas económicas que pocas veces se contabiliza con honestidad. Las vacas lecheras pierden entre 10 y 25% de su producción cuando la temperatura supera los 25 grados Celsius de manera sostenida, según parámetros del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap); además, la grasa y proteína de la leche disminuyen, lo que encarece el procesamiento industrial. México importa ya 15% de los lácteos que consume -ese porcentaje sube cuando la producción nacional cae.

En paralelo, cultivos como la papa, el jitomate y el maíz blanco son altamente sensibles a golpes de calor: una onda térmica de cuatro días puede reducir hasta 30% el rendimiento en etapas críticas de floración, con impacto directo en el precio al consumidor final. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) estima que el norte y el Bajío concentran más de 60% de la superficie agrícola de riego bajo mayor estrés hídrico este ciclo.

Para los humanos el costo está documentado con precisión oficial. La Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud registró en su Sistema de Vigilancia de Temperaturas Naturales Extremas (Sinave) un acumulado de 956 casos de golpe de calor y 48 defunciones durante la temporada 2024 -cifras que, según el mismo organismo, sobrepasaron en 900% el promedio anual histórico registrado antes de 2023. Los grupos más afectados: adultos mayores, jornaleros agrícolas y trabajadores de la construcción expuestos sin protección. Este año el pronóstico es más severo: temperaturas superiores a 45 grados Celsius ya en abril en Sonora y Coahuila.

Hay quienes argumentan que México tiene capacidad de adaptación -tecnología de riego por goteo, razas bovinas resistentes al calor, programas de alerta temprana de la Conagua. Es cierto, pero esas herramientas llegan tarde, están mal distribuidas geográficamente y no alcanzan al productor pequeño ni al jornalero sin acceso a servicios de salud.

Lo que sí llegará puntual, y ya opera en varias ciudades del norte, es el negocio de las pipas de agua. Eso no es adaptación -es síntoma. La pregunta que los tomadores de decisión deben responder antes del próximo verano es si vamos a seguir pagando el calor por litro o vamos a invertir en infraestructura hídrica y sistemas de alerta agropecuaria que lo anticipen.

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