Coahuila
Hace 5 años
—No lo sé teniente… Esto no me gusta. —Dijo Paxon con su usual tono chillón y melodramático. —Una cosa era buscarlo en el pueblo pero aquí…No creo que nos topemos con sólo un cachorro.
—Sólo sigan órdenes y hagan lo que saben hacer; obtenemos al cachorro y regresamos. —Cyrus no lo volteó a ver mientras hablaba, tampoco veía al resto de sus seguidores, miraba en silencio hacia el exterior.
El Grupo Nubarrón se encontraba resguardado en la recepción de un edificio abandonado que aún se mantenía en buenas condiciones; tomaron posesión de ese lugar en la planta baja pues el teniente Morse sugirió la necesidad de un escape inmediato en caso de ser necesario. El edificio seleccionado era un viejo complejo departamental, clásicamente decorado, desmantelado aunque aún con lo necesario para un descanso reparador; sin duda en pisos superiores el grupo hubiera encontrado mayores comodidades pero alejarse de la entrada les impediría un escape prematuro si algo así fuese pertinente. Se habían posicionado alrededor de cada pared teniendo la puerta principal siempre de frente. La Oruga estaba afuera, estacionada en la parte frontal del edificio, obligando a quien estuviese de guardia el asegurar su conservación. Tras una breve, poco apetitosa y muy escasa comida, el equipo se dispuso a descansar dejando únicamente a Cyrus, como era usual, la asignación del primer turno de guardia.
La noche comenzó tranquila, silenciosa; proporcionaba al capitán la muy rara oportunidad de relajarse, no obstante se mantenía lo bastante alerta para detectar sonidos, sombras o vibraciones en el suelo, eran estas últimas las más preocupantes pues indicaban la presencia de algún sheitan de gran tamaño por los alrededores. Cyrus ya había enfrentado a algunos de estos en el pasado, igual que a cientos de los humanoides; también era uno de los pocos seres humanos que habían visto a uno de los gigantes y salido con vida para reportar su inmenso poder a sus superiores; de hecho nadie conocía mejor a los sheitans en combate que el mismo Cyrus, quien se había mantenido luchando más tiempo que ningún otro, logrando gran conocimiento del funcionamiento de aquellas bestias. Hacía apenas cuatro meses que había conocido de primera mano el horror que genera uno de esos sheitans, hecho que le dejó una impresión que, incluso a él, lo había dejado helado. Al cerrar los ojos veía esas figuras demoníacas acercándose, rugiendo.
Cuando se acercaba la mañana y tras rotar los turnos de vigilia, era Paxon el encargado de hacer guardia, lo que no permitía al resto del equipo un buen descanso gracias a la poca confianza que sus compañeros depositaban en el cabo: Paxon ya había sido sorprendido durmiendo en su turno alguna ocasión lo cual lo había llevado a varios castigos. Paxon se encontraba somnoliento aunque todavía despierto cuando fuera sorprendido por lo que, creyó, era una sombra moviéndose en el exterior; no estaba lo bastante alerta como para identificarlo claramente a través de la ventana pero sin importar que fuera, no valía la pena arriesgarse por lo que optó por avisar a sus compañeros.
—Ehhh, amigos, despierten, por lo que más quieran, despierten ya. —Susurraba, se veía notablemente alterado, ya sea que fuera un sheitan, algún sobreviviente o un pequeño animal rondando la zona; Paxon no era el tipo de persona con la capacidad de mantener la calma en
situaciones de estrés por lo que sudaba copiosamente al mismo tiempo que miraba rápidamente a cada lado. —Hay algo afuera. —Comentó tan calladamente como pudo.
—Tranquilo. —Respondió impasible el capitán. No importaba la situación en que se encontrara su rostro jamás reflejaba indicios de tensión o ansiedad. —Cálmate y dinos: ¿qué viste?
—Vi… algo… allá afuera, está muy oscuro y no pude distinguirlo bien pero les aseguro que alguien, o algo estaba caminando por la calle. —Guardó unos instantes de silencio. —Escuchen amigos debemos irnos de aquí, esto no me gusta nada. —De esta forma, mostrando una cantidad ínfima de valor, fue que terminó de hablar, no quedaba más opción que aguardar las órdenes del capitán.
—¿Estás seguro de que viste algo, no te habrás quedado dormido otra vez hermano? —Le reprendió Duke, quien lo conocía muy bien, lo suficiente para no creer cada cosa que decía su nervioso y asustadizo amigo de borracheras.
—Claro que no hombre, estaba totalmente despierto, les aseguro que hay algo allá afuera. —Le respondió batallando para mantener bajo su tono de voz.
El equipo se encontraba en silencio tratando de escuchar cualquier tipo de ruido que les indicara la presencia de algún indeseable en la zona… Nada.
—No escucho nada. —Dijo Horn en voz muy baja. —Tal vez sería bueno que mandemos a Paxon a investigar. —Agregó sonriendo. —Amigo no digas esas cosas. —Le increpó nervioso el ofendido levantando levemente la voz, lo que ocasionó que el resto del grupo lo reprendiera en silencio.
—De nada sirve que nos quedemos aquí orinando los pantalones, capitán, ¿qué hacemos? —Fue la pregunta realizada por el segundo al mando, el teniente Morse, quien ya conocía la respuesta de Cyrus pero, por respeto, esperaba a que fuera el propio capitán quien diese la orden. Cyrus lo volteó a ver seriamente, con expresión que indicaba que, tanto él como Morse, habían estado en esa situación antes, obviamente habían salido con vida.
—Ricco, Stern, ustedes dos salgan y revisen el perímetro, no se alejen más allá de dos calles a la redonda y no hagan ningún ruido, tengan cuidado.
Fue la indicación del capitán, los soldados le obedecieron sin responder mientras Paxon se alegraba del hecho de que el chiste de Horn no lo hubiera implicado en la misión.
La ciudad no había sido seriamente dañada por ataques de sheitans pues no era muy grande, se encontraba alejada de las metrópolis y fue prontamente evacuada al inicio del cataclismo. Tiempo atrás era una urbe de, aproximadamente seiscientos mil habitantes; notoriamente más grande que el poblado más cercano, de donde los militares venían, pero no lo bastante imponente como para atraer sheitans que deambularan las carreteras en búsqueda de presas. No todo era tan positivo, se había visto afectada por el surgimiento de algunos pozos, si bien no muy grandes ni tampoco muy numerosos, de donde surgieron varias criaturas; algunas habrían de seguir en la región. La sombra que Paxon vio pudo ser la del cachorro que estaban buscando, la de su madre o, malo el caso, algún otro solitario sheitan que estuviera vagando al buscar alimento; también podría tratarse de algún sobreviviente que huyera de algún campamento destruido (lo que no era poco común) y que recorriera las ruinas en busca de comida o refugio, o también pudo ser algún animal que husmeara los alrededores. Respecto a los sobrevivientes, la mayoría de estas personas eran hombres y mujeres
honrados en busca de sobrevivir, y a quienes el Grupo Nubarrón habría brindado ayuda en un abrir y cerrar de ojos, sin embargo algunos no eran precisamente tranquilos, muchos estaban armados y abrían fuego contra cualquier objeto que se moviese, atrayendo así a cualquier criatura en la zona; por ello incluso los sobrevivientes eran catalogados como peligrosos y habían de ser manejados con cautela. Ciertamente eran ellos una mejor alternativa a enfrentar que los sheitans.
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