Espectáculos
Por
@Frank Estrada
Publicado el sábado, 10 de abril del 2010 a las 14:00
Saltillo, Coah.- Si recordar es vivir, don Jesús Ramos y don Valdemar Saucedo vistieron de nuevo el traje de luces, cogieron el capote y conjuraron la suerte de montera durante la tarde del jueves en el Museo de la Cultura Taurina, donde inauguraron el ciclo de charlas sobre toros y toreros.
Ambos iniciaron tibios, alternando el micrófono con nerviosismo; pero alentados por el numeroso público en el recinto, las dos figuras tomaron brío y lograron una amena charla que revivió momentos épicos de la fiesta en Saltillo.
Al inicio del evento, Ariel Gutiérrez, director del museo, afirmó que el ciclo pretende establecer una memoria oral de la tauromaquia saltillense.
Destino escultor
El tema que se posicionó como eje central fue el de cómo se forman las grandes figuras taurinas. El de ese brillo en un novillero que vaticina el surgimiento de una leyenda.
“El que nace para torero, torero será”, afirmó don Jesús y don Valdemar lo complementó: “Para ser torero, hay que verse como torero”. Tras esas afirmaciones repasaron a figuras como Eloy Cavazos, Valente Arellano, Manolo Martínez, en quienes el señor Saucedo identificó ese fulgor mientras toreaban novillos en su propia ganadería.
Ante la pregunta de por qué no ha surgido una nueva gran figura taurina en el norte, los expositores dieron razones como la falta de novilladas, de maestranzas, de apoyos, pero hay algo más.
“Saltillo ha tenido grandes figuras del toreo; hemos visto jóvenes prometedores, de los que luego no sabemos nada. Otros muy buenos sí siguieron y no brillaron. Por eso digo que las grandes figuras son cosa del destino”, aseguró don Jesús.
Evocación
Quizá la razón por la que el tema se ancló fue la evocación del gran Héctor Saucedo, matador saltillense cuya cita con la leyenda quedó sellada con su muerte prematura.
Un repaso a su vida bastó para dejar clara la idea del destino que esculpe y que también quita. Mientras unos hablaban de la falta de apoyo o novilladas, la vida de Héctor Saucedo dejó claro que quien “nace para torero, torero será”.
“Héctor se fue de muy joven a Durango. Allá entró a un rancho y aprendió todo lo que pudo con los becerros. Pagó su enseñanza con trabajo”, aseguró don Valdemar.
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