Coahuila
Por María José César
Hace 1 semana
¿Te has dado cuenta de cuántas veces dejamos de hacer algo que queremos por miedo a lo que van a decir los demás? A veces no tomamos una decisión, no emprendemos un proyecto, no cambiamos nuestra imagen o no expresamos lo que sentimos por temor a ser juzgados.
La reflexión de Freddy DeAnda sobre que, hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que te critique, nos invita a pensar en una realidad: no podemos controlar lo que los demás piensan de nosotros, pero sí podemos decidir cuánto poder les damos a sus opiniones.
Si eres una persona reservada, alguien puede decir que eres aburrida; si eres extrovertida, pueden decir que quieres llamar la atención. Si ayudas a los demás, habrá quien cuestione tus intenciones, y si decides poner límites, habrá quien te considere egoísta. Incluso cuando hacemos las cosas con la mejor intención, no podemos evitar que cada persona las interprete desde su propia perspectiva, sus experiencias y sus creencias.
El problema comienza cuando permitimos que esas opiniones definan nuestro valor o dicten nuestras decisiones. Poco a poco, empezamos a vivir buscando aprobación, intentando encajar y esforzándonos por ser la persona que los demás esperan que seamos. Y en ese intento podemos terminar alejándonos de quienes realmente somos.
Pero hay algo muy importante que debemos entender: no se trata de ignorar todas las críticas ni de creer que siempre tenemos la razón. Hay comentarios que pueden ayudarnos a crecer, mostrarnos nuestros errores y hacernos mejores personas. La clave está en aprender a distinguir entre una crítica constructiva, que nos ayuda a mejorar, y un juicio que solamente busca descalificarnos.
Por eso, antes de darle importancia a una opinión, podemos preguntarnos: ¿esta persona me está hablando con respeto?, ¿su comentario tiene algo que enseñarme?, ¿o estoy dejando que sus palabras me hagan dudar de mí misma?
También tenemos que recordar que no somos responsables de cumplir las expectativas de todo el mundo. Somos responsables de nuestras acciones, de nuestros valores, de la manera en que tratamos a los demás y de aprender cuando nos equivocamos.
Al final, la vida es demasiado corta para tomar todas nuestras decisiones desde el miedo al qué dirán. No esperemos a tener la aprobación de todos para empezar ese proyecto, perseguir un sueño, cambiar de rumbo o simplemente ser nosotros mismos.
Porque sí, probablemente habrá personas que nos critiquen. Pero también habrá personas que nos apoyen, que nos quieran y que nos acepten tal como somos.
La verdadera libertad comienza cuando dejamos de preguntarnos cómo vamos a quedar ante los demás y empezamos a preguntarnos si estamos viviendo de acuerdo con lo que realmente creemos y queremos.
Así que la próxima vez que tengas miedo de hacer algo por lo que puedan decir de ti, recuerda: no tienes que gustarle a todo el mundo. Tienes que aprender a vivir en paz contigo mismo, actuar con integridad y tener el valor de ser auténtico, incluso cuando no todos estén de acuerdo contigo.
“Que las críticas de los demás no te cuesten la libertad de ser quien eres”.
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