Saltillo

Publicado el domingo, 9 de noviembre del 2025 a las 04:01
Saltillo, Coah.– La revaloración arquitectónica de los edificios históricos de Saltillo –templos, casas habitación, plazas públicas y otros inmuebles– es un fenómeno relativamente reciente. Por muchos años, las autoridades federales y municipales permanecieron al margen de su regulación y restauración. Fue hasta marzo de 2012, tras la demolición del edificio Coahuila, cuando comenzó a impulsarse el diseño de calles y corredores peatonales en el Centro Histórico.
Como parte de estas acciones, el área verde de la plaza Ignacio Zaragoza se extendió hacia el sur hasta la calle Juan Antonio de la Fuente, lo que implicó la supresión del tránsito vehicular en la calle Ateneo, en el tramo comprendido entre General Cepeda y Vicente Guerrero. Años antes, los atrios de los templos de San Francisco y Bautista ya se habían ampliado gracias a la cancelación de un segmento de la calle V. Guerrero. Posteriormente, a partir de 2020, se consolidó la configuración del actual Paseo Capital.

Crónica de una pérdida urbana
La realidad saltillense está colmada de paradojas, al menos en lo que respecta a la conservación de sus edificios históricos.
En la plaza Ignacio Zaragoza comenzó también la destrucción del escaso patrimonio cultural y arquitectónico. Primero se demolió la torre de tejamanil del templo Bautista, luego el campanario del templo aledaño. Y por si eso fuera poco, se retiró el estrado desde donde el maestro Pompeyo Sandoval empuñaba la batuta para dirigir a los músicos de la Banda del Estado, que jueves tras jueves al atardecer deleitaban a la concurrencia con marchas, pasos dobles y danzones.
El kiosco, hecho de madera y fierro vaciado, fue desmantelado y desapareció misteriosamente. En su lugar se colocó una fuente de cantera que, de los siete días de la semana, ninguno funciona. Hoy está convertida en un contenedor de desechos. Después de lo ocurrido en esa plaza, otras edificaciones también fueron víctimas de la mano del hombre. La más recordada fue la destrucción del edificio que se asentaba entre las calles Victoria y Allende, y quizá algunas demoliciones de residencias en la calle Victoria, con más valor sentimental que arquitectónico.

La casona del Callejón Santos Rojo
Ubicada al costado norte de la Catedral de Saltillo, la llamada Casona del Callejón Santos Rojo actualmente alberga un restaurante y, en su parte posterior, un estacionamiento. El predio sobre el que se asienta es irregular, con una superficie estimada de 3,400 metros cuadrados. Su polígono rectangular se encuentra delimitado al oriente y poniente por los callejones Santos Rojo e Ildefonso Vázquez, y al norte y sur por las calles Hidalgo y Bravo.
Sobre sus antiguos moradores circulan leyendas que van de lo cómico a lo sobrenatural. De manera objetiva, se trata de un inmueble de principios del siglo 19 que, aunque modesto, refleja la arquitectura tradicional de adobe característica de Saltillo.
No obstante, en el catálogo del INAH no figura como inmueble protegido. A simple vista, sus muros exteriores muestran las huellas de sucesivas capas de pintura aplicadas según el gusto de distintas administraciones municipales. En el interior conserva un patio central, rodeado de cuartos interconectados por vetustas puertas de madera de dos hojas.
Destaca, por su contraste, la incorporación reciente de una estructura metálica que sostiene un toldo o malla sombra para cubrir del sol y el frío a los comensales que son atendidos en ese espacio semiabierto.
Ventajas de demolerla

Superficie peatonal
Centros históricos de México
La Ciudad de México se distingue por contar con la mayor extensión de calles y corredores peatonales en su Centro Histórico. Se estima en 250 mil metros cuadrados, lo que la coloca como líder en Latinoamérica en materia de vialidades no motorizadas. Le siguen las ciudades de Puebla, Oaxaca, Guadalajara y Morelia, que destacan tanto por su densidad patrimonial como por sus áreas exclusivas para transeúntes.
En contraste, la dimensión del área caminable en el Centro Histórico de Saltillo, según datos publicados por el Implan, permanece desactualizada, ya que no incorpora los recientes cambios en la red vial. No obstante, incluso con las adecuaciones más recientes, se trata de una superficie modesta, muy distante del “top ten” nacional. La ausencia de políticas públicas de desarrollo urbano orientadas al primer cuadro de la ciudad, durante las últimas administraciones municipales, ha contribuido al progresivo empobrecimiento del corazón de la capital coahuilense.

Es probable que los antropólogos urbanos y especialistas en arquitectura y urbanismo respondan con un sí. Su decisión de tirarla la justificarían por varias razones…(Continuará)
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