El esfuerzo de miles de ciudadanos que se encargaron voluntariamente de integrar las casillas; del trabajo de los partidos políticos participantes, de sus candidatos, de los medios de comunicación y de las autoridades electorales, sin duda despertaron en nosotros el sentido de la responsabilidad, para obligarnos a participar en esta histórica jornada electoral celebrada el domingo pasado en nuestro Estado.
Fue una elección distinta en la que había solo dos opciones: por un lado la posibilidad de establecer un nuevo régimen gubernamental en nuestro estado, el cual cada día se presenta con mayor incertidumbre y por el otro, seguir sorteando las políticas ya establecidas, que aunque cuestionadas, nos han permitido, hasta ahora, caminar sin sobresaltos. El resto, a decir verdad, solo fueron “llamaradas de petate” que jamás representaron una verdadera alternativa.
Nuestros gobernantes sabían que los coahuilenses no nos conformaríamos sólo con el cumplimiento de la ley electoral, sino que ahora reclamábamos actos verdaderamente comprometidos: autoridades electorales competentes y justas y gobiernos no entrometidos en la decisión que sólo a nosotros nos correspondía tomar.
Durante casi seis años vivimos una lucha diaria entre los actos de un gobierno federal represor contra un pueblo coahuilense resistente y rebelde, por lo que fue el momento de demostrar que los programas sociales clientelares no son suficientes ni necesarios para un pueblo acostumbrado a trabajar arduamente y capaz de alcanzar el nivel económico que queramos, que nuestras necesidades son otras, como la de ser respetados como estado pujante y colaborador en gran medida del presupuesto nacional.
Conscientes de todo lo esto, convertimos esta elección en el escenario de oportunidad para demostrar al resto de la nación que somos una sociedad distinta y capaz de elegir razonadamente a nuestros gobiernos y representantes, sin manipulaciones, sin temores infundidos desde los discursos mediáticos, pero sí comprometidos con la legalidad y la paz, con todo eso salimos a votar.
Al árbitro hizo lo propio, organizó y condujo la elección con base en una ley electoral que cada día le dota de más poder y facultades, pero que le obliga a ejercerlas con justicia, sin favoritismos, para dejar entonces, que la política fuera el único instrumento y el material que recubriera la acción de todos los partidos políticos y sus candidatos. El Consejo General del Instituto Electoral de Coahuila logró que cada voto que se emitió estuviera avalado, protegido y respetado, por ser el producto de la decisión libre del ciudadano.
Por todo lo anterior, los ciudadanos podemos estar tranquilos, porque por nosotros no quedó, salimos a votar y volvimos a confiar en ellos, ahora corresponderá a los elegidos asumir con responsabilidad el mandato ciudadano para establecer, como lo prometieron en campaña, un nuevo gobierno en el que la justicia social sea la base para la conformación de acuerdos y que desde ahora, la política deje de ser un instrumento de revanchas para convertirse en el espacio ideal para encontrar alternativas de solución a los grandes problemas. Esperemos entonces que cumplan, y que lo que siga sea únicamente el diseño de políticas públicas pertinentes, que lo único que busquen sea el camino para lograr el Coahuila que evidentemente merecemos.
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