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Coahuila

‘Cuánto mayor el obstáculo… más gloria en superarlo’

Por María José César

Hace 4 años

“Quien no ha afrontado la adversidad, no conoce su propia fuerza”, Ben Johnson

Peter Marshall decía que es natural que anhelemos una vida sin dificultades, pero que los robles crecen con la fuerza de los vientos en contra y los diamantes nacen bajo presión.

Y es que los problemas son como las piedras, podemos utilizarlos como anclas para hundirnos o como escalones para subir.

En todas las etapas de la vida, hay gozos y sinsabores. Todos solemos experimentar una infinidad de situaciones, sencillas, gozosas, complejas, difíciles de comprender, confusas, complicadas, inciertas, injustas… muchas en su mayoría sin explicación y que no tienen respuesta. No hay quién no viva un poco de todo, porque ese poco de todo es parte de la experiencia de la vida. Aprender a vivir el gozo y la adversidad.

Recuerdo que en una ocasión, el padre Juan Ruiz me dijo una frase que se me quedó grabada “El camino de la vida, es como una montaña rusa, en ocasiones estamos arriba, y en ocasiones la caída parece muy profunda. Solo hay que procurar, no querer quedarnos en esa caída, ni que esa bajada dure mucho tiempo”.

Debemos recordar que la vida está llena de obstáculos, dificultades, injusticias… pero que Dios nos da y nos dará las armas para afrontar cada situación, y que cada situación viene a exigirnos trabajar en nosotros mismos y ese “para algo” trae envuelto un aprendizaje. De la misma forma ese “algo” viene a hacer algo en nosotros.

¿Qué momentos difíciles estás viviendo ahora mismo en tu vida?

¿Qué situación vives con dolor? Ya sea porque es algo que se escapa de tu control o consecuencia de tus decisiones, si en este momento te corresponde afrontar una dificultad que sientes que te supera, detente un momento.

Reconoce cómo te sientes. Reconoce y abraza el “no estar bien”, estar inquieto, triste, confundido. Escríbelo, háblalo, llóralo. Date permiso de aceptar lo que habita y cada emoción, no lo tapes. Reconocer, mirar y aceptar, será el primer paso que te ayudará a soltar la necesidad de controlar lo incontrolable.

Permítete mirar la situación. Observar con claridad te permitirá aceptar la realidad, por más dolorosa que sea. Acepta la situación y reconoce con lucidez, lo malo y lo bueno. Aceptar no significa que estás de acuerdo, sino que dejas de estar en resistencia y en la negación con eso que está sucediendo.

En esta situación, ¿qué depende de ti? ¿qué puedes hacer tú? ¿cuál consideras que es tu responsabilidad? Enfócate en dar pocos pasos pero sencillos de amor, de afecto, de apapacho, con quien te necesita.

Haz lo que está de tu parte para que quien sufre contigo se sienta consolado y acompañado.

Acércate a Dios, cierra los ojos, ofrécele este dolor y esta situación. Pídele su fuerza, la fe y esperanza para atravesar esta experiencia. Pídele a los ángeles que te acompañen y guíen para cada decisión e intercedan.

Esto que estás viviendo, ¿En qué te exige o te hace ser mejor?

Reconoce los aprendizajes. Escribe las luces que identificas, la nueva mirada que tienes hoy sobre las cosas. Escribe para no olvidar y para echar raíz en tu propia vida.

Cultiva en la medida posible el agradecimiento. Repite constantemente: “Gracias Dios por todo”. Busca pensar en las bendiciones que tienes y dones de Dios.

Hellen Keller decía que el carácter no puede desarrollarse en la paz y la quietud. Que solo por medio de las dificultades y del sufrimiento, podremos fortalecer el espíritu, inspirar nuestra ambición y lograr el éxito.

Recuerda que cada obstáculo representa una misión.

Toda prueba produce carácter, madurez, renovación, sabiduría y un nuevo nivel de bendición. Busca vivir esto con el lema “un día a la vez” y tratando de dar lo mejor de ti. Por más difícil o lejano que parezca, recuerda que cuando termina la tempestad, viene la calma. Que el mañana podrá presentarnos otra oportunidad y un nuevo milagro, y que siempre hay esperanza mientras tengamos vida.

No te sueltes de la mano de Dios, Él es el único que te ayudará a atravesar la tormenta.

“Mientras más fuertes sean tus pruebas, también más grandes serán tus victorias”

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