La violencia se ha extendido a todas partes. No se entiende el porqué de tanta agresividad sin importar la edad de las personas, ni su escolaridad, condición social o económica.
La violencia tal vez sólo se le equipara con la tortura, con la utilización de armas; sin embargo, hay una forma de agresión que lleva un alto riesgo y se da a través de las discusiones.
Es verdaderamente inaceptable que en un recinto oficial -el que sea- se escuchen discusiones subidas de tono donde salen a relucir no sólo las antipatías de unos a otros por cuestiones partidistas, sino que se escuchen mentiras, malas palabras, como las que recién se escucharon en la Cámara de Diputados.
Hay algunas cosas que debe tener presente un diputado, senador o funcionario público. Los cargos no son regalos sino encomiendas para servir al país. Las dietas, sueldos, compensaciones o como les quieran llamar, proviene del dinero de los contribuyentes no de la cartera de su partido político, mucho menos del presidente en funciones, a quien también se le paga por servir a TODOS los mexicanos no sólo a sus
seguidores.
Es decir, fue electo por el voto popular para gobernar un país maravilloso llamado México, al que tiene hoy con la criminalidad a todo lo que da y poniéndonos a todos los mexicanos en riesgo.
¿Por qué el comportamiento inadecuado de algunos diputados en el Congreso? Quizás por su ignorancia, por su falta de conocimientos de los temas a tratar, por creer que todo lo que les ordena el presidente desde Palacio Nacional, lo tienen que acatar sin siquiera leerlo.
Un legislador que conoce sus funciones o desea aprender, al menos leería lo que se le entrega para así poder hacer un análisis y después aprobarlo, siempre y cuando sea para bien del país.
No hay duda de que la educación es muy importante, porque realmente ha sido una gran decepción ver una clase política mediocre y encima, ignorante.
Y debemos preocuparnos y ocuparnos porque está afectando de manera directa a nuestros niños y jóvenes. Por una parte, están los libros de texto que se aprobaron y ocultaron su contenido hasta el momento de entregarlos.
Por el otro lado, está el comportamiento de quienes se ostentan como “transformadores” de una sociedad y del país, por supuesto.
Individuos que son verdadera vergüenza para los mexicanos porque resultaron peores que aquellos a los que tanto han estado criticando.
Señalamientos, discusiones, agresiones físicas o verbales, sólo demuestran el nivel de educación de quien pretende lucirse evidenciando a los demás.
Bien decían nuestros mayores que la educación se aprende en casa y con el ejemplo. Recuerdo las palabras de mi abuela que decía convencida “ante una diferencia de opiniones, se dialoga, no se agrede; si una de las partes grita o se exalta no le sigan el juego, más vale que haya un loco y no dos”.
Con el correr de los años se va comprendiendo mucho mejor lo aprendido en la niñez. Las enseñanzas o consejos que recibimos en el hogar de nuestros padres van a estar presentes siempre; porque la educación, como bien lo decían ellos, se inicia en el hogar, desde la cuna y con el ejemplo.
Los valores ahí los aprendimos, fueron parte importante en nuestra formación. Ante todo, aprendimos a respetar, ya sea los lugares a donde nos llevaban nuestros padres, como a las personas, nuestros vecinos, compañeros; a compartir espacios; aprendimos, además, a intercambiar opiniones, es decir, a dialogar. A platicar sin gritos, como personas educadas.
Es lamentable observar el comportamiento de algunas personas, ya sea en el sector oficial, en cualquier círculo social o cultural; un lugar público o privado reclamando airadamente, inventando situaciones que no existen más que su mente enferma de soberbia y por supuesto, sin gota de educación.
Una persona que no sabe comportarse en público más vale alejarse de ella. Son personas tóxicas que con su presencia dañan el ambiente, el que sea. Además de que causa un malestar a otros con su actuar, se pone en evidencia a sí misma, ya que demuestra su origen donde la ética y la moral se ausentaron o nunca estuvieron presentes en su formación.
Cuestión de educación y principios que se aprenden, no se compran.
En política, fácil, no permitir que lleguen a las Cámaras o a ocupar cargos, quienes han demostrado ser ineficientes. Hay que observar muy bien el comportamiento, su forma de conducirse, de actuar porque los ciudadanos nos merecemos una mejor representación y ante todo, el país. No queremos “sabuesos” en un congreso, deseamos diputados, senadores con calidad humana, con conocimientos donde se imponga la preparación, el amor a México y no el servilismo.
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