Nacional
Hace 4 años
Por: Irene Spigno
Cada año, el 27 de enero, se celebra el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.
Hace 77 años en esta misma fecha, las tropas soviéticas liberaban el campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau en Polonia. Un hecho simbólico este que marcó el inicio del fin de aquella barbarie y depravación máxima que había generado una inmensa maquinaria de muerte que cobró la vida no solo de 6 millones de personas judías, sino que de millones de otras personas (romanís y sintis, personas con discapacidades físicas y mentales, homosexuales, entre otras), víctimas de una furia asesina estratégicamente calculada y organizada.
Aunque solemos llamar “el Holocausto” (con H mayúscula) a la persecución y aniquilación sistemática por mano de la Alemania nazi y de sus colaboradores entre 1933 y 1945, principalmente en contra del pueblo judío, en realidad ese no es el único holocausto que hemos vivido. Probablemente sí, ha sido el más escandaloso.
Seis millones de víctimas (aunque en realidad sean muchas más), la realidad de los campos de concentración, la existencia de una política de exterminio, etc. hacen mucho ruido.
Ruido amplificado por la consiguiente revolución que, a partir de la conciencia de la atrocidad del Holocausto, generó un importante cambio de paradigma en la protección de las personas, de su dignidad y derechos humanos.
Pero hay otros holocaustos, quizás silenciosos en sus dinámicas, que no son parte de una política o estrategia de exterminio, pero igual de escandaloso en sus consecuencias.
En México, en el siglo 21, casi 80 años después de la liberación de Auschwitz, existen muchos holocaustos silenciosos.
Es un holocausto silencioso el de las más de 90 mil personas desaparecidas en nuestro país.
Es un holocausto silencioso el de los miles de mujeres que todos los años son víctimas de la violencia feminicida por el simple hecho de ser mujeres.
Es un holocausto silencioso el de centenares de personas defensoras de derechos humanos y periodistas asesinadas todos los años.
Claro, México no es Auschwitz. Y en nuestro país no hay una política de exterminio. Es más, México es uno de los países donde se han registrado importantes avances en la protección de los derechos humanos con la construcción de un muy relevante aparato normativo y jurisprudencial. Sin embargo, el número de víctimas es todavía demasiado alto.
El resultado propio de un holocausto es el siguiente: al final, todo se queda quemado. Su significado literal lo explica: en griego antiguo, la palabra “holocausto” significa: “todo quemado”, de olos, que significa “todo” y kaustos o kautos, que significa “quemado”.
Cuando los soldados del Ejército Rojo entraron a Auschwitz, encontraron un panorama de total destrucción y miles de personas en condiciones infrahumanas vagando sin rumbos, privadas de su propia dignidad como seres humanos. Así mismo, 77 años después, las desapariciones, los feminicidios, los asesinatos de personas defensoras y de periodistas entre otros, significan esto: una profunda destrucción de nuestro bien más importante: la vida y la dignidad como seres humanos.
Y Diké, desde el alto del Monte Olimpo, nos recuerda que una de las lecciones más importantes que “el Holocausto” nos ha dejado es la importancia y necesidad de construir procesos de verdad y memoria para que ciertos hechos no se repitan. Nunca más.
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