Llegó de San Pedro de las Colonias, Coahuila, a radicar para siempre en la capital del estado, en compañía de su familia, que procreo con doña “Coco”, como él le decía cariñosamente.
Jesús Guerrero fue boxeador profesional en su tierra natal, duro deporte que realmente practicó poco tiempo. La necesidad lo hizo emigrar con su aún joven familia hasta Saltillo, donde se dedicó a todo. Él traía en sus venas eso del comerciante, y a eso se dedicó el resto de su vida.
Inicialmente instaló una churrería en la calle Juárez, muy cerca del ahora desaparecido Cine Royal, donde los aromas atraían a la clientela.
Un día llegué sin conocerlo al negocio y le pedí unos churros y quedé fascinado con esta variedad de pan, y como chismoso que soy, le pregunté ¿y cómo se hacen los churros?
-¡Ahí pregúntele a mi bisabuelo!, y ambos reímos por la contestación. De ahí surgió una relación que me llevó a conocer parte de la vida de este singular comerciante y líder de pequeños oferentes, que luchó por ellos en momentos en que la autoridad municipal tuvo la “grandiosa” idea de retirarlos de las banquetas del primer cuadro de la ciudad, donde tenían su principal mercado. Jesús Guerrero y otros líderes como Juan Cantú, Aniceto Bustos y Mario Villanueva, pugnaron por una zona peatonal, que originalmente se denominó “Eduardo M Suess”, comerciante de origen europeo, uno los sucesores de la Ferretera Sieber, de onda tradición en Saltillo que se distinguió por ser un altruista ciudadano.
Guerrero cedió su local a una de sus hijas y decidió instalarse en la banqueta de su domicilio en Juárez y Matamoros con un negocio de tortas, (lonches en pan francés de carnes frías y carne de puerco a la plancha, así como otros productos).
La anécdota
El hombre atiendía personalmente el negocio y solía arremangarse la camisa, mostrando sus bien logrados bíceps, producto de la practica del boxeo. Uno de tantos niños que acudía a la Escuela Coahuila por la misma calle de la tortería, le gritó, ¡mira, parece Popeye! Y cada que pasaban los chamquitos escolares le gritaban ¡Popeye!, y decidió ponerle así.
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