El sector militar del PRI desapareció en 1946, después de su incorporación al Partido de la Revolución Mexicana en el Gobierno de Lázaro Cárdenas, pero conservó una cuota de gobernadores. El general Absalón Castellanos (Chiapas, 1982-1988) cerró ese ciclo.
Acusado por las comunidades indígenas de fanático, represivo y de haber utilizado el cargo para enriquecerse, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) lo capturó el 1 de enero de 1994 en su finca El Momón y lo declaró prisionero de guerra.
Un tribunal zapatista condenó a Castellanos a vivir “hasta el último de sus días con la pena y la vergüenza de haber recibido el perdón y la bondad de aquellos a quienes tanto tiempo humilló, secuestró, despojó, robó y asesinó” (Wikipedia).
El EZLN lo entregó el 16 de febrero al comisionado Manuel Camacho y al Obispo de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz, para “favorecer la distensión en la zona de conflicto durante la realización del diálogo para la paz con dignidad”. El exgobernador falleció el 10 de marzo de 2017 a los 93 años.
El paso de los militares por la política ha estado marcado por la corrupción y los abusos, con algunas excepciones. Máximo Ávila Camacho (Puebla) y Gonzalo N.
Santos (San Luis Potosí) acrecentaron esa fama.
Uno de los generales que se apartaron de la norma fue Raúl Madero González, Gobernador de Coahuila en el periodo 1957-1963. Más tarde, el subsecretario de la Defensa, Juan Antonio de la Fuente Rodríguez, parecía perfilado para la sucesión de 1981, pero murió el 13 de diciembre de 1979 al desplomarse su helicóptero debido al mal clima.
Un caso similar ocurrió en Baja California en 1977. El general Hermenegildo Cuenca, secretario de la Defensa en el Gobierno de Luis Echeverría, falleció a la mitad de su campaña. El PRI lo reemplazó con Roberto de la Madrid. A los 18 años, Cuenca había sido uno de los cadetes del Colegio Militar que escoltaron al presidente Venustiano Carranza a Aljibes, Puebla, antes de su asesinato en Tlaxcalantongo, el 21 de mayo de 1929.
Con el tiempo, los conflictos sociales rebasaron a los gobernadores castrenses. Uno de los últimos casos fue el de Graciliano Alpuche (Yucatán), quien renunció en 1984 para ser sustituido por Víctor Cervera.
El Partido de la Revolución Mexicana, sucesor del PNR y precedente del PRI, se formó en 1938 con cuatro sectores: obrero, campesino, militar y popular. “La incorporación del sector militar al nuevo partido fue la más discutida, ya que se temía que la participación formal en la política del Ejército nacional crearía divisiones a su interior, poniendo en riesgo la estabilidad del país” (Del Partido de Grupo al Partido de Masas: La transformación del PNR al PRM, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México). El presidente Ávila Camacho dio los primeros pasos para apartar a las Fuerzas Armadas de la política.
La era de los presidentes militares terminó con Ávila Camacho, cuando el PRM postuló a Miguel Alemán. “De ese modo comenzó la desincorporación castrense de las actividades políticas –que de manera definitiva se presentó en 1945 con el decreto que impedía cualquier participación política de militares en activo–, reservándole exclusivamente las tareas propias de la milicia y la salvaguarda de la soberanía nacional” (Crisis política de 1938 y Nuevo Rumbo de la Revolución, Alfredo Corona Fernández, 2002).
El subsecretario de la Defensa Nacional, André Georges Foullon, declaró este viernes, en la celebración por el 108 aniversario del Ejército, que la institución es “pilar de la democracia y del ordenamiento jurídico constitucional”. Algo digno de tomar en cuenta ahora que la democracia está amenazada, no solo en México, sino en el mundo.
Más sobre esta sección Más en Coahuila