Saltillo

Publicado el viernes, 18 de septiembre del 2026 a las 14:20
Saltillo, Coah.- Esta vez no fue él quien llegó con la cámara colgada al hombro. No hubo que buscar el mejor ángulo, adelantarse unos pasos para conseguir la fotografía ni esperar ese instante que durante décadas Oliverio del Ángel Pérez aprendió a reconocer detrás del visor. Esta vez, él estuvo en primera fila.
Familiares, amigos y colegas del gremio periodístico se reunieron en las capillas Jardines de los Pinos, en Saltillo, para darle el último adiós al fotógrafo que durante décadas hizo de las calles, los eventos sociales, las ceremonias oficiales y las coberturas periodísticas parte de su vida y que la mayoría nombraba como “Compañerito”.
Su muerte, ocurrida este jueves a los 65 años, corrió rápidamente entre las redacciones de Saltillo. Apenas el pasado 15 de septiembre sus compañeros de El Diario de Coahuila lo habían visto salir a cumplir con su agenda, como tantas veces lo hizo durante años. Días después, una neumonía que se complicó obligó a hospitalizarlo; finalmente, su estado de salud se agravó hasta provocar su fallecimiento.
Las despedidas que comenzaron a aparecer tras conocerse la noticia terminaron por dibujar otra fotografía de Oliverio: la que nunca necesitó una cámara.
Quienes coincidieron con él lo describieron como un hombre amable, sonriente, servicial y trabajador, fotógrafo decano, “servicial y atento”, pero también por aquel saludo que conservó con los años y que revela parte de su carácter: trataba con familiaridad a quienes encontraba una y otra vez durante las coberturas.
Otros lo despidieron justamente como “el Compañerito”, ese sobrenombre que terminó por resumir décadas de encontrarse con reporteros y fotógrafos en ruedas de prensa, eventos, guardias y jornadas que podían comenzar temprano y terminar cuando la noticia quisiera. Integrante de la vieja escuela del fotoperiodismo saltillense, “amable, sonriente y trabajador como pocos”.
En Jardines de los Pinos ya no hubo una cobertura que esperar ni otra fotografía por enviar a la redacción. Hasta ahí llegaron quienes compartieron con él años de trabajo y quienes conocieron al hombre que existía detrás de la cámara.
Le sobreviven su madre, sus hermanas y su hija Alondra. A sus compañeros les queda también una colección distinta de recuerdos: las guardias, las bromas, los saludos y los incontables encuentros en alguna esquina de Saltillo donde había algo que contar.
Porque durante décadas Oliverio se encargó de guardar en fotografías fragmentos de la historia de otros.
Oliverio no solamente fotografió noticias. Durante años retrató bodas, cumpleaños, reuniones y celebraciones de familias saltillenses; su nombre quedó impreso al pie de incontables fotografías de sociales. Pero cuando la redacción lo requería, cambiaba los festejos por acontecimientos políticos, policiacos, deportivos o emergencias. Archivos periodísticos de hace más de una década todavía conservan páginas enteras acreditadas con la firma “Fotos: Oliverio del Ángel”.
Su compromiso con el oficio tuvo uno de sus episodios más recordados en 2016.
Oliverio acudió entonces a cubrir un incendio en la Sierra de Zapalinamé y terminó perdido durante más de 20 horas. La cobertura se convirtió en emergencia y el fotógrafo pasó de documentar la noticia a ser parte de ella.
Fue localizado y rescatado vía aérea; posteriormente llegó al Aeropuerto Plan de Guadalupe con un cuadro de hipotermia. Sobrevivió y, cámara en mano, regresó al oficio.
Su trabajo pasó por medios como El Heraldo de Saltillo, El Diario de Coahuila y El Universal. Aunque era originario de Hidalgo, fue en Coahuila donde construyó su carrera, formó una familia y terminó convirtiéndose en uno de esos rostros conocidos de la prensa local que aparecen detrás de la noticia aunque pocas veces frente a ella.
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