La pandemia no ha terminado, sigue vigente. Las consecuencias se viven en todos los ámbitos de la vida. La economía, por supuesto, es la más evidente, con cierres y nacimientos de nuevos negocios, deudas y deseos de crecer, de salir del hoyo en que el Covid-19 nos hizo caer.
El Estudio sobre la Demografía de los Negocios (EDN) 2021 que presentó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), da cuenta de que durante la parte más aguda de la pandemia cerraron 1.6 millones de negocios en México.
Significó que, a nivel nacional, por cada 100 personas que estaban ocupadas en 2019, 20 dejaron de trabajar por los establecimientos que murieron en 2020. En 2021, la proporción aumentó a 27 personas.
En Coahuila, 3 de cada 10 microempresas murieron durante estos 27 meses que recoge la encuesta del Inegi; una de cada 10 Pymes falleció en el periodo crítico de la pandemia y el sector más resiliente fue el de la manufactura, en donde uno de cada 10 negocios murió, mientras que en el comercio y los servicios, 2 de cada 10 perecieron, es decir, fueron más vulnerables.
Este es el escenario tras la parte crítica de la pandemia que, insisto, no se ha ido, sigue entre nosotros, está activa con contagios y muertes a pesar de la vacunación, por eso nosotros que estamos vivos debemos cuidar nuestra salud y la salud de los negocios.
La economía en los negocios empezó a despuntar despacio, pues la complicación de la logística por la pandemia vulneró las cadenas de suministro, lo que repercutió en el encarecimiento de las mercancías, que a su vez llevó a un movimiento inflacionario global que golpeó el alicaído nivel de ventas de los negocios.
Además, cuando la economía apenas volvía a tomar vuelo para reincorporarse a la “normalidad”, Rusia invadió a Ucrania y las rutas de transporte, los energéticos, los granos tuvieron un gran repunte en sus precios.
De esta manera, tras enfrentar ambientes que los presionan y descapitalizan, los negocios buscan financiamiento para mantenerse, hecho que no es nada sencillo, pues los bancos son muy selectos en cuanto a quién facilitan los recursos, por lo que muchos echan mano de la tarjeta de crédito o piden préstamos familiares.
Así que en este tiempo los negocios tienen presión por cumplir con los pagos del préstamo, más los impuestos de la Secretaría de Hacienda, Infonavit, Seguro Social; no hay una tregua por ningún lado y las condiciones de la economía muestran su rostro menos amable.
Este es un tiempo en que cada negociante debe dar lo mejor de sí, si ya lo estaba haciendo y ahora debe tener un nuevo parámetro, flexibilizar su forma de trabajo, cambiar, evolucionar conforme a la exigencia que demandan los tiempos, pero eso sí, por ningún motivo disminuir la calidad, por el contrario, incrementarla, lo que asegura más posibilidades de prevalecer.
Y aunque ahora se enfrenta una situación en la que apenas hay una incipiente recuperación con precios muy elevados, en donde algunos productos tienen un alza justificada, pero otros muestran el abuso de comerciantes que incrementan el valor de sus productos afectando a todo el ambiente y especulando sin necesidad, es necesario seguir adelante, no detenerse, hay que hacer historia en movimiento.
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