por: Irene Spigno
En la mitología griega, Diké –hija de Zeus y Temis– era la diosa de la justicia. Junto con sus hermanas Irene (la paz) y Eunomía (la legalidad o el orden), eran conocidas como “Las Horas” y representaban los valores que sustentan la convivencia y crean el bienestar entre las personas.
Lejos de tener la pretensión de ser comparada con la diosa de la justicia (aunque es cierto que, gracias a la elección que hicieron mis papás con mi nombre, tengo una innata vocación a buscar espacios pacíficos), hoy inauguramos este espacio de colaboración, donde semana tras semana, estaremos abordando temáticas de derechos humanos que nos preocupan, nos asustan, nos enojan, y nos hacen reflexionar.
Problemáticas que son parte de nuestra vida cotidiana y que abordaremos siempre tratando de tener en mente ¿qué reflexiones Diké nos compartiría desde el alto del monte Olimpo? siempre en búsqueda del más alto sentido de la justicia y de la protección de los derechos humanos de todas las personas.
Estoy muy convencida que es importante tener un espacio de reflexión sobre temas relevantes en la agenda de derechos humanos que plantean cuestiones problemáticas de justicia, de dignidad, de sororidad y de fraternidad, con la convicción que una de las principales curas para combatir las injusticias es justamente la educación y el conocimiento.
Y siendo así las cosas, quisiera aprovechar de esta primera cita contigo, mi querido lector, para hablar de la abogada y defensora de derechos humanos Digna Ochoa y Palacios. Digna Ochoa fue privada de la vida el 19 de octubre de 2001. Se trató de la crónica de una muerte anunciada, ya que Digna había sido víctima de amenazas y de secuestro debido a su actividad en defensa de los derechos humanos.
Tuvieron que pasar más de 20 años antes que Digna pudiera recibir justicia y la recibió gracias a la Diké de San José de Costa Rica: la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Los jueces interamericanos, en una sentencia notificada a México el 19 de enero del año en curso, han reconocido al Estado Mexicano como responsable internacionalmente por las graves falencias que tuvieron lugar en el marco de la investigación de la muerte de la defensora de derechos humanos Digna Ochoa.
Se trata de la primera ocasión en la que México ha sido “condenado” por el Tribunal interamericano en un caso relacionado con la muerte de una persona defensora de derechos humanos. Pero que este dato no nos engañe. Que haya sido la primera vez no significa que no se trate de un problema alarmante. En México, ser una persona defensora de derechos humanos es una actividad muy peligrosa, por el grave contexto de violencia de nuestro país, pero también –y especialmente– por el alto nivel de impunidad.
¿Qué significa en términos de derechos humanos que las autoridades mexicanas hayan cometido numerosas falencias durante la investigación del feminicidio (porque de esto se trató) de Digna Ochoa?
Significa que las autoridades que deberían haber investigado para encontrar a los responsables de la muerte de Digna Ochoa, una mujer que dedicó su vida a la defensa de los derechos humanos en un país que todavía tiene una gran deuda a las víctimas de violaciones graves, sesgados por la aplicación de estereotipos de género, tan profundamente todavía presentes en el patrimonio cultural mexicano (y no solo), decidieron apelar más bien a aspectos íntimos y personales de la defensora, con el objetivo de cuestionar su credibilidad y afectar su honra y dignidad. Por ser mujer. Por ser defensora.
Hay un juez en Costa Rica. Sin embargo, Diké está bastante preocupada. La diosa de la justicia estará totalmente satisfecha hasta que no sea necesario esperar 20 años para que haya justicia. Diké estará contenta cuando ya no haya muertes ni violencia por defender derechos humanos.
La autora es Directora
General de la AIDH
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