Arte

Publicado el miércoles, 10 de mayo del 2023 a las 04:00
Saltillo, Coah.- ¿Qué es ser madre?, ¿qué sucede en el cuerpo de la mujer que guarda en sí a otro ser?, ¿qué hay de milagroso y maravilloso en ello, pero también de aterrador y repulsivo… de curioso? Esas son algunas de las preguntas que acompañaron a Tania Tagle durante su embarazo, y que de forma actual se han puesto en cuestionamiento por movimientos como el feminismo.
Este suceso cimbró su vida, pues cuando vio que “dos líneas moradas aparecieron con timidez en la prueba de embarazo que sostenía en mi mano, pensé en ella. En su falda de serpientes y collares de corazones humanos y cráneos. En sus tetas flácidas que amamantaron a cuatros dioses, en su rostro de pesadilla. Coatlicue, el epítome de la madre y de la monstruosidad”, como dice en el arranque de Germinal (Lumen, 2022), libro de ensayos que es, a la vez, diario de un proceso, laboratorio de experimentación sobre sí misma, diván de siquiatría y crónica de una transformación: la de ella en madre, quien de pronto se vio en los límites de la luz y la oscuridad.
“ Para mí un embarazo es sí, una transformación pero no solo física, porque sí te cambia el cuerpo, pero es una metamorfosis en todos los sentidos. Te vuelves otra persona, y aunque suene como a un lugar común debemos entender que ser madre no es solo que ya pariste y te conviertes en madre, porque no es así, no es algo tan mecánico, sino que es toda una transición.
“ Para mí el monstruo no es una cosa negativa, sino que es algo que nos confronta, es una figura transgresora que rompe paradigmas morales, estéticos y sociales. Yo pensaba en mi propio embarazo y la llegada de mi hijo como algo monstruoso en el sentido que no tenía herramientas emocionales ni mentales para darle cabida en mi vida, era algo que me estaba transgrediendo y confrontando, que es algo que hace el monstruo en la cultura, nos obliga a enfrentar una otredad para la que no tenemos herramientas”, comentó Tagle a Zócalo en entrevista.

Así Tagle teje reflexiones en torno a la mitología de la maternidad desde la visión mexica hasta la romana, que convierten al pensamiento mítico en un terreno fértil para diseccionar la metáfora del nacimiento y de quién llega al mundo en esta nueva vida o, como recuerda Tagle en el primer ensayo de su libro Monstrat Futurum Monet Voluntantem Deorum: “El monstruo no atrae la catástrofe, ni es por sí mismo la catástrofe. Nos advierte sobre ella. Pero no sabemos escuchar”, y que encontró en su vida un paralelismo: la aparición de la respuesta positiva en su prueba de embarazo, una “irrupción de algo extraño que te provoca la necesidad de tallarte los ojos y mirar de nuevo, solo para corroborar que viste lo que viste”.
Maravilla
Pero al abrir de nuevo los ojos hay de dos: o el mundo aterra o maravilla, siendo este el segundo eje sobre el que gira Germinal y que es el núcleo del segundo ensayo: Miracula et Mirabilia, sobre un deseo o un aprendizaje que puede no suceder, pero que en su caso sucedió y dio paso a la crianza de su hijo.
“ El sentido de la maravilla me pasó, sobre todo, cuando acompañé a mi hijo en su proceso de adquisición del lenguaje, porque hay ocasiones en que repetimos tanto una palabra que de pronto ya no tiene sentido y eso te obliga a repensarla. Entonces cuando yo estaba enseñando a mi hijo a hablar, estaba, de alguna manera, reaprendiendo el lenguaje, y me permití vivir con él su aprendizaje del mundo y eso me obligo a mirar de otra forma, aprendí a mirar dos veces. Eso me me mostró un asombro, no solo en el sentido de la maravilla, sino también en su parte ominosa. Porque, por ejemplo, descubrí que mi casa era una trampa mortal porque hay riesgos que yo a no percibo y que ahora sí”, detalló la también gestora cultural.
Ahí despega el Thauma, el último texto del tríptico ensayístico que contiene Germinal. Un libro que ha ayudado a que muchos de sus lectores –que se han acercado a la autora para compartirle sus impresiones– piensen no solo sus embarazos propios, sino también el de sus madres, por ejemplo. Tendiendo así una conversación con el otro, con sus luces y sus sombras.
“ Me interesaba mucho que quedaran bien definidos los claroscuros, porque en una época en la que es muy fácil desromantizar todo, como la maternidad, creo que el discurso se estaba cargando mucho hacia lo terrible que era, lo autoesclavizante, lo mucho que se sufre, que sí es verdad, que tiene partes muy oscuras. Pero también quería hablar de toda esa parte: de la ternura, la alegría… decir que no es ni todo sufrir ni que es todo alegría”, así este libro busca, también, que “nos involucremos mucho más en la crianza y no dejárselo solo a las madres. Además de que creo que hay muchos dilemas filosóficos en la maternidad que no han sido tan tratados. Hay un montón de preguntas que están latentes y que no se han abordado, pero que me gustaría que se hablaran”.
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