Coahuila suele presentarse como “el estado más priista de México”, cual si fuese timbre de orgullo y no motivo de ignominia. Es el PRI de los Moreira, responsables de la quiebra financiera y del envilecimiento político e institucional de la patria de Ramos Arizpe, Madero y Carranza.
La entidad “más priista”, junto con Hidalgo, alineada por el moreirato al Grupo Atlacomulco y al expresidente más inepto, corrupto y manipulable. El PRI superado por el PAN y Morena en las dos últimas elecciones. El PRI contra el cual, dos días después de las votaciones de 2017, decenas de miles de coahuilenses se manifestaron por las calles de Saltillo y frente al Palacio de Gobierno para demandar democracia y expresar su rabia: “¡Fraude electoral!”, “¡Fuera los Moreira!”.
El clamor no se olvida. Resuena en la conciencia de legiones, pero los Moreira no se han ido. Están en el Gabinete, en el Congreso, en el Tribunal Superior de Justicia, en el Sistema Estatal Anticorrupción, en el sindicato magisterial, en columnas políticas y de opinión, en la dirección de periódicos, estaciones de radio y canales de televisión.
Y para más inri, este 18 de octubre volverán a estarlo en las boletas para diputados bajo el nombre de Alvarito. El benjamín del clan compite por el distrito más cómodo para el PRI. Pase automático para contentar a los hermanos. A menos que Sergio Hernández y Ana Isabel Hernández, candidatos del PAN y de Morena, saquen el pecho y los ciudadanos voten.
Cuando la suerte les cambia, algunos políticos de medio pelo emulan aficiones que antes abominaban por estar fuera de su alcance. Unos se inclinan por el golf. Alvarito prefirió el tiro con arco y tuvo de instructor al director del Deporte.
Si en el último año del Gobierno de Rubén se dedicaron sin chistar 3 mil 554 millones de pesos a la deuda, por qué iba a fijarse en cacahuates. Cuando Humberto Moreira era gobernador recordó una anécdota en la inauguración del Instituto Tecnológico Don Bosco: los pesos que le entregaron para llevar a Alvarito al peluquero, lo gastó en helados. El dinero de la deuda debe permitir compras mayores.
Alvarito encabeza el bloque moreirista de la próxima legislatura. En la lista de candidatos figuran alcaldes, funcionarios y diputados de Humberto y Rubén, algunos de los cuales encubrieron la deuda ilegal, la aprobaron y han obstruido su investigación. La misma gata, pero sin revolcar.
¿No tiene el PRI nuevos cuadros? ¿Pesa más el compromiso con el clan que la necesidad de reconciliar unas siglas decadentes con la ciudadanía? Existe un incentivo para acudir a las urnas en los 16 distritos: convertir en votos las protestas poselectorales de 2017 y el enfado social contra el moreirato. El Congreso sí importa, por más que los diputados lo denigren.
El Poder Legislativo ha sido dominado históricamente por el PRI con la complicidad de las autoridades electorales y de las oposiciones. Pero los Moreira lo pusieron al servicio de sus intereses para tapar deudas, empresas fachada y otras cloacas.
Además de comprar votos, sobornaron a diputados de todos los partidos, acosaron a los críticos, rentaron siglas y torcieron leyes para tener mayorías calificadas que les permitieran cometer cualquier tipo de atropello, vulnerar instituciones públicas y sociales como la familia y prohibir, en un ataque de ira, las corridas de toros.
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