La “apacible Saltillo”, más allá de mediados del siglo pasado, tenía sus noches secretas de lujuria y jolgorio. Mientras la ciudad dormía temprano, algunos caballeros de aquel tiempo se daban habilidades para buscar deseo y actividad exacerbados en medio de la penumbra.
La muy persignada ciudad contaba con más de una docena de este tipo de sitios, donde la diversión o la fiesta animada y bulliciosa iniciaban en la noche y terminaban en la madrugada del día siguiente.
No había luminosos letreros como en la Zona de Tolerancia, pero la gente sabía que ahí también se ejercía la prostitución, pero tal vez con más lujos y atenciones que en los tugurios de la llamada ciudad pecaminosa de Saltillo.
Angelina Comparán era la matrona de esta casa de citas, ubicada en Colón y Cuauhtémoc, lugar elegante y distinguido. La pista de baile era de granito de color negro en forma de triángulo; las paredes cubiertas de azulejo estilo morisco, con seis columnas, tres por cada lado estilo palmiforme, con relieves de palmeras datileras. Bajo de algunas de estas columnas se encontraba el bar. Los cantineros y meseros eran Refugio Castillo, así como un individuo a quien apodaban “El Sonsón” (en lugar del Sansón), “La Piedra”, y Juan Jiménez, este último tendría posteriormente su cantina el Salón Madrid, pegadito a la antigua Tesorería del Estado. Sea decía primo del cantautor guanajuatense José Alfredo Jiménez.
Alrededor del patio se colocaban mesas y sillas donde compartían clientes y “las odaliscas”. El Egipcio quedaba exactamente frente a un terreno baldío de los Ferrocarriles, denominado “La Planilla”. Ahí se instalaban los circos y otros espectáculos que venían a Saltillo.
Angelina Comparán, la dueña del Egipcio, era de San Francisco del Rincón, Guanajuato, lugar donde en la década de los 60, “Las Poquianchis”, tres hermanas, cimbraron al país y al mundo con un escándalo social que cobró la vida de varias jóvenes llevadas con engaños y a la fuerza al lugar para ejercer la prostitución, en una casa de citas, casi similar al Egipcio.
Angelina Comparán terminó su vida siendo propietaria de un modesto hotel por Cuauhtémoc, unos pasos hacia el sur de la calle de Colón y muy cerca del famoso Egipcio.
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