Saltillo

Publicado el domingo, 23 de noviembre del 2025 a las 10:00
Saltillo, Coah.- “El Gitano” se alejó de las pandillas y de las drogas con el poder de la fe. Es peluquero y comprador compulsivo de relojes, lentes y máquinas de cortar; su hogar y negocio está repleto de bolsas que ni él mismo recuerda bien a bien qué contienen. Escudriñar bolsas y maletas llevaría una semana, al menos.

“ Soy de aquí de la colonia Zapalinamé. Pertenecí a una de las pandillas más afamadas en su momento, Los Colombianos de la Zapa, vengo saliendo de muchas cosas en mi vida, de muchos desiertos, de muchos problemas. Mi vida fue algo difícil, la verdad, porque yo chamaco, a los 7, 8 años, más o menos, mi papá me hizo un cajón de bolear”, recuerda Felipe de Jesús González.
Con ese cajón se “coleaba” en el tren cuando pasaba por atrás de la planta de Cifunsa Planta 1 y se bajaba por el rumbo de La Coyotera, en Monterrey, sector donde se ganaba unos pesos y centavos con la boleada. Para regresar a esta ciudad se colgaba de otro tren. Luego vendió paletas de La Jalisciense y La Vallarta y limpiaba los parabrisas de los carros.
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En la secundaria, que no queriendo, fue donde yo perdí el rumbo, porque ya de ahí empecé a tropezar con drogas y malas compañías, empecé a delinquir, empecé a robar, tenía altibajos en mi vida, problemas, golpes, peleas, de todo, me aventé casi 17 años yendo al Estudio 85, muchos problemas”.

Al paso del tiempo se casó, su esposa le regaló tres hijos, aún así seguía con el problema de la mariguana y cocaína, pero en su interior deseaba cambiar de vida.
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Gloria a Dios, me dio un oficio tan bonito, tan hermoso que es la soldadura, por lo que yo fui, por lo que yo crecí, por lo que yo salí adelante.
Participé en tres congresos en la Olimpiada del Soldador de Comimsa, tengo mi certificación que me dio Comimsa como un soldador multiprocesos, porque, así como domino la soldadura convencional de electrodo, que viene siendo el Smaw, También el Tig, el Mig y el Fluxscoret”.
Con ese trabajo empezó a vagar de ciudad en ciudad para laborar en las mejores compañías de aquel entonces. Trabajó con la élite de los mejores soldadores del país, lo que lo llena de orgullo.
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Muchos de los ingenieros con los que yo trabajé hoy vienen a cortarse el pelo aquí, que también es uno de los oficios que se me dio en el camino, a la par la soldadura con la peluquería. Y luego me pregunta a mí la razita, me dicen ¿cómo es que se te dio el ‘bisne’ ese de la peluquería? Yo les dije, pues es que me juntaba con la raza y todos mariguanos ahí, todos borrachos y como yo tenía máquina de cortar pelo, me decían ‘eh, traite la máquina’, y así empezó este bisne”.

En su negocio se escucha en todo momento música estilo colombiana o rapera, pero las letras son cristianas que hablan del poder de la fe y del amor de Dios para transformar la vida. Cuando regresa a su barrio le da “pa bajo” ver que muchos de sus amigos de la juventud murieron por sobredosis, alcoholismo o porque “los picaron”.
Dentro de todo esto, las madres de sus amigos lo felicitan porque transformó su vida. “Me dicen ‘ai la llevas mijo, échale ganas, sigue pa’ delante’, que no queriendo esto también habla de que aunque fuésemos bien problemáticos en su momento, nos apoyaron y nos impulsaron con sus palabras para seguir adelante”.

Hoy puedo decirles a todos ellos, los que me ven y que me procuran y que conocieron mi vida, que les agradezco mucho el que me sigan echando porras y que yo siga pa delante, en el nombre de Jesús, claro, siempre, porque pues él es el que, el que guía tu camino, siempre y cuando se lo pidas con el corazón, verdad, estamos aquí echándole ganas y seguimos pa delante. Soy una persona muy perseverante, siempre lo fui, pero pues sí desvié mucho mi camino y mi vida”.

Al principio cortaba el pelo por gusto, pero luego empezó a cobrar, y si el cliente no tenía dinero le pagaba con alguna gorra o algo de valor. Así, empezó a acumular cachuchas, cadenas, relojes, anillos, esclavas, zapatos o tenis. Las drogas lo alejaron del hogar y desde hace nueve años vive en la calle de Pérez Treviño, entre Urdiñola y Lallave.
“ Me puse a trabajar bien duro, a echarle ganas, y no sé, como que parte de lo que me causó la separación fue el volverme un acumulador compulsivo, y empecé a comprar cosas pa revender y cosas para coleccionar y hoy puedo decir que vendo cosillas, porque tengo cosillas que vendo en mi negocio, que compro en el mercado y algunas las guardo para mí, la mayoría”.

Y vaya que es comprador compulsivo. Tiene alrededor de 150 máquinas de cortar pelo, la mayoría eléctricas, poco más de 180 relojes, nuevos y usados, un centenar de lentes y cadenas de oro y de plata, que sólo usa de vez en cuando para echar “chopo”.
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La plata es una de las cosas que me encanta a mí. Tengo teteras, cucharas, tenedores, jarras, ceniceros de plata, todo lo que sea en sí plata me llama mucho la atención, bastante, desde chamaco siempre he sido un, no sé, fanático de la plata, me gusta mucho usar plata, y que no queriendo siempre ando en los mercados buscando esas curiosidades de plata”.

Junto con sus amigos, señala, fue la oveja negra de cada familia, que crecieron incomprendidos. En su caso particular, nunca fue sumiso ante la voluntad de su papá: sus hermanos estudiaron: uno es técnico en mecánica, otra es secretaria bilingüe; otro es técnico en máquinas y herramientas, y uno más tiene estudios de chef pero se dedica a la mecánica. El no terminó ni la secundaria.
Lo que sí puedo decir es que la vida me ha enseñado tanto y tengo tantos oficios, como no tienes una idea. Así como corto pelo, como soldo, también puedo ser ventrílocuo, también puedo ser, pues no sé, orador, Dios me dio la lengua para hacer muchas cosas. Y la verdad, si tienes la bendición del don, de Dios, y el poder de convencimiento, vamos pa’delante, la verdad”.

Las compras compulsivas
Aunque el caso de “El Gitano” es más cercano al de un coleccionista que al de un comprador compulsivo, a veces es difícil distinguir entre uno y otro.
De acuerdo con los especialistas, los compradores compulsivos son personas que experimentan la necesidad irresistible de comprar, a menudo sin considerar las consecuencias financieras o emocionales. Esta conducta puede ser un síntoma de un problema más profundo, como la ansiedad, la depresión o la falta de autoestima.
Estas compras sin sentido pueden ser a causa de la presión social y la publicidad, así como la necesidad de reconocimiento pueden llevar a las personas a comprar de esta manera.
En casos extremos, los compradores ocultan las compras al resto de su familia porque sienten culpa o vergüenza, o compran productos mediante créditos que después no pueden pagar.
Algunos de ellos se enojan con facilidad si no encuentran lo que buscan y alteran sus hábitos de alimentación y sueño. Incluso algunas personas intentan dejarlo y como todas las adicciones, no lo consiguen con facilidad y requieren de ayuda profesional y de su círculo de apoyo.
En la mayoría de las ocasiones esta situación suele ser silenciosa y mostrar signos hasta que está en condición grave.

La ansiedad y la depresión pueden ser factores desencadenantes y también la disponibilidad de crédito y la facilidad de las compras en línea pueden facilitar o ampliar el problema.
La manera de superar esta situación que aqueja es establecer un presupuesto y ceñirse a él, evitar las situaciones que desencadenan la compra y buscar apoyo de familiares y amigos, algunos terapeutas también recurren a técnicas de relajación y manejo de estrés.
Dejar las pandillas y las drogas ha sido un proceso muy duro, pero se refugió en la fe y salió adelante.
“ Ahorita le doy la gloria a Dios, que ya tengo tres años y tres meses, aproximadamente, ya limpio, ya no me meto absolutamente nada, estoy en el camino correcto, estoy en un proceso porque pues yo sigo educándome, sigo educando la lengua, que es algo con lo que yo no puedo, porque soy demasiado hocicón, todavía, pero sí trato de escuchar música que nutra mi cabeza, que nutra mi corazón”.
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