El gobernador Román Cepeda cambió el trazo de la carretera 57, para que pasara por su pueblo natal Arteaga. Originalmente estaba diseñada para utilizar la sierra del Cuatro y de ahí a Huachichil, que era el camino más recto. Juan Manuel Molina Cabrera (cumplió más de 54 años de vivir entre nosotros), de origen tlaxcalteca, llegó a Saltillo el 24 de abril de 1950. Él llegó como operador de buldozer con la Constructora Iglesias, con sede en Presidente Cárdenas y Abasolo, donde estaban las oficinas generales. Don Juan se hospedaba en una casa y restaurante denominado Paso del Norte, que luego fue hotel.
Hasta ahí llegaba la ciudad. Hacia el oriente estaba cerrado Presidente Cárdenas, se vino a ampliar con la construcción del tramo de la carretera 57 correspondiente a Coahuila, y así se logró una nueva comunicación entre Saltillo y la entonces Villa de Arteaga. Antes de la construcción de este importante camino o ruta, los saltillenses tenían que viajar a Monterrey, y de ahí tomar la Carretera Nacional hasta México.
Juan Manuel Molina, “El Johnny”, conocido taxista de la ciudad, participó en las obras de la carretera 57 en el año de 1950. Los trabajos concluyeron dos años y medio después. Aquí en Saltillo, nuestro personaje encontró a una linda jovencita y se casó, que se llama Arminda Aguirre Quirino, hermana del famoso luchador “El Zorro Plateado”.
Procrearon tres hijos quienes les dieron ocho nietos y dos bisnietos hasta ahora.
En 1950 Román Cepeda Flores inauguró el tramo de la carretera 57 correspondiente a Coahuila, que originalmente iba a pasar por la sierra del Cuatro, para evitar la engorrosa curva y pendiente de Los Chorros. Pero el señor Cepeda, influyó ante el presidente Miguel Alemán para que la ruta pasara por el pueblo natal del gobernador en ese entonces Villa de Arteaga.
Los ingenieros habían considerado eliminar una pendiente muy peligrosa, por eso optaron por el camino de la sierra del Cuatro, que comunica directamente con Huachichil en el lado de Arteaga y así nos hubiéramos evitado las curvas de Los Chorros.
Don Román Cepeda, dice “El Johnny”, era buen viejo, de mal carácter pero buen viejo. Él trabajó con su hermano don Abraham Cepeda en la gasolinera más grande que tenía Saltillo, en Cárdenas y Lafragua. Había una más chica que era de Aguilar, en Matamoros y Presidente Cárdenas. Igualmente trabajó con don Antonio Espinoza Falcón, quien inauguró la primera y única gasolinera de Arteaga, al pie de la carretera. Como secretaria tenía a una muchacha de nombre María Elena Valdés.
Juan Antonio Molina entró de taxista en 1964 y hasta 1973 se hizo de un juego de placas, pues antes las sorteaban entre los choferes. Nada más eran cinco juegos y le tocó uno. Siguió trabajando de chofer hasta comprarse un automóvil y otro, y otro.
La anécdota
Juanito era un gran charlista y los viajes los hacia muy placenteros, aunque lentos, pues la plática lo emocionaba y el recorrido se hacía por más tiempo y luego no me cobraba las carreras o dejadas y tuve que sentenciarlo: “O me cobras o ya no utilizó tu automóvil” y se reía con unas enormes ganas.
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