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El linchamiento de ‘Los Arrepentidos’

Por Carlos Loret de Mola

Hace 6 años

Uno de los deportes favoritos en las redes sociales es burlarse de quienes votaron por Andrés Manuel López Obrador y ahora critican su desempeño.

El más reciente episodio sucedió la semana pasada, cuando el Gobierno federal y Morena en el Congreso buscaron desaparecer, de un machetazo, los fideicomisos, afectando por ejemplo a personalidades del mundo del cine, muchos de los cuales apoyaron la candidatura presidencial de AMLO y ahora se quejaban enérgicamente de la medida anunciada.

Ha pasado también con voces feministas cuando el Presidente se lanzó oponiéndose a las marchas contra la violencia hacia las mujeres, así como con liderazgos pro-derechos humanos que se vieron sorprendidos por el talante militarista de la Administración federal, y muchos otros sectores de la sociedad.

Así pues, cuando alguien que votó por López Obrador lo critica por acciones de su Gobierno, le llueven sarcásticos “no podía saberse” y otras burlas. Me parece una mala práctica en el debate público por varias razones:

1.- El falso pecado de haber creído en AMLO. Frente a las lamentables gestiones del PRI y el PAN, era perfectamente entendible buscar sacudirse la corrupción y la violencia buscando una tercera ruta. En campaña, AMLO fue lo suficientemente vago en sus definiciones políticas para no perder a los duros y ganar a un buen tramo de los
moderados.

2.- El falso pecado de seguir creyendo en él. López Obrador recibió un país al borde del colapso: la economía estable pero con crecimientos mediocres, la inseguridad de-
satada y la corrupción en niveles récord. Nadie en su sano juicio pensaría que algo así puede resolverse en un año de gestión (aun cuando el candidato lo haya prometido). En lo personal, pienso que López Obrador tiene al país peor de como lo recibió, y va en mala ruta. Pero más del 50% de la población, según las encuestas, cree en él y tiene esperanza de que sus medidas resuelvan los problemas. No es gente que está cegada: las mismas encuestas señalan que la mayoría reprueba los resultados económicos y de seguridad. Es solo que permanece la esperanza.

3.- Votar no es extender un cheque en blanco. Prefiero un país que no piense que la democracia es un ejercicio de 10 minutos cada tres años. Prefiero una ciudadanía que participe en los temas, que se entere, que debata. El carácter polarizador del Presidente anima esa discusión. Haber votado por alguien no te quita el derecho de reprocharle, exigirle, criticarle; de hecho, a mi manera de ver, le da un peso específico distinto.

4.- De la crítica al arrepentimiento hay mucha distancia. Una crítica, un reclamo o un deslinde ante el Presidente, emanado de una voz que le ha apoyado, no necesariamente significa que se retira ese apoyo, o que ya se arrepintió de haber votado por él: hay muchos que se arrepintieron, es cierto, y no tiene nada de malo; también hay desencantados, pero no al grado de retirarle el respaldo; y hay quienes disienten con algun medida en particular, pero que siguen tremendamente esperanzados en un nuevo rumbo para el país. No merecen la descalificación ni la estigmatización.

Así planteado, sirve que existan momentos de pluralidad dentro del obradorismo que operen como contrapesos (internos) para remodelar la política pública y orillar a corregir.

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