Después de mucho pensar qué título le quedaría mejor al texto que escribiría para hoy, finalmente llegué a la conclusión de que el mejor encabezado sería “El miserable”. Así es que hoy me referiré a cierto personaje como ya lo he hecho en numerosas ocasiones en este mismo espacio, pero con otros títulos. Hoy le queda como anillo al dedo “el miserable”.
Me refiero naturalmente a Ricardo Salinas Pliego, al que denominaré desde este momento como “el miserable”. De hecho, así lo considera, aunque no lo confiese, el 99.9% de personas que lo conocen o que trabajan o han trabajado con él. Si nos fijamos bien en su rostro y en sus ojos, tiene cara de un gánster miserable. Aunque sonría, lo hace como lo hacen los miserables, de ladito; como si tuviera una máscara, lo hace con una mueca.
Yo desde hace años tengo la peor de las impresiones de este personaje tan siniestro; él no me merece el menor respeto. Lo he dicho públicamente y lo he escrito varias veces. No le tengo miedo. Cuando lo veo por la tele (jamás en TV Azteca) se me revuelve el estómago. No sé, se me figura como a Poncio Pilatos, ¡¡¡lavándose constantemente las manos asquerosas!!! Así de traidor y cobarde lo veo desde hace décadas.
Estoy segura de que muchos de sus amigos lo desprecian, pero dicen ser sus amigos nada más por su dinero. En el que pienso, con cierto pesar, es en Javier Alatorre, el conductor del noticiero desde hace más de 30 años. Me cae bien pero ha de continuar trabajando ahí porque se ha hecho, a pulso, de un sinnúmero de seguidores y, claro, también por la lana que le ha de pagar. Lástima, porque él es muy simpático y me da la impresión de que es muy humano. Siempre que me lo encuentro me saluda con mucho respeto a pesar de mis opiniones en relación con su jefe.
Ahora me pregunto por qué el miserable se refiere a las mujeres como se refiere. Claro, por mi-se-ra-ble. ¿Con qué derecho se expresa de esa forma contra las mujeres? ¿Nada más porque es rico y poderoso? No olvidemos que está súper desprestigiado, que debe 74 mil millones de pesos mexicanos en impuestos y no paga el seguro social de sus más de 150 mil trabajadores, ¡¡¡ni sus vacaciones!!! Además, ¿ya se le olvidó al miserable que la Presidenta es mujer? Además de miserable, es tontísimo. (Si repito varias veces la palabra “miserable” es para que no se nos olvide que nos referimos a Ricardo Salinas Pliego, ¿me explico?).
Él es un miserable misógino que odia a las mujeres inteligentes, valientes y profesionales como son Sabina Berman, Denise Dresser y Vanessa Romero, quienes lo han criticado debido a sus prácticas empresariales y su relación con el Estado mexicano, así como por su evasión de impuestos. El empresario contestó que eran unas “brujas”, “unas perras”, “marranas”, “textoservidoras”, “nalgas prontas”, “ultrafeministas” y que se dejaran de “mamadas”. A las tres periodistas las respeto y las admiro por su valentía a lo largo de su trayectoria. Hay que decir que el miserable es cero valiente, es bravucón, pero en el fondo cobarde (ojalá que me esté leyendo en estos momentos con su sonrisita de lado). No ha de dormir de pensar que autoridades de Estados Unidos pueden venir por él.
En su mañanera de ayer en Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum comentó sobre este tema: “Toda mi solidaridad a Sabina, a Vanessa, incluso a Denise Dresser —que miren que no coincidimos en casi nada—, pero no se puede llamar a una mujer de la manera en que esta persona se dirige, con una misoginia, un machismo, un… Terrible”.
Por su parte, el miserable tuvo la osadía de contestar a la Presidenta con las siguientes palabras: “He enfrentado ataques sistemáticos, calumnias y juicios mediáticos orquestados por su Gobierno. Por ello, le pregunto: ¿Por qué permite que se me llame ‘oligarca’, ‘delincuente’, ‘evasor’, ‘corrupto’, etc, sin pruebas, mientras les exige desesperadamente evidencia a quienes acusan al Gobierno anterior y al suyo de complicidad con el crimen organizado?
“¿Es justo que, desde el Ejecutivo, se dé línea a la Suprema Corte para que se me persiga por consigna política? ¿Por ser hombre debo tolerar abusos de poder, insultos y linchamientos públicos?”, planteó.
P.D. Que Denise Dresser nunca le pague la licuadora al miserable de Salinas Pliego.
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