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‘El Presidente es un enfermo mental’

Por Ricardo Alemán

Hace 5 años

El líder de los diputados federales del Partido Acción Nacional, Juan Carlos Romero Hicks, le dijo “pan al pan y vino al vino”. Dijo que López Obrador “es un Presidente enfermo de salud física, de salud mental, salud emocional y salud espiritual”.

En conferencia de prensa, el legislador celebró el regreso de Obrador, luego que la pademia lo recluyó en Palacio, pero lamentó que haya vuelto con el odio de siempre; “sí, es un enfermo mental y emocional”.

Lo preocupante del caso es que AMLO parece darle la razón al jefe de los diputados del PAN. Y es que apenas en cuatro días –de lunes 8 de febrero a jueves 11–, Obrador volvió a los engaños descomunales, a los delirios sin freno, al odio sin límite y a la calumnia y la difamación demenciales.

El Presidente mexicano suma 50 mil mentiras en 26 meses de Gobierno; se niega al uso de cubrebocas, insiste en que su Gobierno es el mejor en atender la pandemia, ignora los 170 mil muertos por Covid, pregona que aplanó la curva, dice que la economía no es problema y llama a los jóvenes “a portarse bien”, a pesar de que la escalofriante violencia está fuera de control.

Pero ya en la locura, López aseguró que el aeropuerto de Santa Lucía es la mayor obra aeroportuaria del mundo, lo que ya es motejado en la prensa global como una de las mayores tonterías de Presidente alguno en el orbe. Y sí, solo era necesario que un político renombrado calificara de locuaz al Gobierno de AMLO –el Gobierno de un loco–, para desgranar la mazorca.

Hoy, en comederos políticos, tertulias y encuentros familiares muchos se refieren a Obrador, de manera coloquial, como “el loco”. Pero también es cierto que, de nueva cuenta, el tiempo nos dio la razón. ¿Por qué?
Porque en al menos ocho entregas del Itinerario Político cuestionamos la salud mental del Presidente, documentamos sus dislates y probamos sus fracasos. Por eso, en la primera alusión que hicimos al tema –abril de 2018–, fuimos perseguidos, calumniados y difamados, como no ha ocurrido con periodista alguno en México.

En aquel Itinerario Político del 9 de abril de 2018 –titulado: ¿Y la salud física y mental de los candidatos?– señalamos que “ante la cercanía de la elección presidencial, abundan los ciudadanos preocupados por la honestidad, la transparencia y las pillerías de los aspirantes que vemos en la boleta”. Y es que, en la contienda, dijimos: “gravitan dos variables poco atendidas y nunca respondidas por partidos y candidatos; la salud física y mental de los aspirantes presidenciales”.

Y formulamos las siguientes preguntas: “¿Los candidatos están capacitados, física y mentalmente, para ejercer el poder presidencial? ¿Tienen problemas de salud física? ¿Tienen padecimientos mentales? ¿Son medicados? ¿Alguien sabe si tal o cuál medicamento altera sus
facultades mentales?

“¿Es una alteración mental la recurrencia al engaño y la mentira de los presidenciables? ¿La mitomanía es enfermedad mental? ¿Cuántos candidatos son mitomanos? ¿Está capacitado un mitómano para asumir el Ejecutivo?”.

Y concluimos de la siguiente manera: “Lo preocupante es que no existe respuesta a las anteriores interrogantes. ¿Por qué? Porque la Legislación mexicana no está facultada para atender una potencial bomba de tiempo como la salud física o mental de un Presidente. Al tiempo”. (Fin de la cita)

Volvimos al tema el 25 de junio de 2019, en la columna Al Tiempo –que se publica en exclusiva en el diario digital Contrapeso Ciudadano–, en donde narramos una simpática escena protagonizada por el Presidente, en uno de sus “baños de pueblo”, por la capital yucateca.

Así lo dijimos: “En Yucatán y metido en su retórica bananera de regalar dinero a manos llenas –en medio de una irreverente audiencia juvenil de acarreada para cumplir el feo papel de “aplaudidores”–, el presidente Obrador frunció el seño, detuvo la perorata y sorprendido preguntó sobre el origen de la risotada colectiva que, repentinamente, opacó su retórica.

“‘¿De qué se ríen?’, preguntó el Presidente a un juguetón auditorio en donde “la muchachada” no atendía su mensaje. La indignación y la contrariedad del Presidente eran evidentes; movía la cabeza de un lado a otro, en rápidos paneos, en busca del origen de la risotada. De lejos alguien le señaló que eran las imágenes en la pantalla a espaldas del Presidente, lo que convirtió en chacota la perorata de López.

“Sin embargo, el daño estaba hecho. El video del Presidente contrariado, que interroga “¿de qué se ríen?” y de una joven con el dedo medio en alto, asaltó muy pronto las redes y miles respondieron la pregunta de Obrador con un lacónico: ‘¡Se ríen de usted Presidente!’”.

De nuevo volvimos a la salud mental de AMLO el 3 de octubre de 2019, con el Itinerario Político titulado ¿Está en sus Cabales el Presidente Obrador? Así lo dijimos: “Todos o casi todos –políticos, empresarios y periodistas–, lo dicen en voz baja, ‘en corto’, ‘entre nos’, para no descubrir su ‘insano’ pensamiento. Sí, entre mexicanos de todos los estratos sociales, disciplinas y credos crece la duda sobre la salud mental del Presidente”.

Una nueva aproximación al tema la hicimos en el Itinerario Político del 15 de octubre del 2019 –titulado ¿Miedo al Siquiatra, Presidente?–. En esa ocasión nos ocupamos del enojo presidencial por la solicitud de un ciudadano, al Instituto de Transparencia, para que el Presidente hiciera público su estado de salud fìsica y mental.

Así lo señalamos: “Con risa nerviosa, Obrador pretendió descalificar al demandante de información sobre su salud, con un fulminante ‘¡se pasan!’, como si el ciudadano que hizo tal solicitud al INAI fuera un paria”.
En el Itinerario Político del 11 de febrero del 2020 –con el título es Preocupación de Todos la Salud Mental del Presidente–, debimos explicar las razones por las que es preocupación ciudadana la salud de López Obrador.

Luego de siete meses –el 25 de septiembre del 2020–, y ante la negativa presidencial de ofrecer de manera pública un diagnóstico de su salud física y mental, volvimos al tema, cuando los diputados del PAN presentaron una iniciativa de reformas a los artículos 6, 69 y 84 constitucionales, para que, junto con el Informe presidencial, el Mandatario entregue al Congreso el diagnóstico de su salud  fìsica y mental.

Y es que ese 25 de septiembre habían pasado 665 días de la gestión de AMLO y 231 días de que prometió entregar de manera pública su diagnístico general de salud. Hoy, a 26 meses de distancia de la toma de posesión, el Mandatario mexicano no ha cumplido con tal promesa.

Por último, en el Itinerario Político del pasado 27 de enero, de nuevo atendimos el tema, luego que Obrador informó de su contagio de Covid-19. En esa ocasión reiteramos que el Estado mexicano tenía la obligación de revelar los detalles de la enfermedad del Presidente, su diagnóstico, el tratamiento al que era sometido y las secuelas de la enfermedad.

El Mandatario regresó, como fue evidente para todos, con una mayor proclividad al odio, a la división, el insulto, la difamación y la calumnia. Y entonces apareció –por primera ocasión en tres años–, una voz oficial capaz de advertir sobre el peligro de que la salud mental del Presidente mexicano deba ser sometida a un estudio por parte de especialistas.

Como lo dijimos al inicio, el diputado Juan Carlos Romero Hicks puso el dedo en la llaga.

Sí, se atrevió a señalar, por primera ocasión, el riesgo que corren el país y la democracia, a causa de la salud mental de López Obrador.

¿Y cuál fue la respuesta? La complicidad de buena parte del Estado mexicano.

¿Hasta cuando toleraremos, los mandantes, tal complicidad?

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