El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha arremetía con singular violencia contra los molinos de viento. Este magistral personaje de esa obra cumbre de la literatura universal, de Miguel de Cervantes Saavedra, lo hacía ya que él, y solo él, veía en ellos a gigantes, a enemigos qué combatir.
Don Quijote realmente veía lo que quería ver, lo que embonaba en su peculiar y mágica concepción del mundo, pero no la realidad, y sí, estaba muy mal de la cabeza.
Ahora, a nuestra triste realidad: aún no se cumple un año de la pandemia y México registra cifras alarmantes: casi 2 millones de contagios, cerca de 170 mil muertos y, por añadidura, la tasa de mortalidad más alta en el mundo: 8.6%. Sí, en nuestro país el Covid mata como en ninguna otra parte del planeta.
Bueno, ante esto, científicos, académicos, políticos, profesionistas y miembros de la sociedad civil, proponen al presidente Andrés Manuel López Obrador endurecer medidas para enfrentar la pandemia, como que el uso de cubrebocas se vuelva obligatorio en todas las dependencias federales y estatales y desarrollar un plan de cuarentena y seguimiento de las personas que lleguen a México desde países con altos números de contagios.
Pero Andrés Manuel, genio y figura, dice que no. Y se avienta una perla japonesa, y cito: “Sí nos afecta mucho, desde luego, la pandemia de Covid-19, pero lo que más nos ha afectado y nos seguiría afectando, si se detiene la transformación, es la peste de la corrupción. Desde luego, es entendible que a los que vivían con privilegios en el antiguo régimen no les guste el que se lleve a cabo una transformación”.
Sí, para nuestro Presidente el que expertos se digan muy preocupados por las cifras oficiales del tamaño del golpe de la pandemia es una cuestión política y que las críticas provienen de sus adversarios, “molestos por perder los privilegios de sexenios pasados”.
Y claro, dice que no usará cubrebocas y que nadie puede estar encerrado. Pues vaya problema en que estarían los más altos funcionarios del sector salud de la 4T si fueran congruentes, ya que precisamente la campaña de prevención se centra en pedir a los ciudadanos usar cubrebocas y el famoso, “¡Quédate en Casa!”. Y digo estarían, ya que si algo han demostrado es que son solo títeres, veletas y no tienen ningún pudor en decir y luego desdecirse.
Caray, qué preocupante, hasta dramático resulta, el que tengamos a un “Quijote de Macuspana” decidido a arremeter, en cualquier oportunidad, contra enemigos gigantes que solo él ve… y en todos lados.
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