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Coahuila

El verdadero liderazgo del entrenador y líder que transforma personas

Por Ramón Rocamontes

Hace 2 meses

Hace algunas décadas, el entrenador era visto como una figura incuestionable. Su autoridad era validada o sustentada en la experiencia, el conocimiento técnico y, en muchas ocasiones, en un estilo rígido de dirigir. Además del volumen de la voz, la severidad y la disciplina que eran considerados sinónimos de liderazgo.

Muchos equipos obtuvieron campeonatos bajo ese modelo; sin embargo, también dejaron una estela de deportistas que abandonaron la práctica deportiva por miedo, ansiedad o pérdida del gusto por competir y se perdieron lo que podría ser un gran prospecto o destacado en diversos deportes.

Hoy el deporte enfrenta un escenario diferente. Las y los atletas pertenecen a generaciones que aprenden de otra manera, procesan la información con mayor rapidez y valoran profundamente el respeto, la confianza y el sentido de pertenencia. En este contexto, el entrenador del siglo XXI necesita mucho más que conocimientos tácticos o físicos. Debe convertirse en un líder capaz de influir positivamente en la vida de quienes entrena.

El liderazgo moderno y de esta actualidad no consiste en controlar personas; consiste en desarrollar su potencial.

Cambiar del entrenador tradicional al líder transformacional de la actualidad

La evolución del deporte ha demostrado que el rendimiento no depende únicamente del entrenamiento físico o técnico. Hoy sabemos que el desempeño está influido por variables psicológicas, emocionales, sociales y cognitivas. Este enfoque integral exige un nuevo perfil de entrenador.

El líder moderno entiende que cada deportista posee una historia distinta, fortalezas diferentes y necesidades particulares. Reconoce que un mismo discurso no motiva por igual a todos, ya que todos aprenden de diversas formas, además que el verdadero reto consiste en adaptar la enseñanza sin perder la esencia del grupo que es lo más importante en el deporte de conjunto.

Cuando un entrenador sabe cuáles son los sueños, temores y motivaciones de sus deportistas, genera una conexión que fortalece el compromiso colectivo. Esa relación de confianza se convierte en un poderoso motor para el aprendizaje y el rendimiento, ya que el liderar, implica conocer a las personas antes que a los deportistas.

Y es que la autoridad ya no se impone; se debe construir a través del trabajo y la congruencia de nuestras acciones.

Uno de los mayores cambios en el liderazgo deportivo consiste en comprender que el respeto no nace del miedo.

Durante años se pensó que el entrenador debía ser temido para ser obedecido. Hoy la evidencia muestra lo contrario. Los equipos más sólidos suelen estar dirigidos por entrenadores que inspiran confianza, mantienen reglas claras, son coherentes con lo que dicen y hacen.

La autoridad auténtica proviene de la congruencia y el entrenador que exige puntualidad llega primero.  El que pide respeto trata con respeto. El que habla de disciplina también la práctica.

Los deportistas-atletas observan constantemente el comportamiento de quien los dirige. Cada acción comunica un mensaje. Incluso cuando el entrenador permanece en silencio, también está enseñando.

Liderar con el ejemplo de manera congruente

Uno de los mejores métodos de aprendizaje es la observación y sobre esto, Albert Bandura explicó que gran parte del aprendizaje humano ocurre mediante esta práctica. Los deportistas no solo aprenden ejercicios; aprenden formas de reaccionar frente al éxito, ante el error, el triunfo y la derrota, así como la presión.

Cuando el entrenador pierde el control ante una decisión arbitral, envía el mensaje de que la frustración puede resolverse mediante el enojo.

Cuando acepta una derrota con dignidad y analiza objetivamente el desempeño del equipo, enseña resiliencia y en el triunfo el autocontrol es fundamental, disfrutar y ver hacia lo que sigue sin quedarse en el campeonato de ayer también es fundamental.

El ejemplo constituye la herramienta pedagógica más poderosa que posee un entrenador.

Confianza: el combustible invisible del rendimiento

Todo atleta necesita creer que puede mejorar y la confianza no surge por casualidad; se construye diariamente mediante experiencias positivas, objetivos alcanzables y una retroalimentación adecuada.

El entrenador moderno evita etiquetar. Nunca dice: “Tú no sirves para esto”.

Prefiere expresar: “Todavía no lo dominas, vamos a trabajar para lograrlo”.

La diferencia parece pequeña, pero en realidad cambia la manera en que el cerebro interpreta el desafío.

La psicología ha demostrado que las expectativas positivas del entrenador pueden influir directamente sobre el rendimiento de sus deportistas. Este fenómeno, conocido como Efecto Pigmalión, explica que las personas suelen acercarse al nivel de confianza que otros depositan en ellas.

Cuando un entrenador cree en sus jugadores, y predica con el ejemplo al hacer lo que espera de ellos; ellos comienzan a creer en sí mismos y eso hoy en día también es conocido como las neuronas espejo.

El liderazgo moderno también escucha

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que liderar significa hablar constantemente.

Los mejores entrenadores hacen preguntas. Escuchan, observan y detectan  cambios emocionales.

Comprenden cuándo un deportista necesita una corrección técnica y cuándo requiere simplemente ser escuchado.

La escucha activa fortalece el vínculo interpersonal y facilita la resolución de conflictos antes de que afecten el rendimiento colectivo.

Un jugador que siente confianza para expresar sus inquietudes suele comprometerse mucho más con el equipo.

El liderazgo emocional se contagia

Diversas investigaciones muestran que el estado emocional del líder influye sobre el grupo mediante procesos de contagio emocional.

Si el entrenador transmite serenidad durante los momentos críticos, el equipo incrementa su capacidad para tomar decisiones.

Si transmite ansiedad, la incertidumbre se multiplica. Por ello, el liderazgo moderno exige desarrollar inteligencia emocional.

No se trata de ocultar las emociones. Se trata de aprender a regularlas para responder con inteligencia y no únicamente con impulso. Ya que las emociones son contagiosas.

La cultura del equipo comienza en el entrenador

Cada organización deportiva posee una identidad propia,  algunos equipos se distinguen por su disciplina, otros por su entrega, solidaridad, unos más por su alegría.

Esa cultura no aparece espontáneamente, es construida diariamente por el entrenador mediante pequeñas acciones repetidas.

Cómo inicia un entrenamiento, así como termina y también como se celebra cada victoria y también como se enfrenta una derrota, así cómo se recibe a un nuevo integrante.

Y es que todas nuestras acciones comunican algo; todo educa, todo fortalece o debilita la identidad del equipo o grupo.

Los grandes entrenadores no improvisan la cultura del equipo; la diseñan con intención y un objetivo pensando en el bien colectivo.

El liderazgo como servicio y formador

Quizá uno de los mayores cambios del siglo XXI sea entender que liderar no significa ocupar el lugar más importante, sino ayudar a que otros alcancen su mejor versión.

El entrenador sirve cuando enseña, cuando protege, cuando inspira y cuando forma ciudadanos responsables además de deportistas competitivos para la vida. Esta visión no disminuye la autoridad; la engrandece.

Porque quienes se sienten valorados desarrollan un compromiso mucho mayor que quienes actúan únicamente por obligación.

Una reflexión desde la cancha para la vida de todo entrenador

Después de más de tres décadas y media observando entrenamientos, competencias y procesos de formación, he confirmado que los mejores entrenadores no siempre son quienes acumulan más campeonatos. Son aquellos que, años después, siguen siendo recordados con gratitud por quienes pasaron bajo su guía.

El marcador cambia cada semana. Los trofeos terminan en una vitrina y las estadísticas son superadas por nuevas generaciones. Sin embargo, la forma en que un entrenador hizo sentir a un niño, una joven o un adulto permanece en la memoria durante toda la vida. Sin duda alguna que eso tiene el mejor impacto con quienes trabajas.

El liderazgo auténtico deja una huella invisible, pero profunda. Se refleja en un deportista que aprende a levantarse después de una derrota, en una familia que encuentra en el deporte un espacio de crecimiento y en una comunidad que comprende que competir también es educar.

Ese es el verdadero legado del entrenador moderno: no solo formar equipos ganadores, sino personas capaces de enfrentar la vida con disciplina, respeto, resiliencia y esperanza.

Y en esta actualidad donde se ha visibilizado más la Psicología del Deporte, donde las y los deportistas, atletas, entrenadores y padres están concientizando la importancia de la salud mental y las emociones, mismas que les propician el entorno donde se habla abiertamente del manejo del estrés, la motivación o la cohesión de equipo, muchos ya con apertura y aceptación para trabajar estas habilidades con un Psicólogo del deporte.

En esta era moderna ya los entrenadores, toman cursos, se capacitan, incluso en las formaciones académicas ya viene incluido el liderazgo, psicología del deporte, inteligencia emocional, entre otros temas relevantes que les dan herramientas para hacer diferencia.

Para finalizar, estimado amigo lector, te dejo esta frase que sigue impactando en este siglo XXI, “El Liderazgo no se mide por los campeonatos obtenidos, sino por las vidas que un entrenador logra transformar”.

¡Nos vemos en la próxima!

 

 

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