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Coahuila

El verdadero problema del T-MEC: la incertidumbre

Por Jonathan Flores Pérez

Hace 3 meses

En las últimas semanas hemos dedicado este espacio a examinar los acontecimientos inherentes a la próxima revisión formal del T-MEC, prevista para el 1 de julio de 2026. Mucho he mencionado de aranceles, acuerdos bilaterales de México con otros países y posibles cambios en las reglas del principal acuerdo comercial de Norteamérica. Sin embargo, el verdadero problema podría ser otro: la incertidumbre que rodea su futuro.

La historia económica nos enseña que la incertidumbre rara vez destruye una economía de forma inmediata, pero sí erosiona gradualmente sus motores de crecimiento, principalmente la inversión y el consumo. Por ejemplo, después de la quiebra de Lehman Brothers que marcó un momento crucial en la Crisis Financiera Global de 2008, el principal problema no fue la pérdida de riqueza, sino la incertidumbre sobre qué bancos eran solventes; quién tenía activos tóxicos y cuánto duraría la crisis. Eso fue lo que realmente congeló el crédito internacional y provocó una fuerte caída de la inversión y el comercio mundial.

Otro ejemplo necesario en esta explicación son las consecuencias del Brexit. En noviembre de 2019, un informe de Política Monetaria del Banco de Inglaterra documentaba que el 55% de las empresas atribuía a la incertidumbre generada por el Brexit un impacto negativo en sus ventas. Además, se evidenciaba la caída en la inversión empresarial explicada en parte por la pausa que hicieron las empresas para esperar si se resolvería la incertidumbre antes de las fechas límite del Brexit de marzo y octubre de 2019.

Por si fuera poco, la guerra comercial Estados Unidos – China (2018-2019) es un ejemplo aún más relacionado con el contexto que rodea la revisión formal del T-MEC. Si bien, los aranceles fueron un factor determinante en las caídas en la inversión, el mayor daño provino de la incertidumbre sobre futuras restricciones comerciales. Muchas empresas retrasaron inversiones porque no sabían qué productos serían gravados; cuáles cadenas de suministro serían afectadas; ni cuánto durarían las medidas. Todo ello llevó a que los índices de incertidumbre comercial alcanzaran máximos históricos y la inversión manufacturera perdiera dinamismo.

En un estudio del National Bureau of Economic Research (NBER) realizado por Mary Amiti y coautores (2020) se estimó que las medidas arancelarias de 2018 y 2019 redujeron la tasa de crecimiento de la inversión de las empresas estadounidenses cotizadas en la bolsa en aproximadamente 1.9 puntos porcentuales hacia finales de 2020.

Basten estos ejemplos para comprender que el principal riesgo de la revisión del T-MEC no es necesariamente un arancel específico, sino la duda sobre cuáles serán las reglas de integración económica de Norteamérica durante la próxima década. Y es precisamente en ese entorno de incertidumbre donde los principales motores del crecimiento —la inversión y el consumo— comienzan a debilitarse.

Porque retrasar las inversiones hasta que la incertidumbre disminuya tiene un costo. Las empresas renuncian a las ganancias potenciales mientras esperan y la economía nacional pierde el impulso necesario para generar empleos e incentivar el consumo a través del ingreso de los hogares.

Hoy, el riesgo para la región de Norteamérica no es únicamente que existan aranceles al acero, al aluminio o a otro producto. El verdadero problema es que una empresa que planea invertir mil millones de dólares en una nueva planta en Coahuila, Nuevo León o Texas no tenga certeza sobre las reglas comerciales que existirán dentro de dos o tres años. La historia económica reciente demuestra que cuando aparece la incertidumbre, la inversión es uno de los primeros motores de la economía en resentir sus efectos.

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