En el 2011 la Secretaría de Educación Pública y Cultura en Coahuila, se propuso un compromiso para disciplinar a los niños y niñas de las escuelas públicas de la Entidad a comer alimentos sanos.
Entre las principales medidas que se tomaron hace nueve años atrás, fue principalmente la de retirar de las cercanías de los planteles educativos a todos los vendedores ambulantes que ofrecían alimentos chatarra. Lo mismo iba a suceder en el interior de los planteles tanto en las instituciones públicas y privadas en donde por años funcionaban estanquillos con la venta de churritos, papitas, palomitas, chamoy y cuanto alimento chatarra había disponible en esos años. Una medida que nunca se pudo cumplir porque no hubo autoridad alguna que se hiciera cargo del retiro de los vendedores ambulantes e incluso en algunas escuelas fueron defendidos por la sociedad de padres de familia, ya que en el fondo algunas de estas ventas pertenecían a miembros activos de la misma asociación.
Posteriormente las mismas autoridades de Salud y Educación acordaron en exhortar a los proveedores de tienditas del interior de las escuelas a racionalizar la presentación de sus productos en cantidades más pequeñas. Algo que a primera vista fue algo muy positivo, pero tampoco sirvió ya que la exigencia de los alumnos a sus papás sobre tal situación, fue solucionada rápidamente con la autorización de darles dinero para que compraran más productos y/o comida hasta completar la porción acostumbrada de la ingesta que ha causado el aumento de peso.
Todas estas medidas tomadas en el pasado, ha tenido la única finalidad para combatir la obesidad infantil que se ha considerado un problema social, forzando al Instituto Mexicano de Seguro Social a crear programas para combatir el sobre peso y obesidad.
Las recomendaciones por parte de las diferentes autoridades de salud son llevar a cabo una dieta alta en fibra, verduras, frutas y legumbres siendo esto último lo más importante, ya que ahí radica el 60 por ciento de su éxito y el cuarenta en la activación física. Sin embargo, para poder llevar a cabo ese programa alimenticio, su costo es muy elevado, resultando más económico comprar carne y refresco en lugar de sustituirlo con agua de sabor.
Muy a pesar de que se han hecho campañas para una cultura de buenos alimentos y activación física, no se puede negar que existe un país; con un gran índice de pobreza que supera más del 50 por ciento de la población en México y como resultado de ello, también un alto índice de desnutrición en niños, jóvenes, adultos y ancianos que su mal hábito de consumir comida alta en grasas es debido a tener que comprar lo que más les alcance en los bolsillos de sus hogares.
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