Estimadas madres lectoras:
En el antiguo Egipto, como en muchas otras culturas, la sanación no será con pastillas, pues los químicos de nuestro cerebro son los que pueden sanarnos, ya que esos químicos que nuestra mente segrega, como la oxitocina, los egipcios hablaban con el alma, sanaban, tengo muchos años que cuando me levanto hablo con mi cuerpo con amor y realmente sí hace la diferencia.
La sanación viene de nuestra conciencia y la ciencia ha estudiado que el placebo sanó en un 60 por ciento. Cuando despiertes puedes decir: hoy agradezco que estoy sana, que mis células están sanas, felices y llenas de energía. Cuando yo enfermo de cáncer de mama, todas las noches y todas las mañanas les hablaba a mis células con todo mi amor y confianza, con la fe que mi mente, mi cuerpo y mis células me escuchaban, les hablaba de una manera tan bella, con ternura y sí funcionó. La verdad en el 2009 me vino por divinidad, quiere decir que en ese entonces no sabía muchas cosas que, a partir de mi enfermedad, se me fueron revelando poco a poco. Como que yo misma podía sanarme, porque soy hija de Dios el Todopoderoso y yo por lo tanto lo soy también, hija de tigre pintita. Tal vez algunos sean muy escépticos a esta forma de sanar, pero créanme que sí sanamos nosotros mismos por cómo nos tratamos, qué nos decimos, qué comemos, cómo nos ejercitamos, con quiénes nos juntamos, qué vemos y escuchamos. Cuidemos nuestros pensamientos. ¿Qué te dices a ti mismo? ¿Te alabas o te denigras? ¿Te valoras?
La formula es: antes de ver el celular, en cada despertar por la mañana, háblate y di: hoy estoy sana, contenta, vivo alegre y me siento sana, en plenitud, el día de hoy elijo lo mejor para mí. A mediodía abrázate, di que te amas, que te valoras y sanas cualquier dolor que sientas. En la noche, protégete al dormir, háblate con amor, imagínate sanando cada célula con amor y luz sanadora. La conciencia, la fe, ayudan de forma insospechada. Lo he vivido en carne propia y he visto a muchos enfermos sanar de esta manera, recordemos que los medicamentos recetan químicos y los químicos los tenemos en nuestro cerebro. Vivir en paz, en armonía, visitar la naturaleza y personas que te sumen, que no te resten. Aléjate, aunque sea tu familia y amigas más queridas, no importa quiénes sean, aléjate si son dañinas para ti. Rodéate de personas que quieran ser felices y que sus acciones vayan encaminadas a ello. Escucha y observa, si no es mejor estar sola, viviendo lo que amas hacer, no pasa nada si te quedas solo, o sola, a veces es uno de los mejores regalos de la vida, créeme. Yo elijo sanar, yo hoy soy feliz, yo hoy agradezco infinito a la vida, amo lo que ven mis ojos, si tengo quién me abrace con amor, eso es sanador también. Que tus oídos escuchen lo mucho que te amas, lo mucho que te valoras, lo que agradeces, la vida y la salud. La abundancia que viene a ti por derecho divino.
Empieza a hacerlo y me cuentas después de un mes cómo estas. Pero realmente hazlo, día a día, noche a noche. Yo lo he experimentado no una, ni dos, sino varias veces y me funciona, cuando no estoy en ese canal, es cuando voy al médico, no al médico centavero. Ojo. Hay doctores que son seres humanos comprometidos con la salud, no con el dinero. Hay gran diferencia, obvio que todos tenemos un trabajo por el que nos dan una retribución, por supuesto, pero que no te mueva el dinero, sino el querer ayudar a sanar a quien lo desea, y confía en nosotros. No tienes una idea de lo sanador que es lo que te dices a ti mismo o a ti misma, es de lo más importante, y sobre todo de quienes te rodean y son de gran significado para ti, tu pareja, tus amigas, tus hijos. Te repito, si alguno de ellos o ellas te restan, te quitan tu paz, si no hay forma de arreglo, si ya hiciste todo, es mejor cortar por lo sano, puedes amarlo por siempre, y desearle lo mejor de la vida, pero no todos somos para todos.
Un abrazo a cada maestro que cambió para bien la vida de sus alumnos, felicidades para ellos y ellas que han vivido para que los alumnos y alumnas tengan una mejor vida con los conocimientos que les han proporcionado. Dios bendiga a mis maestros de vida, esos que ayudaron a sanar el alma. Mis padres, los primeros maestros, las abuelitas, mis hijas y parejas son nuestros mejores maestros de vida, gracias infinitas. Recuerden todos y todas, que seremos recordados, no por quiénes nos enseñaron matemáticas, ciencias sociales, sino cómo nos hicieron sentir, cómo nos trataron, los que nos hablaron con respeto y cariño. Los que nos ayudaron a hacer responsables, los que reafirmaron los valores que nos inculcaron en nuestro hogar. Diosito por delante.
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