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Coahuila

Herida de humillación

Por María José César

Hace 1 mes

Todas las relaciones que tenemos van reproduciendo algún dolor de infancia.

Porque en todas las familias y en todos los sistemas existe algo disfuncional. Todos los secretos, lo que no se quiso decir, lo innombrable, lo oculto… todo esto conforma una sensación de que algo está mal en mí o de alguna manera me genera cierta vergüenza.

Y es por eso que hoy vamos a hablar de la herida de humillación.

Y hoy quisiera que te preguntes…

¿Te sientes avergonzado de ti, de tu historia?

¿Sueles moverte en relaciones donde la humillación es una constante?

Y es que hay experiencias de mucho dolor que pueden ser confundidas, como una sensación de sentirse humillado que puede ir conectada con una traición.

Pero la humillación suele verse más latente cuando, conociendo lo que quieres, deseas o necesitas, no lo hablas, no lo expresas, no lo pides.

Tú puedes tener esta herida si en tu infancia te ridiculizaron o se avergonzaron de ti. Si vives en una constante donde te percibes ridiculizado, pisoteado, inferior, con vergüenza o con mortificación.

Esta herida va de la mano de una actitud compulsiva de servir, de arreglar los problemas de otros para sentirse querido.

Puede manifestarse desde una parte algo masoquista, viviendo desde la culpa, el autocastigo, incluso la prepotencia. Esta es la herida primaria cuando se vivió un abuso sexual.

“Y es que, Marijose cómo sé, a lo mejor no fue algo tan delicado”… la realidad es que la personalidad herida se forma cuando ciertas realidades dolorosas están presentes hasta que se asientan. Si alguna vez tú te sentiste avergonzado, quizás se instaló en ti una memoria de vergüenza, sin que esto afecte por completo tu personalidad.

Puedes no tenerlo identificado, pero puedes tú estar fortaleciendo esa personalidad herida cuando te criticas, te ignoras, no pones límites o permites que abusen de ti, cuando haces por los demás lo que no haces por ti, y cuando aguantas, aguantas, aguantas.

Yo confirmo que la certeza de que nuestros padres dieron lo que tenían siempre nos va a llenar de paz. En esta herida, es importante que integremos este pensamiento y reaprendamos a ganar ese orgullo familiar.

Porque cuando te avergüenzas de tu madre, tu padre, de tu familia en general, no estás sanando. Una de las tareas de desarrollo para sanar esta herida es recuperar esa herencia positiva. Pensando en esa constante…

¿Qué sí me dio? ¿Qué me hace sentir orgullosa? ¿Cuáles fueron las ganancias? Y quédate con eso, con la herencia positiva.

Acuérdense que cuando identificamos la herida, podemos, de la mano de la terapia, curar esa herida y desaprender los malos hábitos que encubrían ese dolor.

Cuando le damos salida, el cuerpo suele expresarlo, en ocasiones hasta perdemos peso.

Recuerda que tú puedes debilitar la personalidad herida cuando te vives desde el respeto, la confianza en ti, y cuando eres compasivo contigo. Escúchate, atiéndete y gestiónate espacios que te permitan disfrutar de tu libertad.

Recuerda que al sanar las heridas, no estamos reparando un error, estamos siendo partícipes de la evolución, del movimiento y del crecimiento de todos.

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