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La ayuda internacional: ¿sueño guajiro?

Por zocaloadmin

Hace 6 años

Hace tiempo hablaba con un profesor universitario holandés, acerca de las asimetrías económicas entre los Países Bajos y las economías latinoamericanas; aunque históricamente y antropológicamente, las comparaciones entre estas naciones, no son válidas por las razones que estas ciencias sociales explican muy bien; lo que me llamó la atención de aquella charla, fue la referencia que hizo sobre México, diciendo que en nuestro país, estaba todo por hacerse, a diferencia de Holanda, en donde existen manuales para todo, y los estándares de calidad de vida son superiores al nacional; Holanda está ubicada entre los 10 países más felices del planeta, posición que mantiene desde hace varios años.

El tener resuelta la vida económica, o al menos a la presentación continua de oportunidades para ascender en la escala social, hace que la vida para ellos, sea menos intensa y más placentera, quizá por el avance tecnológico y el tamaño de la población, que implica para los ciudadanos de esa parte de Europa adquirir con menos esfuerzo los satisfactores básicos para la existencia; en cambio en los países que nos ocupa, generalmente, el esfuerzo por adquirir activos se traslada a un tercero, quien teóricamente es el proveedor responsable de aquel servicio o bien faltante: Vestigios del colonialismo.

Además de las carencias económicas que enfrentan los países de lengua española de este continente, un rasgo cultural que aún persiste entre la población es el paternalismo, que proviene desde la colonia, y que los gobiernos mexicanos contemporáneos se han encargado de fortalecerlo y diseminarlo.

Con la llegada de la pandemia al continente americano, se han manifestado varias voces de líderes políticos y académicos que en determinado momento de su vida ocuparon cargos públicos de relevancia; la mayoría de ellos, coinciden en una intervención directa del Gobierno, inclusive recurrir al crédito exterior (endeudamiento) para la reactivación de la economía, y así sacarla de la profunda recesión. Un ejemplo es el caso del presidente de Costa Rica, que quizá pensando veladamente, en una recompensa de los países conquistadores hacia los conquistados por los saqueos cometidos, propuso un préstamo de las economías desarrolladas a las naciones periféricas o subdesarrolladas, que se han visto desequilibradas en sus presupuestos públicos por la pandemia del coronavirus, particularmente aquellas que dependen de los servicios turísticos, como las islas del Caribe.

La cobertura del crédito es de medio trillón de dólares, que representa el 0.7% del PIB de las economías más avanzadas y grandes a escala planetaria (específicamente aquellas que participan con el 80% del PIB mundial), porcentaje que si se analiza desde la perspectiva del PIB de cada país involucrado, no es significativo, pues destinan un gasto mucho mayor al presupuesto militar: El plan de pago contempla, un plazo de hasta 50 años para rembolsarlo, con tasa cero de costos financieros e intereses.

Las economías emergentes también están consideradas en el radar de la solicitud, con excepción de China e India; según la Cepal, los países de ingresos medios (entre ellos México), adeudan 96% del total de la deuda de todos los países subdesarrollados del mundo. La solicitud del Mandatario costarricense tiene varias lecturas, una de ellas, tal vez la más cáustica, se considere solo como un sueño y hasta bizarro, de recurrir a la ayuda internacional, como “salvavidas” para enfrentar los estragos postCovid. Sin duda, todavía permea en la mente de los políticos jóvenes latinoamericanos, ese sentimiento que se ha transmitido de generación en generación de seguir considerándose víctimas de un pasado turbulento, caracterizado por la violencia y rapiña.

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