Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Walmart se convierte en el primer minorista en alcanzar el billón de dólares ONU activa Acción Urgente por desaparición de ingeniero mixteco y 10 mineros en Sinaloa España plantea prohibir redes sociales a menores de 16 años DEA califica 2025 como un “año de impacto” por la captura de los lideres de cárteles en Sinaloa y Jalisco Trump arremete contra reportera de CNN Kaitlan Collins en la Oficina Oval

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

La danza del ‘no cambio’

Por Columnista Invitado

Hace 2 meses

Por: Horacio Marchand

 

 

¿Cambio? Sí, no, sí, no; siempre sí, siempre no. El tema central de la vida quizás se pudiera resumir en dos: nos quedamos en la “eficiencia operativa” de la repetición o nos movemos hacia lo que parece ser un caótico ejercicio de renovación. Nos repetimos o evolucionamos.

En el primer caso, donde la fijación y la rigidez funcional se asientan, eventualmente se llegará hacia la desconexión del entorno y a un estado anacrónico que invita a la quiebra. Algunos clásicos: Kodak, Blockbuster, Toy R Us, Radio Shack.

Hoy en día, hay cientos de empresas que luchan contra la baja en ventas, los márgenes reducidos y la pérdida de capital de marca, seguro conoces alguna.

En el segundo caso, la innovación, se corre el riesgo de no acertar en los cambios necesarios, ya sea por falta de diagnóstico o por una inadecuada adaptación a los problemas. Un par de casos del momento: Disney y Novo Nordisk.

Los riesgos existen en ambos escenarios, pero en la innovación por lo menos existe la posibilidad de acertar y moverse con los tiempos.

Todos creemos que avanzamos, pero frecuentemente “algo” nos mantiene atados a un mismo patrón, una y otra vez, a los mismos problemas, con las mismas situaciones y con las mismas personas. Como si no aprendiéramos, o como si la ansiedad que nos genera el cambio nos regresará exactamente a donde mismo.

¿Por qué es tan difícil cambiar? ¿Por qué la resistencia al cambio?

En sicología, se explica parcialmente a través del concepto de ganancias secundarias, que son ventajas ocultas, por lo general son inconscientes, que promueven que un problema resulte funcional, útil, familiar o cómodo de alguna manera.

Aunque el síntoma duela, la mente encuentra un beneficio en conservarlo, y ese beneficio puede volverse más poderoso que cualquier intención de cambio. Por eso quizás el dicho de “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

El término de ganancias secundarias fue acuñado por Freud, quien las dividió en dos tipos: la primaria, la intrasíquica, que logra reducir la ansiedad como resultado de una operación defensiva; y la secundaria, considerada como una ganancia interpersonal o social.

Es importante resaltar que son procesos totalmente inconscientes, automáticos y reactivos; el patrón de conducta se acaba imponiendo justamente porque pasa desapercibido para el sujeto.

Lo escandaloso de esta idea es que explica, en cierta forma, la insistencia de afanarnos a problemas, situaciones o diseños que, en el fondo, no queremos solucionar o que simplemente no nos permitimos visualizar. Atrapados en este mecanismo, permanecemos inamovibles y saboteamos desde la justificación y la racionalización, culpando a nuestros villanos favoritos.

Sobran empresas que siguen operando con un modelo de negocio obsoleto porque “siempre ha funcionado así”, hasta su desaparición. O aquellas que contratan consultores para su plan estratégico cada año, pero que terminan por no ejecutar los acuerdos.

El problema, por disfuncional que parezca, está cumpliendo una función oculta.

El otro fenómeno sicológico que nos puede mantener atorados es el bloqueo por ideología. En este caso, las convicciones trastocan la realidad para que se acomode a una creencia y negamos cualquier evidencia que diga lo contrario.

Por ejemplo, en México abundan los proyectos faraónicos y las acciones, o inacciones, irracionales que trastocan el estado de derecho y los servicios básicos de seguridad, salud, educación, infraestructura y certeza jurídica; todo en nombre de una ideología, con tintes de intereses, que parece vivir en una realidad alterna.

Nada cambia mientras lo oculto y lo negado sigan gobernando desde la sombra.

Los principales problemas del mundo son primero sicológicos y luego lógicos. Las empresas quiebran y fracasan porque primero quebraron sus líderes en lo personal.

Ensimismarse y aferrarse, destruye.

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 15 horas

La nostalgia de Claudia

Hace 15 horas

El Rancherito mayor: don Catarino Leos

Hace 15 horas

¿Por qué está enojada la señora Presidenta?