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La nostalgia de Claudia

Por Guadalupe Loaeza

Hace 2 meses

Con toda mi nostalgia, para Heriberto Galindo

 

Me pregunto si Claudia Sheinbaum y sus asesores han llegado a sopesar las consecuencias de su nostalgia por Cuba y la confrontación que esto representa para el habitante de la Casa Blanca. A raíz de que Donald Trump hiciera pública su decisión de parar la entrega de petróleo mexicano a Cuba y de que el Gobierno de México doblara las manos, tal como lo aclarara el sábado pasado el Presidente de Estados Unidos: “La Presidenta Sheinbaum fue muy buena. Yo le dije a ella: ‘mira, no queremos que envíes petróleo allá’, y ella ya no está enviando petróleo”.

Desde esa afirmación al estilo trompiano, la Presidenta se tuerce su cola de caballo preguntándose cómo demonios puede resolver lo que para ella es fundamental: enviar alimentos a la isla y otros productos mientras se resuelve de manera diplomática aquello que tenga que ver con el envío de petróleo por razones humanitarias, informó la Mandataria en el puerto de Guaymas, Sonora.

Hay que señalar, no obstante, que la doctora Sheinbaum jura y perjura en la conferencia de prensa que “no, hablamos sobre el tema… No se ha tocado el tema en ninguna de las conversaciones (telefónicas)”.

Es evidente que la obsesión y la nostalgia juvenil de Sheinbaum por apoyar a Cuba a como dé lugar no le han de gustar para nada a Trump, ni mucho menos a Mark Carney. En el memorable discurso dicho en Davos, Carney fue claro al decir, entre otras muchas cosas, que “la nostalgia no es una estrategia”, refiriéndose a que “el viejo orden no va a regresar…”.

Cuando nació Claudia, tres años antes había estallado la revolución en Cuba en 1959; seguramente el triunfo del comandante Fidel Castro era comentado constantemente durante las comidas en la casa familiar. En Wikipedia, en la que se habla de los antecedentes familiares, leemos: “Documentos de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) indicaron que la madre de Sheinbaum tuvo militancia comunista y que, de joven, Claudia realizó viajes a Cuba, elementos que formaban parte de su expediente de vigilancia”.

En cuanto a su activismo estudiantil, leemos: “Durante su juventud en la UNAM, Sheinbaum estuvo inmersa en la política estudiantil, protestando contra la privatización en la educación y apoyando movimientos de izquierda”. De allí que imaginemos muy bien su nostalgia por la isla caribeña, por sus líderes revolucionarios, especialmente por el Che Guevara; su música, la de César Portillo de la Luz, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez; nostalgia por su platillo tradicional, moros y cristianos; sus nieves de la nevería “Coppelia” y, por supuesto, sus lecturas de los libros de Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante.

También imaginamos su admiración juvenil por la poesía de José Martí, Nicolás Guillén, Eliseo Diego y José Lezama Lima. De todos los libros sobre América Latina, su preferido de esa época ha de haber sido Las venas abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Cuánta nostalgia no ha de tener Claudia con su ideología de militante de izquierda; no en balde su primer matrimonio fue, obviamente, con Carlos Imaz, un líder estudiantil, militante del PRD quien, a los cinco meses de haber asumido el cargo de jefe delegacional en Tlalpan, en marzo de 2004, se vio envuelto en un videoescándalo recibiendo dinero de Carlos Ahumada.

Claudia no puede con el peso de su nostalgia ideológica, nomás no puede; la ciega demasiado. Es como si ella estuviera habitada por dos Claudias, la nostálgica y la pragmática, la de la cabeza fría y la del corazón humanista, la científica y la romántica y, por último, la honesta y la manipuladora.

Claro que nada de eso le importa a Donald Trump, que es un negociador por excelencia. Y, por si fuera poco, todo lo anterior le ha de resultar al Primer Ministro de Canadá completamente ajeno. De por sí tememos que no existe empatía entre los canadienses y los mexicanos, y más aún si son de izquierda trasnochada.

Repetimos lo que nos dice Mark Carney, Primer Ministro de Canadá, en su maravilloso discurso: “La nostalgia no es una estrategia”.

 

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