“El virus chino”, como el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llama con malicia al SARS-CoV-2, cubrió parcialmente el rostro de los políticos, mas no les calló la boca. Aun en situaciones de emergencia por accidentes o fenómenos naturales, los dirigentes siempre se verán tentados a buscar resquicios para el lucimiento y el lucro electoral. Muchos, por inmadurez o por el síndrome de hibris, comen el fruto prohibido y son expulsados del paraíso a causa de sus desmesuras y su afán protagónico.
Heródoto, considerado el padre de la Historia en el mundo occidental, se refiere así a la hibris o enfermedad del poder, la cual acometió al Gobierno de los Moreira como a ningún otro: “Puedes observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado, sin permitir que se jacten de su condición, en cambio, los pequeños no despiertan sus iras. Puedes observar también cómo siempre lanza sus dardos desde el cielo contra los mayores edificios y los árboles más altos, pues la divinidad tiende a abatir todo lo que descuella en demasía” (Wikipedia).
David Owen (médico), uno de los secretarios de Relaciones Exteriores más jóvenes (38 años) del Reino Unido y fundador del Partido Socialdemócrata, luego de renunciar al Partido Laborista, escribe sobre el tema en su libro En el poder y en la enfermedad: “El héroe se gana la gloria y la aclamación al obtener un éxito inusitado contra todo pronóstico. La experiencia se le sube a la cabeza y empieza a tratar a los demás, simples mortales corrientes, con desprecio y desdén, y llega a tener tanta fe en sus propias facultades que empieza a creerse capaz de cualquier cosa”.
La pandemia del coronavirus también puso en cuarentena a los políticos, quienes, en su mayoría, cifran en la imagen su activo principal. Las crisis representan retos y ofrecen oportunidades. En medio de la emergencia sanitaria, Forbes —revista que incluyó al exgobernador Humberto Moreira entre los “10 mexicanos más corruptos de 2013”— tituló así una de sus notas, el 23 de junio:
“Modelo Saltillo, el desafío de enfrentar la pandemia en forma correcta”. Al texto lo acompaña una fotografía del alcalde Manolo Jiménez mientras saluda a un policía con el antebrazo. Ambos guardan la distancia recomendada y usan protector buconasal para no dar mal ejemplo como el presidente López Obrador.
“Tanto para los líderes mundiales como para los gobernantes locales”, uno de los mayores desafíos consistió en “comprender que, más allá de una amenaza en materia de salud”, el coronavirus constituye “un peligro sin precedentes para la economía y el tejido social de los municipios mexicanos”, dice el texto. Enseguida va al meollo:
“Un ejemplo nacional dentro de este contexto es la zona metropolitana de Saltillo, (…) que pese a tener una ubicación geográfica que la sitúa en un riesgo latente por sus conexiones con el centro del país y de la unión americana, (no solo) ha conseguido contener de manera óptima la propagación de la pandemia, sino que también ha logrado amortiguar los efectos económicos catastróficos, además de aplicar políticas públicas para apoyar a los sectores más vulnerables”. Forbes equipara el Modelo Saltillo con los aplicados en Alemania y Canadá.
El nombre del gobernador Miguel Riquelme aparece en el cuarto párrafo junto con el del alcalde Jiménez. Enseguida se enumeran las acciones del encomiado paradigma capitalino. Los dioses lanzaron un rayo el 10 de agosto: “Por cuarto día consecutivo, Saltillo encabeza los nuevos contagios (de coronavirus) con 92, seguido de Piedras Negras con 83 y Torreón con 52” (Zócalo). Uno de los antídotos contra la hibris es la mesura.
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