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Coahuila

La huerta de doña Chinta

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

Y no es por presumir, pero soy del Ojo de Agua

Dicen los madrileños que quien viva más de 40 años en la capital española, es madrileño. Yo decreto que a quien haya vivido más de 40 años en el Ojo de Agua se le considera ojodeaguense.

Tal es el caso del arquitecto Francisco Javier Rico Carrillo, quien con su familia habita una de las viviendas del pequeño fraccionamiento donde fue la huerta de doña Jacinta de Anda, doña Chinta, ahí donde hace un recodo el callejón del Ojo de Agua, a unos metros de la cuna donde se meció por vez primera la ciudad.

Nativo del barrio Agua Chiquita, colindante con el Ojo de Agua, Rico Carrillo estudió la carrera de arquitecto en la Universidad Autónoma de Coahuila. Ya casado llegó con su familia al lugar exacto donde estaban las pilas de la huerta de doña Chinta. Donde la chamacada del barrio acostumbraba nadar como Dios lo trajo al mundo. El terreno total fue fraccionado y se hizo una calle que conecta al callejón con General Cepeda. Ahí construyó su casa Rico Carrillo y desde 1977 es vecino del barrio, donde ha logrado una buena convivencia con los vecinos del sector.

Aquel vergel citadino desapareció para dar paso a un moderno fraccionamiento. Sólo quedaron algunos nogales. Pero las raíces de su gente no se perdieron, pues vecinos del propio barrio adquirieron terrenos para la construcción de sus casas, y aunque algunos ya no están entre nosotros, quedaron sus descendientes, para darle continuidad a los apellidos y a las familias más antiguas del conglomerado.

Son sus vecinos Tere y Guadalupe Medina, hijos de don Lalo Medina y Lilia Saucedo, esta última sucesora de don José Saucedo y doña María Flores; ella prima hermana del torero Fermín Espinoza Flores “Armillita”. El ingeniero Serrato, esposo de Laurita, ésta a la vez hija de Arturo Hernández y Barbarita Franco, ambos conocidísimos personajes del barrio; Rodolfo “La Negra” Valenzuela, vecino de la calle General Cepeda.

Concepción Morales, hija de don Nacho el chicharronero, que cada primer domingo de septiembre hace su propia fiesta conmemorativa del Santo Cristo de la Capilla del Ojo de Agua y cierra la privada que denominan De Alba, en lugar De Anda, en homenaje a doña Chinta.

Rico Carrillo dice que es un gran orgullo ser del Ojo de Agua y lo remarca, porque como asegura, pocos son los privilegiados de presumir que habitan en una de las partes más importantes de la historia y donde se meció la ciudad de Saltillo.

Eso lo demuestran sus fiestas del Santo Cristo de la Capilla del Ojo de Agua y cómo se hermana para rendir homenaje a la imagen única en México, que un día la propia Jacinta de Anda y las señoritas Fuentes trajeron de Italia en la guerra cristera, como un reto al Gobierno federal que combatía a la Iglesia católica.

“Para mí es un orgullo vivir en este lugar lleno de leyenda y de historia, y no es por presumir, parafresando al saltillense cronista de la Ciudad de México, Artemio de Valle Arizpe, pero soy del Ojo de Agua”.

 

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