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Coahuila

La nueva creación

Por Columnista Invitado

Hace 3 años

Por: Diócesis de Saltillo

 

El amor descansa aguardando la aurora de la victoria definitiva

En el libro del Génesis vemos cómo el relato de la Creación nos manifiesta el triunfo de la luz sobre la oscuridad, del orden sobre el caos, de la vida sobre la muerte, en pocas palabras: de la creación frente a la nada.

Es así como la creación viene a insertarse en este proyecto de salvación de Dios, ya que la salvación que nos trae Nuestro Señor Jesucristo viene a restaurar ese plan original pensado por Dios en su creación, tal como lo dice el libro del Génesis: ve lo que ha creado y lo ve bueno, especialmente la creación del hombre, la cual ve muy buena (Gen 1,31). Dios ha creado por bondad las cosas y las ha hecho buenas. Si se ha desvirtuado por el pecado, la restauración va a venir por la salvación de Nuestro Señor Jesucristo, de tal manera que la creación se ve como un proyecto salvífico y la salvación se ve como un proyecto creador, el cual realiza Jesús en su pasión, muerte y resurrección.

El carácter universal que nos muestra el libro del Génesis viene a ser una extensión de esta salvación a toda la creación y nos dice que Dios es quien gobierna el universo, no solamente un pequeño pueblo, sino que la humanidad entera está llamada a entrar en este proyecto de salvación y, más aún, la creación entera se suma a este proyecto salvífico.

Llama la atención cómo la Creación narrada en el libro del Génesis culmina con el descanso del Creador. Hay una semejanza con el sacrificio de Jesús en la cruz, ya que también en la vigilia del sábado santo, la Iglesia contempla este descanso de su señor, quien ha hecho esta nueva creación cuando la redimió con su sangre, es decir, está descansando en el sepulcro quien ya ha realizado este gran proyecto creador: una nueva creación de la humanidad en su propia persona. Descansa como quien ha realizado un arduo trabajo de transformación, de renovación, de creación, porque, efectivamente, en Nuestro Señor Jesucristo vemos esta nueva creación que se obtuvo no sin esfuerzo, porque Jesús toma en sí toda la humanidad y todo el mundo para crearlo nuevamente, por eso ahora reposa en la tumba después de un trabajo conseguido con lágrimas, sangre, cansancio, sudor, dolor. Ahora reposa para enseñarnos que el sábado ha sido hecho para el hombre, pero también para mostrarnos cómo está haciendo nuevas todas las cosas.

 

El sacrificio en la obediencia

Este proyecto de salvación realizado a través de la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo tiene una similitud con el sacrificio de Abraham a su hijo Isaac, ya que también Abraham hace a su hijo cargar con los leños para el sacrificio (Gen 22,6) y cómo este sacrificio es merecedor de las promesas de Dios por la obediencia que tiene Abraham.

Esta similitud de Jesús cargando el madero con en el que va a ser crucificado, da testimonio del amor que tiene Dios padre para con toda la humanidad, pues así como Abraham, que amaba a su hijo y aun así, por obediencia surgida del amor a Dios, es capaz de sacrificarlo, así Dios ama tanto al ser humano que es capaz de sacrificar a su propio hijo para salvar a todos a los pecadores (Jn 3,16).

Cuando Isaac pregunta a su padre dónde está el cordero que van a sacrificar, Abraham confía en Dios y le responde que Él proveerá. Abraham tiene que confiar en Dios y en su providencia, ya que abandona las promesas de Dios (puesto que Isaac es garantía de las promesas de Dios) para abrazar al Dios de las promesas. Es una prueba radical en la cual es capaz de desprenderse de todo cuanto tiene, por quedarse con su único patrimonio, que es Dios, porque sabe que él no lo va a defraudar. La actitud, la fe, la confianza que tiene Abraham es suficiente para vencer toda desobediencia, todo mal, todo pecado y por eso Dios le detiene y provee el cordero, tal como lo había dicho Abraham. Así también Jesús, en la cruz, nos muestra que el triunfo sobre el pecado será en la confianza en Dios, en su obediencia, en hacer la voluntad del padre, incluso hasta el extremo de dar la vida.

 

El triunfo pascuales nuestro triunfo

Así como sacó al pueblo de Israel con mano firme y poderosa, abriendo el mar para que el pueblo pudiera pasar de la esclavitud a la libertad, así también Nuestro Señor Jesucristo hace el nuevo pueblo de Dios y lo funda en su persona con el misterio pascual. Toda la humanidad está invitada a ser parte de este gran proyecto de Dios: pasar de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Ese es el paso del Señor, que se repite como en los tiempos del pueblo de Israel, y también es para nuestras vidas.

¡Qué alegría el sabernos parte de este nuevo proyecto creador de Dios en el que somos liberados de las ataduras de la muerte! porque seguimos los pasos del maestro, porque así como la cabeza a ha tenido su Pascua, pasando de la muerte a la vida, también el cuerpo de Cristo lo hará, por eso en el pregón Pascual exclamamos con alegría: ¡feliz la culpa que mereció tal redentor! Y, en esta alegría, proclamamos que la vida triunfa sobre la muerte, que el bien triunfa sobre el mal, que la libertad triunfa sobre la esclavitud. Proclamamos que Dios nuevamente hace su alianza con nosotros.

Nos acercamos esperanzados en Dios que no nos abandona, que nos rescata y nos dice que la muerte no tiene la última palabra porque, así como Nuestro Señor Jesucristo, aunque murió y estuvo en silencio en el sepulcro, ha vencido a la muerte y ha dejado el sepulcro vacío, así también nosotros sabemos que nuestra esperanza no será defraudada, que nosotros somos llamados a este proyecto de amor, en el que le damos un nuevo sentido al dolor humano, al sufrimiento, a los padecimientos, a la muerte. Gracias al misterio pascual de Nuestro Señor Jesucristo sabemos que otro mundo es posible y que la vida se impone en este proyecto de liberación y de Nueva Creación.

 

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